Categoría: Entrevistas

Prevenir el Bullying desde la educación emocional

Cordelia-Estevez1Profa. Cordelia Estévez

Psicóloga. Investigadora asociada en Centro CRIMINA.

El psicólogo Dan Olweus fue el primero en investigar el fenómeno de bullying en Noruega en 1993.Lo definió como una “conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un/a alumno/a contra otro/a, al que escoge como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede escapar por sus propios medios. La continuidad de estas acciones provocan en la víctima efectos claramente negativos como descenso en la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes” (Olweus, 1993).

El acoso escolar aparece de manera heterogénea entre los estudiantes de primaria y secundaria (Piñuel y Oñate , 2007) y no sólo se expresa mediante conductas de agresión física (Díaz-Aguado, 2005). El acoso escolar puede ser Físico, se caracteriza por el empleo de agresiones físicas y puede ser directo (puñetazos, empujones, patadas, etc.) o indirecto (robo, destrucción de ropa, material escolar y otro tipo de bienes pertenecientes a la víctima);Verbal, el más frecuente. Predominan los insultos, burlas, motes, menosprecios en público para poner en evidencia a la víctima, etc; Psicológico, este tipo de acoso es muy dañino para las víctimas, ya que debido a las amenazas, intimidación,  chantaje, manipulación, etc.,  les provocan un estado de miedo e inseguridad continuo además de afectar a su autoestima, o Relacional, cuando consiste en marginar y excluir a la víctima, no dirigirle la palabra e incluso se presionar a otros alumnos para que no se relacionen con ésta.

En general, estos actos, que muestran un alto grado de inadaptación social en las personas implicadas y una carencia considerable de habilidades sociales (Swearer, 2000), suelen tener lugar en las instalaciones escolares, en los alrededores del centro o en las actividades extraescolares y llevarse a cabo fuera del alcance de la vista de los adultos, por lo que suelen pasan inadvertidas y complicar así, su detección precoz.

Actualmente sabemos que se dan casos de acoso y violencia escolar en casi todos los centros educativos, y que dependiendo del curso y del momento, se pueden encontrar implicados en estos entre un 22% y un 35% de los alumnos, los chicos en mayor medida que las chicas y extendido a ciclos educativos de primaria (Cerezo, 2009). En España, Iñaki Piñuel, autor del informe Cisneros X sobre acoso y violencia escolar en 2006, sitúa el índice de incidencia en torno al 23% y fija el pico más alto en la educación primaria concluyendo que alrededor del 40% de los niños de 7 a 9 años padece una situación de bullying.

Todo esto nos lleva a la convicción de que para elaborar estrategias preventivas, es necesario conocer el perfil psicológico de los menores implicados en el bullying, sean agresores o víctimas, y  utilizar esta información como guía en los planteamientos psicoeducativos , ya que seguramente  aporten estrategias útiles que prevengan y fortalezcan a los escolares ante la posibilidad de verse implicados en situaciones de violencia o acoso. Afortunadamente, conocemos ya bastante acerca de los rasgos o aptitudes emocionales más característicos asociados a estos papeles en el bullying

En referencia al perfil de la víctima, un estudio realizado por  Cerezo en 2001 pone de manifiesto que las víctimas de acoso escolar tienen puntuaciones mas bajas en autoestima así como menos habilidades de comunicación que sus compañeros  no implicados en bullying .Por otro lado varios estudios señalan el hecho de que tanto la baja regulación emocional como la dificultad en la expresión de emociones pueden ser posibles predictores de victimización (Garner y Lemerise, 2007) . En lo que respecta al agresor, vemos que  aspectos como la empatía, la responsabilidad social o el manejo del estrés están por debajo  de lo esperado. (Melchor y Estévez, 20017)

Estos resultados definen el modelo de intervención y la guía a seguir para desarrollar el programa de prevención que desde el Centro CRIMINA se ha diseñado. Este programa tiene como marco teórico por un lado el modelo mixto de Inteligencia Emocional de Reuven Bar-On , que define desde una perspectiva mixta, las habilidades sociales y emocionales que conforman la Inteligencias emocional general y por otro lado el del aprendizaje vicario de Albert Bandura que incide en el poder de los modelos en el proceso de aprendizaje en la infancia. Este programa  integra todos los aspectos considerados relevantes en la bibliografía para lograr los objetivos de mejora del clima en  el  aula y disminución de la agresión y el acoso escolar. Consta de talleres  psicoeducativos  para  niños de entre 8 y 12 años destinados a mejorar  competencias emocionales , utilizando  como vehículo educativo y motivador distintos Súper-héroes diseñado para cada sesión; Estos,  representan  los valores prosociales , de respeto , responsabilidad social y tolerancia que se pretenden trasmitir. Por otro lado el programa incluye la formación a padres y profesores como elemento fundamental de la intervención integral  y el control situacional de las agresiones en los centros.

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 REFERENCIAS

Cerezo, F. ( 2001) . Variables de personalidad asociadas en la dinámica bullying (agresores versus víctimas) en niños y niñas de 10 a 15 años . Anales de psicología 17, 37-43

Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas International Journal of Psychology and Psychological Therapy  9, 3, 367-378

Díaz-Aguado,M.J. (2005)  La violencia entre iguales en la adolescencia y su prevención desde la escuela. Psicothema 17 (4) 549-558

Garaigordobil,M. Oñederra,J. ( 2010) Inteligencia emocional en las víctimas de acoso escolar y en los agresores. European Journal of Education and Psychology 3,( 2). 243-256.

Garner, P. W. y Lemerise, E. A. (2007). The roles of behavioral adjustment and conceptions of peers and emotions in preschool children’s peer victimization. Development and Psychopathology, 19, 57-71.

Olweus, D. (1993). Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Madrid: Morata, 1998 (fecha de la edición en castellano).

Piñuel I y Oñate, A (2007): Acoso y Violencia Escolar en España: Informe Cisneros X. Ediciones IIEDDI.

Ttofi,M & Farrington,D. (2011). Effectiveness of school-based programs to reduce bullying: a systematic and meta-analytic review . J Exp Criminol 7:27–56

Swearer, S. M. (2000): Bullying and Victimization Description, Assessment and Guidelines for Intervention. University of Nebraska. Lincoln. September, 25.

 

 

 

 

¿Mejoramos la intervención en los Centros de Menores? Los factores de protección como puntales para la mejora en la intervención criminológica con menores.

nahikariAutora: Nahikari Sánchez (@NahikariSanchez)

Criminóloga. Docente y coordinadora (online) del Máster en Intervención Criminológica y Victimológica.

En el contexto de la intervención criminológica con menores, dentro de la actividad de valoración del riesgo de violencia juvenil, hasta el momento se ha dado un mayor peso a los factores de riesgo, analizando por lo tanto aquellas circunstancias del menor que hacen que el riesgo de que vuelva a cometer hechos delictivos sea mayor (Otto y Douglas, 2010).

Es decir, analizamos aquellos apartados de su vida más conflictivos, complicados, problemáticos y los gestionamos (intervenimos sobre ellos) para que ese menor no siga, por ejemplo, consumiendo drogas o alcohol, intentando que no sea impulsivo, que mejore su forma de afrontar los problemas…etcétera (Loeber y Farrington, 1998). Nos basamos, por lo tanto, en sus aspectos más negativos, que puedan ser objeto de intervención (factores de riesgo dinámicos).

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Esta forma de abordar el tratamiento es fundamental, pero no única ni la más efectiva, según la evidencia científica. Son muchas las investigaciones que destacan que si trabajamos no con factores de riesgo sino con factores protectores (Farrington y Whels, 2012), es decir, sobre los aspectos más positivos de los menores que hacen, de manera directa o indirecta, que el menor tenga menos probabilidad de que vuelva a reincidir en su conducta antisocial, la gestión del riesgo da lugar a resultados mucho más efectivos.

Así, apoyar su perseverancia, sus metas realistas en el futuro, los vínculos prosociales con familiares y menores de su misma edad, etcétera, resultan igual o más adecuados para evitar la reincidencia (Medina Ariza, 2011), y el tratamiento sobre los mismos es mejor aceptado por menores (siempre es más positivo que te refuercen lo positivo que tienes antes de que te estén recordando todo lo negativo), y los profesionales, que disminuyen, además, el “quemado” profesional al disfrutar de los avances sobre aspectos favorables de los menores (Sánchez-Herrero, 2016). El análisis, por lo tanto, de estos factores de protección específicos para cada menor, junto con los factores de riesgo (que no deben olvidarse en ningún momento) hacen que la intervención sea mucho más eficaz (Sánchez-Herrero, N, 2011).

También debemos apuntar que así como existen herramientas de valoración del riesgo de violencia juvenil generales (como el SAVRY, creada en 2003 por Borum, Bartel y Forth, y adaptada al castellano y catalán por Valles y Hilterman en 2007) y específicos para determinadas conductas delictivas (ERASOR, enfocado a menores con conductas de agresión sexual, creada en 2001 por Worling y Curwen, y adaptada al castellano por Villegas, Sánchez-Herrero, Hilterman y Siria, en 2010), las herramientas basadas en factores de protección pueden completar cualquiera de las intervenciones específicas (SAPROF:YV, creada en 2014 por de Vries, Geers, Stapel, Hilterman y de Vogel, y adaptada al castellano por Villegas, Hilterman y Poch, en 2016), con gran éxito.

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Y, como es fundamental en cualquier intervención basada en la ciencia criminológica, analizamos la evidencia científica de las intervenciones basadas en los factores de protección y su eficacia en la disminución del riesgo de reincidencia,  en el desistimiento delictivo (Rennie y Dolan, 2010) y la reincidencia violenta para los adolescentes (Lodewijks Ruiter, y Doreleijers, 2010).

Sin duda, se trata de un ámbito de investigación criminológica llave para la mejora en la en la intervención actual en adolescentes y jóvenes con conductas violentas.


REFERENCIAS

 Borum, R.; Bartel y Forth (2000), SAVRY Structured Assesment of Violence Risk in Youth. Traducción al catalán y castellano: Vallés, L y Hilterman (2006). Barcelona: Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada

Farrington, D. P. y Whels, B. (2012). The Oxford Handbook of Crime Prevention. Oxford: Oxford University Press

Hare, R. (1995). Hare Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R). Toronto, Canadá: Multi-Health System, INC

Loeber, R. y Farrington, D.P. (1998). Serious and violent juvenile offenders: Risk factors and successful interventions. Thousand Oaks: Sage

Loeber, Rolf. Farrington, David P. (2011). Young homicide offenders and victims: risk factors, prediction, and prevention from childhood. New York; London: Springer

Medina Ariza (2011). Políticas y estrategias de prevención del delito y seguridad ciudadana.  Buenos Aires: Edisofer

Otto, R.K. y Douglas, K.S. (2010). Handbook of violence risk assessment. Nueva York: Taylor & Francis

Sánchez-Herrero, N. (2011). Agresores sexuales juveniles: ¿existe un tratamiento eficaz?. Boletín Criminológico, 126. Instituto andaluz interuniversitario de Criminología

Sánchez-Herrero, N. (2016). Evaluación del riesgo de violencia juvenil: Los factores de protección como clave para la mejora en la intervención criminológica. En Rámila Díaz, N.J., Pérez Suárez, J.R y Briggs, D. La criminología del hoy y del mañana. Madrid: Dykinson.

La criminología frente a la evaluación del riesgo de violencia

39Autor: Ismael Loinaz (@IsmaelLoinaz)

Psicólogo y criminólogo. Profesor en Máster en Intervención Criminológica y Victimológica. 

En la historia de la predicción delictiva la criminología ha tenido un papel protagonista. En aproximadamente 100 años de recorrido, podemos encontrar trabajos relevantes como los del matrimonio Glueck en la década de 1930 (centrados entre otras cosas en las carreras delictivas) o el manual editado por Farrington y Tarling en 1985 (Prediction in criminology) entre otros muchos. Otros desarrollos relevantes para la criminología provienen de la psicología, como el modelo Riesgo-Necesidad-Responsividad de Andrews y Bonta. Pese a ello, se ha producido una desconexión entre la investigación internacional en evaluación del riesgo y la práctica en criminología, desconexión que en España se plasma en la escasez de contenidos formativos específicos sobre la temática en muchos de los planes de estudio.

La evaluación del riesgo es multidisciplinar y “cualquier” profesional formado en la técnica puede ser considerado apto para realizar valoraciones. Sin embargo, la condición indispensable es dicha formación específica y no así la titulación universitaria de la que se provenga. Ni psicólogos, ni criminólogos, ni psiquiatras, por el mero hecho de serlo, son expertos en la predicción del riesgo de violencia. Ninguno de estos estudios garantiza una formación en la temática, aunque sí es cierto que solo los dedicados a la salud mental podrán ser capaces de valorar las características psicopatológicas, mientras que los dedicados al mundo criminológico tendrán más conocimientos sobre cuestiones delictivas.

La criminología es seguramente la disciplina que más sabe sobre la violencia humana. Pese a ello, pierden sentido algunas de las reclamaciones que se hacen en la lucha por el merecido espacio profesional, para las numerosas promociones de graduados, cuando se invierten más horas de formación en cuestiones que como profesionales no van a poder poner en práctica (como el tratamiento psicológico o el enjuiciamiento criminal) y se puede llegar a no invertir ninguna en una cuestión vital y con demanda social como la evaluación del riesgo para la que, además, es solo la formación lo que garantiza la adecuación para su puesta en práctica. Muchos estudios de postgrado también forman a sus alumnos en evaluación del riesgo, pero, en algunos casos, el grado en criminología no es una vía de acceso. Junto a la formación académica, los talleres especializados son otro recurso formativo, necesario incluso para aquellos que ya conocen la materia, pero deben actualizarse o ampliar conocimientos. Una sensación agria, compartida por algunas colegas de formación y profesión, es tener que recomendar que estudien otra carrera (psicología especialmente) a muchos alumnos que se ven con las manos atadas tras terminar criminología. Por ello, no debemos perder la oportunidad de dotar a las nuevas promociones de expertos, que año tras año se incorporan al mundo laboral, de las herramientas formativas necesarias para destacar como profesionales dedicados a la evaluación del riesgo.

Con el Manual de evaluación del riesgo de violencia (Ed. Pirámide, 2017) se ha pretendido hacer un aporte a la formación en la materia en el contexto de habla hispana. Se espera que pueda servir como hilo conductor de nuevos desarrollos y permita a aquellos interesados en la disciplina mejorar los conocimientos y la correcta aplicación del procedimiento. Alumnos de criminología en especial, pero también de ramas como la psicología, el derecho o el trabajo social entre otras, cuentan con un nuevo recurso valioso para mejorar su formación. El manual aborda de manera sintetizada la evolución histórica de la disciplina, los fundamentos técnicos y metodológicos y el proceso de aplicación con una explicación pormenorizada de los 7 pasos que estructuran el juicio profesional estructurado en la actualidad. Además, se han incorporado capítulos específicos con las principales herramientas disponibles para las formas de violencia más habituales (inespecífica, sexual, de pareja y juvenil) y uno dedicado a formas menos prevalentes, pero de interés, incluida la radicalización. En el último capítulo se aborda la valoración del riesgo en mujeres violentas, una temática especialmente desatendida.

Por todo lo dicho, podemos considerar este manual una referencia de fácil acceso pero con el detalle suficiente para permitir el conocimiento preciso de debates, técnicas y herramientas. Espero y deseo que este granito de arena ayude a que la criminología encuentre su lugar en el terreno profesional español y que la formación de las nuevas generaciones de criminólogos sea cada vez más realista y cercana a las posibilidades de aplicación.

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REFERENCIAS

Andrews, D. A. y Bonta, J. (2010). The psychology of criminal conduct (5.ª ed.). New Providence, NJ: LexisNexis.

Farrington, D. P. y Tarling, R. (eds.) (1985). Prediction in criminology. Albany, NY: State University of New York Press.

Glueck, S. y Glueck, E. (1930). 500 criminal careers. Nueva York, NY: Knopf.

Glueck, S. y Glueck, E. (1934). Five hundred delinquent women. Nueva York, NY: Knopf.

Glueck, S. y Glueck, E. (1934). One thousand juvenile delinquents. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Loinaz, I. (2017). Manual de evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación. Madrid: Pirámide.

El papel de la mujer en el yihadismo: entrevista a Carola García-Calvo

Durante los días 4 y 5 de mayo, el centro CRÍMINA celebraron el exitoso seminario “Terrorismo Yihadista: Riesgos, análisis y respuestas”. Entre los muchos temas que trabajaron en profundidad, uno de los más interesantes fue el papel de la mujer en la movilización yihadista que, en principio, puede pasar desapercibido, y a pesar de que la ideología que da forma al terrorismo yihadista no apoya que haya mujeres que lleven a cabo actos terroristas, la evolución de la mujer en este campo ha sido muy notable en los últimos años. Esto lo sabe bien Carola García-Calvo, investigadora del Real Instituto Elcano y profesora y coordinadora del Máster universitario en Estudios sobre Terrorismo de UNIR, quien asegura que el yihadismo utiliza muchas veces a estas mujeres para un mayor impacto mediático, aunque insiste en que el papel predominante que soportan es mucho más estático que el de los hombres.

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