Categoría: Entrevistas

Ana Páez: “Gestionar el riesgo de violencia puede ayudar a prevenir la comisión de actos violentos y proteger a la sociedad”

Ana Páez es graduada en Criminología por la Universidad Autónoma de Barcelona y máster en Intervención Criminológica y Victimológica por el Centro CRÍMINA de la Universidad Miguel Hernández.

¿Cuál es la importancia de crear una herramienta de valoración del riesgo Violencia contra la Pareja en Población Adolescente VPPA?

Existen varias razones que justifican la creación de una herramienta de estas características. La primera de ellas es que gestionar el riesgo de violencia puede ayudarnos a prevenir la comisión de actos violentos y, en consecuencia, proteger a la sociedad de dichos actos. Pero no solo sirve para proteger, sino que también es útil para poder realizar intervenciones adaptadas a cada caso según el nivel de riesgo. La segunda de las razones es que actualmente los profesionales que se dedican a la gestión y valoración del riesgo no cuentan con herramientas específicas para la violencia contra la pareja en población adolescente. Si bien es cierto que ya existen en población adulta, en el ámbito de los menores aun queda un gran trabajo por hacer.

IMG_20181002_170524

¿En qué consiste esta herramienta?
Esta herramienta consiste en valorar el riesgo que tiene un adolescente, sea chico o chica, de ejercer violencia psicológica contra su pareja a través de un conjunto de factores de riesgo y de protección. Además, está pensada para que el profesional que la utilice valore cada ítem de manera individual y, una vez evaluados todos, establezca un nivel global de riesgo.

¿Qué factores tiene en cuenta para valorar el riesgo de violencia en la pareja?
La herramienta tiene tanto factores de riesgo como de protección. Concretamente, tiene 17 factores de riesgo, los cuales se dividen en tres grupos (factores de riesgo individuales, familiares y sociales-comunitarios) y 4 factores de protección destinados a indagar si el menor es consciente de que está ejerciendo violencia o si tiene un alto nivel de empatía, entre otros.

Ana Paez

¿Hay relación entre las circunstancias sociales y el riesgo de violencia contra la pareja?

Por supuesto. Al igual que pasa en prácticamente todos los fenómenos violentos y/o delictivos, existe un conjunto de circunstancias sociales que, unidas a otros factores de carácter más biológico o individual, pueden aumentar el riesgo de ejercer violencia contra la pareja. Algunas de ellas hacen referencia al entorno en el que vive el menor y los modelos de comportamiento que transmiten los propios amigos. Es probable que un menor que crece en un entorno donde se justifica la violencia como método de resolución de conflictos y que tiene un grupo de amigos violento presente un mayor riesgo de ejercer violencia contra su pareja. Sobre todo, si sus propios amigos también la ejercen contra sus respectivas parejas.

¿Las TIC han incrementado el riesgo de sufrir violencia contra la pareja en la población adolescente? ¿Qué tipo de violencia?

Más que incrementar, las TIC han favorecido que hoy en día la violencia tome otras formas y sea ejercida a través del ciberespacio. Lo que anteriormente se desarrollaba en el mundo físico, ahora forma también parte del mundo virtual en el que los adolescentes pasan muchas horas. El problema es que en este nuevo espacio es más difícil controlar aquello que se hace y se comparte. Sí que es cierto que las TIC han favorecido un mayor control sobre la pareja, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez es más fácil conocer en qué momentos la persona está haciendo uso de las aplicaciones, de qué manera e incluso el lugar desde donde lo hace.

David Buil: “La seguridad de la zona, relacionada con un bajo nivel de delincuencia, es uno de los factores más importantes para atraer turistas a la Costa Blanca”

David Buil es investigador predoctoral de la Universidad de Manchester y colaborador del Centro CRÍMINA. Se graduó en Criminología por la Universidad Autónoma de Barcelona y cursó el máster en Análisis y Prevención del Crimen por la Universidad Miguel Hernández.

Actualmente, está realizando su tesis doctoral en el Centro para la Criminología y la Justicia Penal de la Universidad de Manchester, donde también se desempeña como profesor ayudante. Sus investigaciones doctorales se basan en la aplicación de métodos de aproximación a pequeña escala para estudiar a nivel territorial el sentimiento ciudadano hacia el crimen a nivel local. Además, es parte del equipo de la Cátedra Costa Blanca, Turismo Bienestar y Seguridad, que investiga la relación entre los tres conceptos.

¿Por qué es necesaria una aproximación criminológica al fenómeno del turismo?

Los turistas llevan a cabo un proceso racional antes de decidir el destino turístico que quieren visitar. Tanto a nivel macrogeográfico, a la hora de decidir países, como a nivel microgeográfico, al elegir ciudades, barrios y hoteles. En el momento en el que toman esta decisión tienen en cuenta, entre otras variables, si la zona es segura, si hay mucha delincuencia, si hay terrorismo, si hay riesgo de catástrofes naturales, inestabilidad política, etc. Eso tiene consecuencias a nivel económico en las diferentes zonas turísticas. El factor de la seguridad es importante. De hecho, uno de los factores más importantes, que conlleva que la gente no visite destinos turísticos como Oriente Medio o determinadas zonas de África, es la inestabilidad y el riesgo para la seguridad ciudadana.

IMG_20181002_121130

¿Influye la tasa de criminalidad en la elección de la Costa Blanca?

Observamos que uno de los factores más importantes para atraer turistas a la Costa Blanca es que es una zona segura, con poca delincuencia. Con todo, hay zonas en las que existe peor reputación que en otras. Por eso, en la Cátedra queremos analizar qué zonas tienen más reputación, qué zonas tienen menos, y cómo repercute en la llegada de más o menos turistas. Así como, los medios por los que se transmiten estas reputaciones, que ahora son, principalmente, canales online, foros de discusión, etc.

¿Qué tipo de herramientas se utilizan para medir la tasa de criminalidad?

En la Cátedra Costa Blanca, Turismo Bienestar y Seguridad, hasta ahora, hemos hecho una encuesta exploratoria con una muestra de 150 turistas internacionales, la mayoría británicos. Hemos podido extraer una serie de conclusiones muy preliminares sobre qué preocupa a los turistas cuando vienen aquí, el tipos de desórdenes que perciben como más comunes, de qué son víctimas más frecuentemente y qué tipo de conductas antisociales llevan a cabo con mayor frecuencia. Pero con una población de 150 personas, aunque hemos modificado los pesos muestrales para hacerla más representativa, no podemos sacar conclusiones. Por eso, queremos hacer una encuesta a pie de calle (la anterior es online) que nos permita sacar conclusiones más representativas. También queremos hacer estudios con datos abiertos online, big data, a través de tweets, de debates en tripadvisor, de foros en booking… para observar, no tanto conclusiones alternativas, sino los canales por los que se transmiten las opiniones respecto a la seguridad en la Costa Blanca y reflejarlo en el mapa. Básicamente, encuestas y datos abiertos.

boardwalk-1209671_1920

¿Cuáles son los delitos que más se repiten en las zonas turísticas?

No podemos sacar conclusiones todavía, pero hemos detectado dos. Sin embargo, no hablaría de delitos, hablaría de desórdenes o conductas antisociales que los turistas perciben como más comunes, pero no hay todavía una muestra suficiente para poder asegurarlo. Básicamente son ofrecimiento de drogas y fraudes de carácter económico.

¿Qué acciones se pueden llevar a cabo para fomentar la seguridad de los turistas?

Transparencia. Los turistas que vienen de Reino Unido están acostumbrados a un nivel de transparencia en los datos muy alto. En Reino Unido cuando vas a ir a una zona puedes googlear tu código postal y te aparece, inmediatamente, los delitos que se han cometido, el día de la semana y las características, y esto aquí, en España, no lo tenemos. La única información que tienen sobre delincuencia en una zona son los foros online, que puede ser engañosa o sesgada. Yo creo que es recomendable abrir más los datos y que puedan ver que no hay un problema de seguridad objetiva en la Costa Blanca ni en el resto de ciudades de España, por lo general. Así como, facilitar el acceso a los datos y quitarle relevancia a los debates online, que son comunes y tienen consecuencias, pero a veces no reflejan la realidad. Por tanto, hay que darles esa realidad para que no tengan que inventársela.

Natalia García: “En la medida en que se vayan desarrollando nuevas tecnologías y formas de compartir el ciberespacio se van a crear nuevas formas de victimización.”

Natalia García es Licenciada en Criminología por la Universidad de Alicante, posee un máster en Metodología de las Ciencias del Comportamiento y de la Salud por la UNED y es Doctora en Criminología por la Universidad de Murcia. Actualmente trabaja en el Observatorio Internacional de Justicia Juvenil como coordinadora de proyectos y compagina su actividad profesional vinculada, principalmente, al ámbito de la justicia juvenil con la docencia. Natalia imparte clases en diferentes universidades como la Universidad Miguel Hernández, en la que es profesora colaboradora del Centro Crímina. Su tesis doctoral se centró en la victimización de menores en el ciberespacio, aunque cuenta con una amplia experiencia investigadora que abarca diferentes ámbitos de la Criminología.

Los usuarios de internet pueden favorecer su victimización con su actuar en el día a día. ¿Qué conductas realizan para posicionarse en una situación de riesgo?

Es difícil determinar cuáles son las principales conductas de riesgo que aumentan la probabilidad de ser víctima en el ciberespacio. No es matemática exacta, pero en mi tesis doctoral se puede comprobar que  acosar a otros en el ciberespacio o tratar con desconocidos son algunas de las conductas típicas a las que se exponen las personas. También influye publicar información personal en las redes sociales o que los dispositivos con los que se conectan a internet posean información personal, entre otras.

WhatsApp Image 2018-09-26 at 18.57.40 (1)

¿Qué estrategias se pueden llevar a cabo para prevenir estas situaciones de riesgo?

Analizando estos factores de riesgo asociados a las conductas de victimización, se observa que si dejamos de hacer esas conductas de riesgo es mucho más probable que no se sufran estas situaciones de acoso. Por tanto, si una de las conductas es contactar con desconocidos a través de internet, hay que intentar, en la medida de lo posible, no contactar con desconocidos. Y si se hace, que sea en un ámbito controlado, que permita hacer un buen análisis de perfil de la otra persona. Sobre todo en el ámbito profesional, donde puedes comprobar si la otra persona es realmente quien dice ser. También es muy importante guardar de forma segura nuestra información personal. Para ello, hay diferentes mecanismos como no almacenar la información personal en los dispositivos en los que nos conectamos a internet, no publicarla en redes sociales y no compartirla a través de mensaje de texto, WhatsApp o correo electrónico.

El ciberacoso en menores es el tema central de su tesis, ¿cuáles son las conductas concretas?

En mi estudio, me centré en las conductas concretas del acoso continuado, es decir, aquellas conductas que sufren más los jóvenes a través de las TIC. Especialmente, en los insultos, en la difusión de rumores dañinos sobre una persona, en el contacto de manera repetida aun habiendo solicitado el cese de esa comunicación o en el haber sido marginado o excluido a través de las TIC (ser eliminado de los grupos de WhatsApp, no ser agregado a perfiles o grupos en las redes sociales, etc.).

Centrándonos concretamente en los menores, ¿cómo influyen los actos de los menores en internet en la victimización?

Muchísimo. Una parte muy importante para entender el ciberacoso o los delitos a través de la red es saber que el comportamiento del usuario es primordial, porque se convierte en su propio guardián en el ciberespacio. Con su actuar aumenta el riesgo, por tanto si deja de hacer estas actividades, estará menos expuesto a esas situaciones de victimización.

jóvenes con el móvil

¿Influye la vigilancia familiar, compartir ordenador y dispositivos móviles o agregar a familiares en redes sociales a proteger a los menores?

Sí, influye muchísimo. De hecho, en el estudio que hice se puede comprobar que aquellos jóvenes que comparten su ordenador o sus dispositivos con otras personas tienen menos riesgo de ser víctimas en el ciberespacio. Así, aquellos jóvenes que agregan a las redes sociales a sus familiares más cercanos (padres, madres, hermanos, primos, etc.) tienen menos riesgo. Al final un joven puede utilizar internet, hacer uso de su ordenador y dispositivos móviles, sin tener ese control directo de sus familiares más cercanos. Por tanto, compartir sus redes sociales con su familia, saber que están ahí, conlleva que no hagan determinadas actividades de riesgo, que al final, son las que les van a hacer sufrir esas formas de victimización.  

“Los jóvenes que comparten su ordenador con otras personas tienen menos riesgo de ser víctimas en el ciberespacio.”

¿Cómo describirías los tipos de ciberacoso que sufren los jóvenes?

Es muy difícil. Tipos de ciberacoso, es decir, cómo se materializan esas formas de acoso, hay muchas. Y lo más importante no es que haya muchas formas, sino que van a seguir cambiando las modalidades de acoso, es decir, en la medida en que se vayan desarrollando nuevas tecnologías y nuevas formas de compartir espacio con otras personas o contactar con otras personas a través de las aplicaciones, se van  a crear nuevas formas de victimización. Si observamos la evolución de las redes sociales, ahora contactamos con más público en general, o nos permiten en tiempo real dar nuestra ubicación o compartir determinada información. Por tanto, si nuestros comportamientos cambian, descubriremos nuevas formas de victimización.

¿Existe un perfil del menor víctima de ciberacoso continuado?

No existe un perfil que se repite constantemente. No podemos decir “generalmente, las víctimas del ciberacoso son los jóvenes de 14 años”. En el estudio descubrimos que todos los jóvenes de las edades que comprendía la investigación (de 12 a 18 años) habían sufrido alguna forma de victimización. Pero, es cierto que las conductas concretas que analizamos habían mucho más prevalencia de victimización entre los jóvenes de 14-15 años que en el resto de grupos. Pero si eso lo comparas con otros estudios, no hay un grupo exacto. Incluso, cuando hablamos de diferencias de sexo, depende mucho más de las conductas. Por tanto, las diferencias, estadísticamente hablando, no son tan importantes porque estamos hablando de un amplio grupo, tanto de chicos como de chicas, que sufren esa victimización. Así, nos tenemos que centrar más en los jóvenes que realizan las conductas de riesgo que en las características. Deberíamos de hacer el perfil en función de cómo usan las TIC y  no con las características sociodemográficas de los jóvenes.   

Prevenir el Bullying desde la educación emocional

Cordelia-Estevez1Profa. Cordelia Estévez

Psicóloga. Investigadora asociada en Centro CRIMINA.

El psicólogo Dan Olweus fue el primero en investigar el fenómeno de bullying en Noruega en 1993.Lo definió como una “conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un/a alumno/a contra otro/a, al que escoge como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede escapar por sus propios medios. La continuidad de estas acciones provocan en la víctima efectos claramente negativos como descenso en la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes” (Olweus, 1993).

El acoso escolar aparece de manera heterogénea entre los estudiantes de primaria y secundaria (Piñuel y Oñate , 2007) y no sólo se expresa mediante conductas de agresión física (Díaz-Aguado, 2005). El acoso escolar puede ser Físico, se caracteriza por el empleo de agresiones físicas y puede ser directo (puñetazos, empujones, patadas, etc.) o indirecto (robo, destrucción de ropa, material escolar y otro tipo de bienes pertenecientes a la víctima);Verbal, el más frecuente. Predominan los insultos, burlas, motes, menosprecios en público para poner en evidencia a la víctima, etc; Psicológico, este tipo de acoso es muy dañino para las víctimas, ya que debido a las amenazas, intimidación,  chantaje, manipulación, etc.,  les provocan un estado de miedo e inseguridad continuo además de afectar a su autoestima, o Relacional, cuando consiste en marginar y excluir a la víctima, no dirigirle la palabra e incluso se presionar a otros alumnos para que no se relacionen con ésta.

En general, estos actos, que muestran un alto grado de inadaptación social en las personas implicadas y una carencia considerable de habilidades sociales (Swearer, 2000), suelen tener lugar en las instalaciones escolares, en los alrededores del centro o en las actividades extraescolares y llevarse a cabo fuera del alcance de la vista de los adultos, por lo que suelen pasan inadvertidas y complicar así, su detección precoz.

Actualmente sabemos que se dan casos de acoso y violencia escolar en casi todos los centros educativos, y que dependiendo del curso y del momento, se pueden encontrar implicados en estos entre un 22% y un 35% de los alumnos, los chicos en mayor medida que las chicas y extendido a ciclos educativos de primaria (Cerezo, 2009). En España, Iñaki Piñuel, autor del informe Cisneros X sobre acoso y violencia escolar en 2006, sitúa el índice de incidencia en torno al 23% y fija el pico más alto en la educación primaria concluyendo que alrededor del 40% de los niños de 7 a 9 años padece una situación de bullying.

Todo esto nos lleva a la convicción de que para elaborar estrategias preventivas, es necesario conocer el perfil psicológico de los menores implicados en el bullying, sean agresores o víctimas, y  utilizar esta información como guía en los planteamientos psicoeducativos , ya que seguramente  aporten estrategias útiles que prevengan y fortalezcan a los escolares ante la posibilidad de verse implicados en situaciones de violencia o acoso. Afortunadamente, conocemos ya bastante acerca de los rasgos o aptitudes emocionales más característicos asociados a estos papeles en el bullying

En referencia al perfil de la víctima, un estudio realizado por  Cerezo en 2001 pone de manifiesto que las víctimas de acoso escolar tienen puntuaciones mas bajas en autoestima así como menos habilidades de comunicación que sus compañeros  no implicados en bullying .Por otro lado varios estudios señalan el hecho de que tanto la baja regulación emocional como la dificultad en la expresión de emociones pueden ser posibles predictores de victimización (Garner y Lemerise, 2007) . En lo que respecta al agresor, vemos que  aspectos como la empatía, la responsabilidad social o el manejo del estrés están por debajo  de lo esperado. (Melchor y Estévez, 20017)

Estos resultados definen el modelo de intervención y la guía a seguir para desarrollar el programa de prevención que desde el Centro CRIMINA se ha diseñado. Este programa tiene como marco teórico por un lado el modelo mixto de Inteligencia Emocional de Reuven Bar-On , que define desde una perspectiva mixta, las habilidades sociales y emocionales que conforman la Inteligencias emocional general y por otro lado el del aprendizaje vicario de Albert Bandura que incide en el poder de los modelos en el proceso de aprendizaje en la infancia. Este programa  integra todos los aspectos considerados relevantes en la bibliografía para lograr los objetivos de mejora del clima en  el  aula y disminución de la agresión y el acoso escolar. Consta de talleres  psicoeducativos  para  niños de entre 8 y 12 años destinados a mejorar  competencias emocionales , utilizando  como vehículo educativo y motivador distintos Súper-héroes diseñado para cada sesión; Estos,  representan  los valores prosociales , de respeto , responsabilidad social y tolerancia que se pretenden trasmitir. Por otro lado el programa incluye la formación a padres y profesores como elemento fundamental de la intervención integral  y el control situacional de las agresiones en los centros.

 bullying

 REFERENCIAS

Cerezo, F. ( 2001) . Variables de personalidad asociadas en la dinámica bullying (agresores versus víctimas) en niños y niñas de 10 a 15 años . Anales de psicología 17, 37-43

Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas International Journal of Psychology and Psychological Therapy  9, 3, 367-378

Díaz-Aguado,M.J. (2005)  La violencia entre iguales en la adolescencia y su prevención desde la escuela. Psicothema 17 (4) 549-558

Garaigordobil,M. Oñederra,J. ( 2010) Inteligencia emocional en las víctimas de acoso escolar y en los agresores. European Journal of Education and Psychology 3,( 2). 243-256.

Garner, P. W. y Lemerise, E. A. (2007). The roles of behavioral adjustment and conceptions of peers and emotions in preschool children’s peer victimization. Development and Psychopathology, 19, 57-71.

Olweus, D. (1993). Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Madrid: Morata, 1998 (fecha de la edición en castellano).

Piñuel I y Oñate, A (2007): Acoso y Violencia Escolar en España: Informe Cisneros X. Ediciones IIEDDI.

Ttofi,M & Farrington,D. (2011). Effectiveness of school-based programs to reduce bullying: a systematic and meta-analytic review . J Exp Criminol 7:27–56

Swearer, S. M. (2000): Bullying and Victimization Description, Assessment and Guidelines for Intervention. University of Nebraska. Lincoln. September, 25.

 

 

 

 

¿Mejoramos la intervención en los Centros de Menores? Los factores de protección como puntales para la mejora en la intervención criminológica con menores.

nahikariAutora: Nahikari Sánchez (@NahikariSanchez)

Criminóloga. Docente y coordinadora (online) del Máster en Intervención Criminológica y Victimológica.

En el contexto de la intervención criminológica con menores, dentro de la actividad de valoración del riesgo de violencia juvenil, hasta el momento se ha dado un mayor peso a los factores de riesgo, analizando por lo tanto aquellas circunstancias del menor que hacen que el riesgo de que vuelva a cometer hechos delictivos sea mayor (Otto y Douglas, 2010).

Es decir, analizamos aquellos apartados de su vida más conflictivos, complicados, problemáticos y los gestionamos (intervenimos sobre ellos) para que ese menor no siga, por ejemplo, consumiendo drogas o alcohol, intentando que no sea impulsivo, que mejore su forma de afrontar los problemas…etcétera (Loeber y Farrington, 1998). Nos basamos, por lo tanto, en sus aspectos más negativos, que puedan ser objeto de intervención (factores de riesgo dinámicos).

 1

Esta forma de abordar el tratamiento es fundamental, pero no única ni la más efectiva, según la evidencia científica. Son muchas las investigaciones que destacan que si trabajamos no con factores de riesgo sino con factores protectores (Farrington y Whels, 2012), es decir, sobre los aspectos más positivos de los menores que hacen, de manera directa o indirecta, que el menor tenga menos probabilidad de que vuelva a reincidir en su conducta antisocial, la gestión del riesgo da lugar a resultados mucho más efectivos.

Así, apoyar su perseverancia, sus metas realistas en el futuro, los vínculos prosociales con familiares y menores de su misma edad, etcétera, resultan igual o más adecuados para evitar la reincidencia (Medina Ariza, 2011), y el tratamiento sobre los mismos es mejor aceptado por menores (siempre es más positivo que te refuercen lo positivo que tienes antes de que te estén recordando todo lo negativo), y los profesionales, que disminuyen, además, el “quemado” profesional al disfrutar de los avances sobre aspectos favorables de los menores (Sánchez-Herrero, 2016). El análisis, por lo tanto, de estos factores de protección específicos para cada menor, junto con los factores de riesgo (que no deben olvidarse en ningún momento) hacen que la intervención sea mucho más eficaz (Sánchez-Herrero, N, 2011).

También debemos apuntar que así como existen herramientas de valoración del riesgo de violencia juvenil generales (como el SAVRY, creada en 2003 por Borum, Bartel y Forth, y adaptada al castellano y catalán por Valles y Hilterman en 2007) y específicos para determinadas conductas delictivas (ERASOR, enfocado a menores con conductas de agresión sexual, creada en 2001 por Worling y Curwen, y adaptada al castellano por Villegas, Sánchez-Herrero, Hilterman y Siria, en 2010), las herramientas basadas en factores de protección pueden completar cualquiera de las intervenciones específicas (SAPROF:YV, creada en 2014 por de Vries, Geers, Stapel, Hilterman y de Vogel, y adaptada al castellano por Villegas, Hilterman y Poch, en 2016), con gran éxito.

 2

Y, como es fundamental en cualquier intervención basada en la ciencia criminológica, analizamos la evidencia científica de las intervenciones basadas en los factores de protección y su eficacia en la disminución del riesgo de reincidencia,  en el desistimiento delictivo (Rennie y Dolan, 2010) y la reincidencia violenta para los adolescentes (Lodewijks Ruiter, y Doreleijers, 2010).

Sin duda, se trata de un ámbito de investigación criminológica llave para la mejora en la en la intervención actual en adolescentes y jóvenes con conductas violentas.


REFERENCIAS

 Borum, R.; Bartel y Forth (2000), SAVRY Structured Assesment of Violence Risk in Youth. Traducción al catalán y castellano: Vallés, L y Hilterman (2006). Barcelona: Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada

Farrington, D. P. y Whels, B. (2012). The Oxford Handbook of Crime Prevention. Oxford: Oxford University Press

Hare, R. (1995). Hare Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R). Toronto, Canadá: Multi-Health System, INC

Loeber, R. y Farrington, D.P. (1998). Serious and violent juvenile offenders: Risk factors and successful interventions. Thousand Oaks: Sage

Loeber, Rolf. Farrington, David P. (2011). Young homicide offenders and victims: risk factors, prediction, and prevention from childhood. New York; London: Springer

Medina Ariza (2011). Políticas y estrategias de prevención del delito y seguridad ciudadana.  Buenos Aires: Edisofer

Otto, R.K. y Douglas, K.S. (2010). Handbook of violence risk assessment. Nueva York: Taylor & Francis

Sánchez-Herrero, N. (2011). Agresores sexuales juveniles: ¿existe un tratamiento eficaz?. Boletín Criminológico, 126. Instituto andaluz interuniversitario de Criminología

Sánchez-Herrero, N. (2016). Evaluación del riesgo de violencia juvenil: Los factores de protección como clave para la mejora en la intervención criminológica. En Rámila Díaz, N.J., Pérez Suárez, J.R y Briggs, D. La criminología del hoy y del mañana. Madrid: Dykinson.

La criminología frente a la evaluación del riesgo de violencia

39Autor: Ismael Loinaz (@IsmaelLoinaz)

Psicólogo y criminólogo. Profesor en Máster en Intervención Criminológica y Victimológica. 

En la historia de la predicción delictiva la criminología ha tenido un papel protagonista. En aproximadamente 100 años de recorrido, podemos encontrar trabajos relevantes como los del matrimonio Glueck en la década de 1930 (centrados entre otras cosas en las carreras delictivas) o el manual editado por Farrington y Tarling en 1985 (Prediction in criminology) entre otros muchos. Otros desarrollos relevantes para la criminología provienen de la psicología, como el modelo Riesgo-Necesidad-Responsividad de Andrews y Bonta. Pese a ello, se ha producido una desconexión entre la investigación internacional en evaluación del riesgo y la práctica en criminología, desconexión que en España se plasma en la escasez de contenidos formativos específicos sobre la temática en muchos de los planes de estudio.

La evaluación del riesgo es multidisciplinar y “cualquier” profesional formado en la técnica puede ser considerado apto para realizar valoraciones. Sin embargo, la condición indispensable es dicha formación específica y no así la titulación universitaria de la que se provenga. Ni psicólogos, ni criminólogos, ni psiquiatras, por el mero hecho de serlo, son expertos en la predicción del riesgo de violencia. Ninguno de estos estudios garantiza una formación en la temática, aunque sí es cierto que solo los dedicados a la salud mental podrán ser capaces de valorar las características psicopatológicas, mientras que los dedicados al mundo criminológico tendrán más conocimientos sobre cuestiones delictivas.

La criminología es seguramente la disciplina que más sabe sobre la violencia humana. Pese a ello, pierden sentido algunas de las reclamaciones que se hacen en la lucha por el merecido espacio profesional, para las numerosas promociones de graduados, cuando se invierten más horas de formación en cuestiones que como profesionales no van a poder poner en práctica (como el tratamiento psicológico o el enjuiciamiento criminal) y se puede llegar a no invertir ninguna en una cuestión vital y con demanda social como la evaluación del riesgo para la que, además, es solo la formación lo que garantiza la adecuación para su puesta en práctica. Muchos estudios de postgrado también forman a sus alumnos en evaluación del riesgo, pero, en algunos casos, el grado en criminología no es una vía de acceso. Junto a la formación académica, los talleres especializados son otro recurso formativo, necesario incluso para aquellos que ya conocen la materia, pero deben actualizarse o ampliar conocimientos. Una sensación agria, compartida por algunas colegas de formación y profesión, es tener que recomendar que estudien otra carrera (psicología especialmente) a muchos alumnos que se ven con las manos atadas tras terminar criminología. Por ello, no debemos perder la oportunidad de dotar a las nuevas promociones de expertos, que año tras año se incorporan al mundo laboral, de las herramientas formativas necesarias para destacar como profesionales dedicados a la evaluación del riesgo.

Con el Manual de evaluación del riesgo de violencia (Ed. Pirámide, 2017) se ha pretendido hacer un aporte a la formación en la materia en el contexto de habla hispana. Se espera que pueda servir como hilo conductor de nuevos desarrollos y permita a aquellos interesados en la disciplina mejorar los conocimientos y la correcta aplicación del procedimiento. Alumnos de criminología en especial, pero también de ramas como la psicología, el derecho o el trabajo social entre otras, cuentan con un nuevo recurso valioso para mejorar su formación. El manual aborda de manera sintetizada la evolución histórica de la disciplina, los fundamentos técnicos y metodológicos y el proceso de aplicación con una explicación pormenorizada de los 7 pasos que estructuran el juicio profesional estructurado en la actualidad. Además, se han incorporado capítulos específicos con las principales herramientas disponibles para las formas de violencia más habituales (inespecífica, sexual, de pareja y juvenil) y uno dedicado a formas menos prevalentes, pero de interés, incluida la radicalización. En el último capítulo se aborda la valoración del riesgo en mujeres violentas, una temática especialmente desatendida.

Por todo lo dicho, podemos considerar este manual una referencia de fácil acceso pero con el detalle suficiente para permitir el conocimiento preciso de debates, técnicas y herramientas. Espero y deseo que este granito de arena ayude a que la criminología encuentre su lugar en el terreno profesional español y que la formación de las nuevas generaciones de criminólogos sea cada vez más realista y cercana a las posibilidades de aplicación.

 portada completa

REFERENCIAS

Andrews, D. A. y Bonta, J. (2010). The psychology of criminal conduct (5.ª ed.). New Providence, NJ: LexisNexis.

Farrington, D. P. y Tarling, R. (eds.) (1985). Prediction in criminology. Albany, NY: State University of New York Press.

Glueck, S. y Glueck, E. (1930). 500 criminal careers. Nueva York, NY: Knopf.

Glueck, S. y Glueck, E. (1934). Five hundred delinquent women. Nueva York, NY: Knopf.

Glueck, S. y Glueck, E. (1934). One thousand juvenile delinquents. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Loinaz, I. (2017). Manual de evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación. Madrid: Pirámide.

El papel de la mujer en el yihadismo: entrevista a Carola García-Calvo

Durante los días 4 y 5 de mayo, el centro CRÍMINA celebraron el exitoso seminario “Terrorismo Yihadista: Riesgos, análisis y respuestas”. Entre los muchos temas que trabajaron en profundidad, uno de los más interesantes fue el papel de la mujer en la movilización yihadista que, en principio, puede pasar desapercibido, y a pesar de que la ideología que da forma al terrorismo yihadista no apoya que haya mujeres que lleven a cabo actos terroristas, la evolución de la mujer en este campo ha sido muy notable en los últimos años. Esto lo sabe bien Carola García-Calvo, investigadora del Real Instituto Elcano y profesora y coordinadora del Máster universitario en Estudios sobre Terrorismo de UNIR, quien asegura que el yihadismo utiliza muchas veces a estas mujeres para un mayor impacto mediático, aunque insiste en que el papel predominante que soportan es mucho más estático que el de los hombres.

IMG_0459

(más…)