Categoría: Investigación

Derecho Penal experimental en las V Jornadas de profesores de Derecho penal de las Universidad Públicas Valencianas y Balear

El pasado 23 de marzo, Ana Belén Gómez, investigadora del centro CRÍMINA para el estudio y prevención de la delincuencia, participó en las V Jornadas de profesores de Derecho penal de las Universidad Públicas Valencianas y Balear, celebradas en el Edificio Sa Riera de la Universitat de les Illes Balears. Contando con la participación de especialistas del máximo nivel, en su quinta edición, estas jornadas ya se han consolidado como una de las citas para el Derecho penal más importante, ya no sólo de las comunidades Valencianas y Balear, sino a nivel nacional.

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La investigadora de CRÍMINA presentó los resultados de un reciente estudio experimental que ha desarrollo junto al Dr. Fernando Miró Llinares en el seno del proyecto nacional NEXO acerca de uno de los debates emergentes en Derecho penal sobre si el sistema penal debe integrar las intuiciones de justicia de la comunidad. Con el sugerente título “¿Tenemos los juristas un acceso privilegiado al sentido de la justicia?”,  y con una muestra de 659 participantes, el objetivo de este estudio ha sido, por un lado, analizar diferentes intuiciones de justicia relativas a las distintas tentativas y la consumación de homicidio, así como evaluar si la formación en derecho modula estas intuiciones. Los resultados que han recogido indican que los participantes legos gradúan tanto la responsabilidad penal como la sanción formal de manera no aleatoria y que los conocimientos especiales en Derecho no tienen relevancia en la distribución intuitiva de estas variables.

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Ciberdelitos, protección de la propiedad intelectual y cumplimiento normativo

Hoy, el Dr. Fernando Miró Llinares, director del centro CRIMINA para el estudio y prevención de la delincuencia de la UMH dará la conferencia inaugural de las jornadas Los ciberdelitos y la protección de la propiedad intelectual, donde presentará los resultados de un reciente estudio empírico que ha desarrollado el equipo de CRÍMINA en materia de factores de cumplimiento de las normas de derechos autor.

Organizadas  en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos, hay que mencionar, además, que en estas jornadas participarán Mª Pilar Rodríguez, fiscal Adscrita al Fiscal Coordinador de Sala de Criminalidad Informática; Ana Parés, abogada de ECIJA y doctora en Derecho Penal; César Zárate, abogado de ECIJA y el guardia civil, capitán David Casas de la Unidad Central Operativa.

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El proyecto CiberHache finaliza con la publicación de una monografía

El pasado mes de diciembre finalizó el proyecto CiberHache, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (DER2014-53449-R), coordinado por el Centro CRÍMINA para el estudio y prevención de la delincuencia (UMH), y en el que más de una quincena de investigadores nacionales e internacionales del máximo nivel han estudiado la incitación a la violencia y discurso del odio en Internet, considerando el alcance real del fenómeno, tipologías, factores ambientales y límites de la intervención jurídica.

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Recientemente, la editorial Marcial Pons ha publicado la monografía colectiva Cometer delitos en 140 caracteres: el Derecho penal ante el odio y la radicalización en Internet, dirigida por el Dr. Fernando Miró Llinares, y cuya introducción reproducimos a continuación:

INTRODUCCIÓN: Cometer delitos con 140 caracteres 

 Al Derecho penal le ha costado sentirse cómodo con todo aquello que no tiene una base evidente de fisicidad. Siempre ha parecido más sencillo integrar en el sistema y afrontar el significado de conceptos como lesión, vida o persona física, que dispondrían de una referencia material que supuestamente delimitaría su alcance, frente a otros como voluntad, peligro, integridad moral o persona jurídica, sin aparente corporeidad que sirviese para acotar su sentido. Esto tiene mucho que ver con la singularidad metodológica de la dogmática jurídica y en particular con lo complicado que resulta caminar entre precipicios y no caer ni en un naturalismo irracional al, supuestamente, aceptar el método científico, ni en el idealismo metafísico al que nos acercamos al negar la posibilidad de conocer la realidad. A comenzar a superar el terror a ese monstruo con dos cabezas, pues tan peligrosa es la óntica simplista como la mera especulación transcendental, ayudó mucho la filosofía analítica, en particular la filosofía del lenguaje y más en concreto John Langshaw Austin con su obra póstuma “How to do things with words”, cuyas ideas fueron luego desarrolladas y ampliadas brillantemente por John Searle. Con su teoría de los actos de habla, luego aplicada al Derecho penal por autores españoles (Ruiz Antón, Polaino Navarrete y Polaino Orts), Austin y Searle pusieron de manifiesto que tan real es un hecho perpetrado con las manos como aquél realizado con palabras. Y es precisamente esa idea, actualizada a la supuesta inmaterialidad de lo que se ha venido en denominar ciberespacio, la que nos ha llevado a dar a esta obra, en la que reflexionamos sobre el papel del Derecho penal frente a las expresiones ofensivas y mensajes supuestamente “radicalizadores” y los límites constitucionales del mismo, el título “Cometer delitos con 140 caracteres”.

 Como es sabido, Internet en general, y las redes sociales en particular, desempeñan un importante papel de difusión de mensajes extremistas y de odio. Todo este contenido en forma de palabras, imágenes o vídeos, que ha sido relacionado tanto con los procesos de radicalización yihadista como con un supuesto incremento del odio en el ciberespacio, no sólo ha tenido gran repercusión sino que ha desembocado en una significativa preocupación social que podría estar relacionada tanto con algunas reformas penales y administrativas recientes, como con el incremento de procedimientos judiciales que enjuician la publicación de este tipo de mensajes en redes sociales.

 De la constatación de esa realidad nació, desde el Centro Crímina de la Universidad Miguel Hernández de Elche, pero con la implicación de grandes investigadores de otras universidades, el proyecto de investigación «Incitación a la violencia y discurso del odio en Internet. Alcance real del fenómeno, tipologías, factores ambientales y límites de la intervención jurídica frente al mismo», titulado con el acrónimo CiberHache. Como es sabido la hache, que es la primera letra de la palabra “hate”, es muda, y quisimos resaltar con ella nuestra preocupación tanto por la potencial proliferación en el ciberespacio de contenidos que niegan valores esenciales para la convivencia social, como por la tendencia consistente en pretender enmudecer, por medio del Derecho punitivo, dichas expresiones y mensajes por su supuesta potencial capacidad para causar daños o por su carácter ofensivo para los demás. Conscientes, pues, de que tan peligroso es para una sociedad democrática la difusión del odio y el extremismo como la uniformidad de pensamiento y el silenciamiento del debate público, afrontamos en esta obra algunos de los debates que resultan esenciales para resolver este complejo problema.

 La presente obra no incluye la relevante parte empírica del proyecto CiberHache en la que se analizó la prevalencia de estos fenómenos en Internet así como las medidas de prevención criminológica del mismo y que ha sido publicada en otros lugares, pero sí parte de este conocimiento fáctico para afrontar la parte esencial del proyecto, la que trata de delimitar la forma de respuesta penal a estos fenómenos y los límites que para ello tiene el Estado Social y Democrático de Derecho. Para ello no sólo hemos tenido la suerte de contar con los investigadores del proyecto, sino que nos hemos apoyado en penalistas y constitucionalistas del máximo prestigio que, sin formar parte del mismo, han aportado su conocimiento y especialización a una obra que queda, así, significativamente enriquecida.

 Desde este contexto, y dado que en la misma se entremezclan problemáticas diferentes pero íntimamente relacionadas entre sí, la presente obra colectiva consta de cuatro partes: un marco de comprensión, conformado por diferentes enfoques, de las dos grandes cuestiones que van a ser analizadas en el libro, la respuesta penal al discurso del odio y el tratamiento penal del extremismo radical en Internet; otras dos partes en las que se afronta el análisis de cada una de ellas específicamente; y una final, en la que se cierra el círculo desde la libertad de expresión como ángulo desde el que resolver la esencial cuestión de los límites a la libertad de expresión en este ámbito.

 La primera de las partes de la obra, titulada genéricamente “Marco”, está conformada por todas las contribuciones que cimentan los fundamentos sobre los que se contextualiza el propio libro colectivo, con la pretensión de dar una visión general de la respuesta del Derecho penal ante el odio y la radicalización en el ciberespacio. En este sentido, los trabajos que integran esta primera parte de la obra analizan desde planteamientos dogmáticos distintos, cuestiones como el tratamiento penal de conductas ofensivas condensadas en tan sólo 140 caracteres, a la que me refiero en el primer capítulo de la obra titulado “Derecho penal y 140 caracteres. Hacia una exégesis restrictiva de los delitos de expresión”; la protección penal de la identidad religiosa, que es analizada con finura y maestría por Alcácer Guirao, partiendo de la identificación entre identidad y dignidad, bajo el provocador título “Cocinar cristos y quemar coranes. Identidad religiosa y Derecho penal”; el análisis desde un punto de vista crítico de la conducta descrita en el apartado 1º, a) del artículo 510 del Código penal, llevado a cabo por Portilla Contreras en su contribución titulada “El retorno de la censura y la caza de brujas anarquistas” en la que pone de manifiesto la deriva legislativa a la que hemos llegado; y cerrando esta primera parte, el estudio pormenorizado del artículo 22.4ª y la motivación discriminatoria online, realizado por Díaz López, en el que se muestra, y analiza críticamente, uno de los fundamentos esenciales sobre los que se ha construido gran parte del discurso de criminalización en este ámbito.

 En la segunda parte, a partir de la propia dicotomía de la rúbrica de la obra (odio-radicalización), los autores, cada uno de ellos experto en el tema escogido, analizan el “odio” desde distintos enfoques. Se inicia, pues, esta segunda parte con la contribución de Fuentes Osorio que estudia el propio concepto penal de “odio”, así como sus consecuencias, en una reconstrucción analítica del máximo interés sobre los modelos de expresión de la intervención penal en esta materia. Posteriormente, el capítulo de Rodríguez Ferrández disecciona y analiza rigurosamente la nueva regulación penal de la incitación al odio desde una interpretación restrictiva, mientras que la incitación al odio y género son puestos en común por Gómez Martín para llevar a cabo un análisis pormenorizado, recordando con carácter previo el origen del precepto como posible guía interpretativa y reflexionando acerca de su aplicabilidad a hipotéticos supuestos de incitación al odio machista.

 Es en la tercera parte de la obra donde se focaliza la atención en el segundo de los fenómenos que conforman el título de la presente obra, el de la “radicalización”. Bajo el sugerente título “La respuesta a los mensajeros, y a los mensajes, del terrorismo”, Walker analiza tres enfoques tácticos para perseguir y prevenir las conductas llevadas a cabo por los “mensajeros del terrorismo”: la creación de leyes penales especializadas contra los mensajeros, la incorporación de controles administrativos sobre los propios mensajes, y un compromiso ideológico con los mensajeros y los mensajes. Conforma también esta tercera parte de la monografía el excelente aporte sobre las medidas para contrarrestar la radicalización online en el contexto del terrorismo yihadista, llevado a cabo por Cano Paños.

 Finalmente, la última y cuarta parte del presente trabajo, está dedicada al estudio de los límites a la criminalización del “discurso del odio”: en el primero de los capítulos, el elaborado por Rollnert Liern, desde el punto de vista de los límites de la libertad de expresión, y en el segundo, el realizado por De Domingo Pérez, desde el respeto a los derechos fundamentales en un Estado Social y Democrático de Derecho. Como ponen de manifiesto los autores en sus profundas contribuciones, los derechos no constituyen tanto límites como sentido y fin de la intervención estatal, y así deben ser interpretados.

 Puede verse, pues, que Cometer delitos con 140 caracteres, es un título algo engañoso: ni es sólo un libro exclusivamente de Derecho penal, al afrontarse la cuestión desde una perspectiva jurídica algo más holística, ni va exclusivamente sobre la respuesta jurídica a las expresiones en la red social Twitter que, de hecho, ya permite publicar con más de “cient cuarenta” caracteres. Pero el título sí nos sirve para poner de manifiesto que, aunque ya sepamos, incluso desde antes de J. L. Austin, que los delitos se pueden cometer con cualquier cosa, también con palabras o con imágenes, y aunque estemos cerca de acostumbrarnos a que el Código Penal siga ensanchándose, tanto cuantitativa como cualitativamente, nunca debemos dejar de preguntarnos, y menos cuando aparezca una nueva criminalización o una nueva tipología de conductas relacionada con un desarrollo tecnológico o social, acerca de la necesidad y los límites de la respuesta punitiva del Estado.

Criminología, evidencias empíricas y política criminal: CRÍMINA liderará el proyecto NEXO

El próximo día 5 de febrero, el centro CRIMINA para el estudio y prevención de la delincuencia de la UMH acogerá la primera reunión de investigadores del proyecto nacional NEXO, financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Economía y Competitividad. El proyecto cuenta con una participación de más de una quincena de investigadores procedentes de nueve universidades nacionales e internacionales del máximo prestigio, y será el centro CRÍMINA, y su director el Dr. Fernando Miró Llinares como investigador principal, quien coordinará las diferentes acciones de investigación durante los próximos cuatro años.

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El presente proyecto aborda las posibilidades y límites de la incorporación de evidencias científicas de carácter criminológico a la política legislativa en materia penal, en particular a la decisión sobre la criminalización de conductas y el incremento de las penas. El reto se afronta desde un planteamiento novedoso que, por un lado, revisará de qué modo y con qué restricciones deontológicas pueden incorporarse a la práctica del legislador procedimientos de contraste científico que sean útiles y mejoren la racionalidad de la decisión legislativa; y, por otro, analizará empíricamente algunos de los presupuestos centrales en los que basa el legislador la toma de decisiones sobre la incorporación al Código Penal de nuevas conductas o el incremento de las penas de las existentes para comprobar la validez de las hipótesis.

La política legislativa penal de los últimas décadas, calificada por la doctrina como expansiva y punitivista, se argumenta usualmente en un supuesto conocimiento de la realidad acerca de tendencias delincuenciales, demandas sociales de intervención, capacidad disuasoria de la ley penal, que, sin embargo, no se apoya en evidencias científicas y, en algunos casos, resulta incluso contradictorio con las existentes. En un momento en el que el saber criminológico está capacitado para aportar marcos de comprensión adecuados sobre los fenómenos delictivos y los efectos de las leyes y las penas en las personas, en el que desde Europa se exige un mayor control y evaluación sobre la racionalidad de las leyes y en el que la doctrina, continuando su esencial espíritu crítico, comienza a abarcar no sólo la valoración del resultado legislativo sino también el procedimiento adoptado para ello, resulta esencial definir adecuados procedimientos en el quehacer legislativo que permitan incrementar el conocimiento del legislador y de la sociedad sobre la delincuencia, sus causas y efectos, y sobre las posibilidades preventivas reales, pero también los límites, de las leyes penales.

Llevado a cabo por un grupo de investigación que ya ha demostrado en convocatorias anteriores del plan nacional y en otros proyectos nacionales e internacionales su experiencia y capacidad para desarrollar metodologías complejas y totalmente aplicadas a problemáticas concretas y, en particular, para unir con sentido lógico las distintas ciencias penales, NEXO plantea un diseño metodológico de tareas en bloques de trabajo adaptado a los dos objetivos generales pretendidos: (1) incorporar efectivamente al proceso legislativo evidencias empíricas, y (2) revisar los presupuestos empíricos de la toma de decisión legislativa sobre la criminalización de conductas. Estos se lograrán por medio de estudios empíricos acerca del cumplimiento de las normas y la capacidad disuasoria de las penas, las actitudes punitivas y la legitimación de las políticas legislativas o la percepción de la delincuencia y su influencia en la creación de alarmas sociales, entre otros. Y todo ello se materializará en un protocolo para la correcta inclusión de evidencias científicas en la toma de decisiones político legislativas sobre criminalización de conductas cuyo propósito es mejorar el conocimiento de nuestros legisladores y, con ello, incrementar la racionalidad de las leyes, la confianza de los ciudadanos en las instituciones en general y, en particular, en la justicia del sistema penal, condiciones esenciales para el mejor cumplimiento de las leyes y para el bienestar social.

Investigador de CRIMINA, finalista en el Certamen Arquímedes 17′

Con el título Análisis espacio-temporal del terrorismo en África. Una aproximación a la estimación del crimen mediante el uso de Sistemas de Información Geográfica, el Trabajo Final de Máster de Asier Moneva Pardo (@crimoneva), investigador predoctoral del centro CRÍMINA para el estudio y prevención de la delincuencia y alumni del Máster en Análisis y Prevención del Crimen, ha sido seleccionado como finalista del XVI Certamen Universitario Arquimedes organizado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte,  y que tendrá lugar los días 13, 14 y 15 de noviembre en Madrid.

Según nos explica su autor:

Con esta investigación se realiza un análisis espacio-temporal de los atentados terroristas ocurridos en África durante los últimos años para identificar los lugares que, con mayor probabilidad, albergarán este tipo de ataques en el futuro.
La literatura científica ha descrito reiteradamente que los eventos delictivos se concentran en el espacio y el tiempo [1], por lo que la hipótesis de partida plantea que los atentados terroristas no se distribuyen aleatoriamente, sino que dibujan un patrón geográfico identificable que, además, se relaciona con la fragilidad de los estados. Para contrastar esta hipótesis y desarrollar el estudio se han utilizado datos georreferenciados de la Global Terrorism Database, gestionada por el grupo de investigación START de la Universidad de Maryland, el cual registra cada atentado ocurrido a nivel mundial desde 1970, siendo el último año registrado el 2015. Por otro lado, se ha extraído de la base de datos The World Bank un dataset sociodemográfico para África a nivel de país.
El análisis llevado a cabo utiliza el software de información geográfica ArcGIS, para los análisis geoestadísticos, y el paquete estadístico de software libre R para el análisis de datos no geoposicionados. Apoyados por las herramientas de análisis de puntos, los resultados descriptivos muestran un patrón en la distribución espacial de los atentados y en las zonas de actuación de los grupos terroristas. Esta sospecha se refuerza al aplicar la técnica de Regresión Geográficamente Ponderada, mediante la cual se elabora un modelo de estimación de atentados con variables sociodemográficas. En el modelo resultante se observan tanto los hot spots como los cold spots en los que se distribuyen los atentados. Además, los análisis de correlación confirman la existencia de una relación positiva entre el Índice de Fragilidad de los Estados y el número de ataques terroristas perpetrados.

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CRIMINA busca participantes para su nuevo experimento (presencial) sobre uso seguro de las TIC

El centro CRÍMINA para el estudio y prevención de la delincuencia de la Universidad Miguel Hernández de Elche necesita participantes para un nuevo experimento criminológico sobre uso seguro de nuevas tecnologías de la información y la comunicación para la búsqueda de contenidos concretos en Internet.

A continuación os dejamos todos los detalles acerca de cómo participar en el estudio:

CRITERIOS PARA PARTICIPAR

Estar actualmente cursando alguna titulación universitaria (grado o posgrado)

LUGAR DE DESARROLLO

Los participantes deberán trasladarse a las instalaciones del centro CRÍMINA (Edif. Hélike, Campus de Elche) para la realización de la sesión.

DURACIÓN DE LA SESIÓN

15 minutos

FECHA (posibilidad de elección entre horarios de mañana y tarde)

  1. Entre el 22 y el 27 de mayo (Grupo 1)
  2. Entre el 5 y el 10 de junio (Grupo 2)

COMPENSACIÓN POR PARTICIPAR

Se sortearán 2 paquetes vacacionales (smartbox) para dos personas entre todos los participantes.

FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN (cerrada)


 

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Prevenir el Bullying desde la educación emocional

Cordelia-Estevez1Profa. Cordelia Estévez

Psicóloga. Investigadora asociada en Centro CRIMINA.

El psicólogo Dan Olweus fue el primero en investigar el fenómeno de bullying en Noruega en 1993.Lo definió como una “conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un/a alumno/a contra otro/a, al que escoge como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede escapar por sus propios medios. La continuidad de estas acciones provocan en la víctima efectos claramente negativos como descenso en la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes” (Olweus, 1993).

El acoso escolar aparece de manera heterogénea entre los estudiantes de primaria y secundaria (Piñuel y Oñate , 2007) y no sólo se expresa mediante conductas de agresión física (Díaz-Aguado, 2005). El acoso escolar puede ser Físico, se caracteriza por el empleo de agresiones físicas y puede ser directo (puñetazos, empujones, patadas, etc.) o indirecto (robo, destrucción de ropa, material escolar y otro tipo de bienes pertenecientes a la víctima);Verbal, el más frecuente. Predominan los insultos, burlas, motes, menosprecios en público para poner en evidencia a la víctima, etc; Psicológico, este tipo de acoso es muy dañino para las víctimas, ya que debido a las amenazas, intimidación,  chantaje, manipulación, etc.,  les provocan un estado de miedo e inseguridad continuo además de afectar a su autoestima, o Relacional, cuando consiste en marginar y excluir a la víctima, no dirigirle la palabra e incluso se presionar a otros alumnos para que no se relacionen con ésta.

En general, estos actos, que muestran un alto grado de inadaptación social en las personas implicadas y una carencia considerable de habilidades sociales (Swearer, 2000), suelen tener lugar en las instalaciones escolares, en los alrededores del centro o en las actividades extraescolares y llevarse a cabo fuera del alcance de la vista de los adultos, por lo que suelen pasan inadvertidas y complicar así, su detección precoz.

Actualmente sabemos que se dan casos de acoso y violencia escolar en casi todos los centros educativos, y que dependiendo del curso y del momento, se pueden encontrar implicados en estos entre un 22% y un 35% de los alumnos, los chicos en mayor medida que las chicas y extendido a ciclos educativos de primaria (Cerezo, 2009). En España, Iñaki Piñuel, autor del informe Cisneros X sobre acoso y violencia escolar en 2006, sitúa el índice de incidencia en torno al 23% y fija el pico más alto en la educación primaria concluyendo que alrededor del 40% de los niños de 7 a 9 años padece una situación de bullying.

Todo esto nos lleva a la convicción de que para elaborar estrategias preventivas, es necesario conocer el perfil psicológico de los menores implicados en el bullying, sean agresores o víctimas, y  utilizar esta información como guía en los planteamientos psicoeducativos , ya que seguramente  aporten estrategias útiles que prevengan y fortalezcan a los escolares ante la posibilidad de verse implicados en situaciones de violencia o acoso. Afortunadamente, conocemos ya bastante acerca de los rasgos o aptitudes emocionales más característicos asociados a estos papeles en el bullying

En referencia al perfil de la víctima, un estudio realizado por  Cerezo en 2001 pone de manifiesto que las víctimas de acoso escolar tienen puntuaciones mas bajas en autoestima así como menos habilidades de comunicación que sus compañeros  no implicados en bullying .Por otro lado varios estudios señalan el hecho de que tanto la baja regulación emocional como la dificultad en la expresión de emociones pueden ser posibles predictores de victimización (Garner y Lemerise, 2007) . En lo que respecta al agresor, vemos que  aspectos como la empatía, la responsabilidad social o el manejo del estrés están por debajo  de lo esperado. (Melchor y Estévez, 20017)

Estos resultados definen el modelo de intervención y la guía a seguir para desarrollar el programa de prevención que desde el Centro CRIMINA se ha diseñado. Este programa tiene como marco teórico por un lado el modelo mixto de Inteligencia Emocional de Reuven Bar-On , que define desde una perspectiva mixta, las habilidades sociales y emocionales que conforman la Inteligencias emocional general y por otro lado el del aprendizaje vicario de Albert Bandura que incide en el poder de los modelos en el proceso de aprendizaje en la infancia. Este programa  integra todos los aspectos considerados relevantes en la bibliografía para lograr los objetivos de mejora del clima en  el  aula y disminución de la agresión y el acoso escolar. Consta de talleres  psicoeducativos  para  niños de entre 8 y 12 años destinados a mejorar  competencias emocionales , utilizando  como vehículo educativo y motivador distintos Súper-héroes diseñado para cada sesión; Estos,  representan  los valores prosociales , de respeto , responsabilidad social y tolerancia que se pretenden trasmitir. Por otro lado el programa incluye la formación a padres y profesores como elemento fundamental de la intervención integral  y el control situacional de las agresiones en los centros.

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 REFERENCIAS

Cerezo, F. ( 2001) . Variables de personalidad asociadas en la dinámica bullying (agresores versus víctimas) en niños y niñas de 10 a 15 años . Anales de psicología 17, 37-43

Bullying: análisis de la situación en las aulas españolas International Journal of Psychology and Psychological Therapy  9, 3, 367-378

Díaz-Aguado,M.J. (2005)  La violencia entre iguales en la adolescencia y su prevención desde la escuela. Psicothema 17 (4) 549-558

Garaigordobil,M. Oñederra,J. ( 2010) Inteligencia emocional en las víctimas de acoso escolar y en los agresores. European Journal of Education and Psychology 3,( 2). 243-256.

Garner, P. W. y Lemerise, E. A. (2007). The roles of behavioral adjustment and conceptions of peers and emotions in preschool children’s peer victimization. Development and Psychopathology, 19, 57-71.

Olweus, D. (1993). Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Madrid: Morata, 1998 (fecha de la edición en castellano).

Piñuel I y Oñate, A (2007): Acoso y Violencia Escolar en España: Informe Cisneros X. Ediciones IIEDDI.

Ttofi,M & Farrington,D. (2011). Effectiveness of school-based programs to reduce bullying: a systematic and meta-analytic review . J Exp Criminol 7:27–56

Swearer, S. M. (2000): Bullying and Victimization Description, Assessment and Guidelines for Intervention. University of Nebraska. Lincoln. September, 25.

 

 

 

 

¿Mejoramos la intervención en los Centros de Menores? Los factores de protección como puntales para la mejora en la intervención criminológica con menores.

nahikariAutora: Nahikari Sánchez (@NahikariSanchez)

Criminóloga. Docente y coordinadora (online) del Máster en Intervención Criminológica y Victimológica.

En el contexto de la intervención criminológica con menores, dentro de la actividad de valoración del riesgo de violencia juvenil, hasta el momento se ha dado un mayor peso a los factores de riesgo, analizando por lo tanto aquellas circunstancias del menor que hacen que el riesgo de que vuelva a cometer hechos delictivos sea mayor (Otto y Douglas, 2010).

Es decir, analizamos aquellos apartados de su vida más conflictivos, complicados, problemáticos y los gestionamos (intervenimos sobre ellos) para que ese menor no siga, por ejemplo, consumiendo drogas o alcohol, intentando que no sea impulsivo, que mejore su forma de afrontar los problemas…etcétera (Loeber y Farrington, 1998). Nos basamos, por lo tanto, en sus aspectos más negativos, que puedan ser objeto de intervención (factores de riesgo dinámicos).

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Esta forma de abordar el tratamiento es fundamental, pero no única ni la más efectiva, según la evidencia científica. Son muchas las investigaciones que destacan que si trabajamos no con factores de riesgo sino con factores protectores (Farrington y Whels, 2012), es decir, sobre los aspectos más positivos de los menores que hacen, de manera directa o indirecta, que el menor tenga menos probabilidad de que vuelva a reincidir en su conducta antisocial, la gestión del riesgo da lugar a resultados mucho más efectivos.

Así, apoyar su perseverancia, sus metas realistas en el futuro, los vínculos prosociales con familiares y menores de su misma edad, etcétera, resultan igual o más adecuados para evitar la reincidencia (Medina Ariza, 2011), y el tratamiento sobre los mismos es mejor aceptado por menores (siempre es más positivo que te refuercen lo positivo que tienes antes de que te estén recordando todo lo negativo), y los profesionales, que disminuyen, además, el “quemado” profesional al disfrutar de los avances sobre aspectos favorables de los menores (Sánchez-Herrero, 2016). El análisis, por lo tanto, de estos factores de protección específicos para cada menor, junto con los factores de riesgo (que no deben olvidarse en ningún momento) hacen que la intervención sea mucho más eficaz (Sánchez-Herrero, N, 2011).

También debemos apuntar que así como existen herramientas de valoración del riesgo de violencia juvenil generales (como el SAVRY, creada en 2003 por Borum, Bartel y Forth, y adaptada al castellano y catalán por Valles y Hilterman en 2007) y específicos para determinadas conductas delictivas (ERASOR, enfocado a menores con conductas de agresión sexual, creada en 2001 por Worling y Curwen, y adaptada al castellano por Villegas, Sánchez-Herrero, Hilterman y Siria, en 2010), las herramientas basadas en factores de protección pueden completar cualquiera de las intervenciones específicas (SAPROF:YV, creada en 2014 por de Vries, Geers, Stapel, Hilterman y de Vogel, y adaptada al castellano por Villegas, Hilterman y Poch, en 2016), con gran éxito.

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Y, como es fundamental en cualquier intervención basada en la ciencia criminológica, analizamos la evidencia científica de las intervenciones basadas en los factores de protección y su eficacia en la disminución del riesgo de reincidencia,  en el desistimiento delictivo (Rennie y Dolan, 2010) y la reincidencia violenta para los adolescentes (Lodewijks Ruiter, y Doreleijers, 2010).

Sin duda, se trata de un ámbito de investigación criminológica llave para la mejora en la en la intervención actual en adolescentes y jóvenes con conductas violentas.


REFERENCIAS

 Borum, R.; Bartel y Forth (2000), SAVRY Structured Assesment of Violence Risk in Youth. Traducción al catalán y castellano: Vallés, L y Hilterman (2006). Barcelona: Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada

Farrington, D. P. y Whels, B. (2012). The Oxford Handbook of Crime Prevention. Oxford: Oxford University Press

Hare, R. (1995). Hare Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R). Toronto, Canadá: Multi-Health System, INC

Loeber, R. y Farrington, D.P. (1998). Serious and violent juvenile offenders: Risk factors and successful interventions. Thousand Oaks: Sage

Loeber, Rolf. Farrington, David P. (2011). Young homicide offenders and victims: risk factors, prediction, and prevention from childhood. New York; London: Springer

Medina Ariza (2011). Políticas y estrategias de prevención del delito y seguridad ciudadana.  Buenos Aires: Edisofer

Otto, R.K. y Douglas, K.S. (2010). Handbook of violence risk assessment. Nueva York: Taylor & Francis

Sánchez-Herrero, N. (2011). Agresores sexuales juveniles: ¿existe un tratamiento eficaz?. Boletín Criminológico, 126. Instituto andaluz interuniversitario de Criminología

Sánchez-Herrero, N. (2016). Evaluación del riesgo de violencia juvenil: Los factores de protección como clave para la mejora en la intervención criminológica. En Rámila Díaz, N.J., Pérez Suárez, J.R y Briggs, D. La criminología del hoy y del mañana. Madrid: Dykinson.

La criminología frente a la evaluación del riesgo de violencia

39Autor: Ismael Loinaz (@IsmaelLoinaz)

Psicólogo y criminólogo. Profesor en Máster en Intervención Criminológica y Victimológica. 

En la historia de la predicción delictiva la criminología ha tenido un papel protagonista. En aproximadamente 100 años de recorrido, podemos encontrar trabajos relevantes como los del matrimonio Glueck en la década de 1930 (centrados entre otras cosas en las carreras delictivas) o el manual editado por Farrington y Tarling en 1985 (Prediction in criminology) entre otros muchos. Otros desarrollos relevantes para la criminología provienen de la psicología, como el modelo Riesgo-Necesidad-Responsividad de Andrews y Bonta. Pese a ello, se ha producido una desconexión entre la investigación internacional en evaluación del riesgo y la práctica en criminología, desconexión que en España se plasma en la escasez de contenidos formativos específicos sobre la temática en muchos de los planes de estudio.

La evaluación del riesgo es multidisciplinar y “cualquier” profesional formado en la técnica puede ser considerado apto para realizar valoraciones. Sin embargo, la condición indispensable es dicha formación específica y no así la titulación universitaria de la que se provenga. Ni psicólogos, ni criminólogos, ni psiquiatras, por el mero hecho de serlo, son expertos en la predicción del riesgo de violencia. Ninguno de estos estudios garantiza una formación en la temática, aunque sí es cierto que solo los dedicados a la salud mental podrán ser capaces de valorar las características psicopatológicas, mientras que los dedicados al mundo criminológico tendrán más conocimientos sobre cuestiones delictivas.

La criminología es seguramente la disciplina que más sabe sobre la violencia humana. Pese a ello, pierden sentido algunas de las reclamaciones que se hacen en la lucha por el merecido espacio profesional, para las numerosas promociones de graduados, cuando se invierten más horas de formación en cuestiones que como profesionales no van a poder poner en práctica (como el tratamiento psicológico o el enjuiciamiento criminal) y se puede llegar a no invertir ninguna en una cuestión vital y con demanda social como la evaluación del riesgo para la que, además, es solo la formación lo que garantiza la adecuación para su puesta en práctica. Muchos estudios de postgrado también forman a sus alumnos en evaluación del riesgo, pero, en algunos casos, el grado en criminología no es una vía de acceso. Junto a la formación académica, los talleres especializados son otro recurso formativo, necesario incluso para aquellos que ya conocen la materia, pero deben actualizarse o ampliar conocimientos. Una sensación agria, compartida por algunas colegas de formación y profesión, es tener que recomendar que estudien otra carrera (psicología especialmente) a muchos alumnos que se ven con las manos atadas tras terminar criminología. Por ello, no debemos perder la oportunidad de dotar a las nuevas promociones de expertos, que año tras año se incorporan al mundo laboral, de las herramientas formativas necesarias para destacar como profesionales dedicados a la evaluación del riesgo.

Con el Manual de evaluación del riesgo de violencia (Ed. Pirámide, 2017) se ha pretendido hacer un aporte a la formación en la materia en el contexto de habla hispana. Se espera que pueda servir como hilo conductor de nuevos desarrollos y permita a aquellos interesados en la disciplina mejorar los conocimientos y la correcta aplicación del procedimiento. Alumnos de criminología en especial, pero también de ramas como la psicología, el derecho o el trabajo social entre otras, cuentan con un nuevo recurso valioso para mejorar su formación. El manual aborda de manera sintetizada la evolución histórica de la disciplina, los fundamentos técnicos y metodológicos y el proceso de aplicación con una explicación pormenorizada de los 7 pasos que estructuran el juicio profesional estructurado en la actualidad. Además, se han incorporado capítulos específicos con las principales herramientas disponibles para las formas de violencia más habituales (inespecífica, sexual, de pareja y juvenil) y uno dedicado a formas menos prevalentes, pero de interés, incluida la radicalización. En el último capítulo se aborda la valoración del riesgo en mujeres violentas, una temática especialmente desatendida.

Por todo lo dicho, podemos considerar este manual una referencia de fácil acceso pero con el detalle suficiente para permitir el conocimiento preciso de debates, técnicas y herramientas. Espero y deseo que este granito de arena ayude a que la criminología encuentre su lugar en el terreno profesional español y que la formación de las nuevas generaciones de criminólogos sea cada vez más realista y cercana a las posibilidades de aplicación.

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REFERENCIAS

Andrews, D. A. y Bonta, J. (2010). The psychology of criminal conduct (5.ª ed.). New Providence, NJ: LexisNexis.

Farrington, D. P. y Tarling, R. (eds.) (1985). Prediction in criminology. Albany, NY: State University of New York Press.

Glueck, S. y Glueck, E. (1930). 500 criminal careers. Nueva York, NY: Knopf.

Glueck, S. y Glueck, E. (1934). Five hundred delinquent women. Nueva York, NY: Knopf.

Glueck, S. y Glueck, E. (1934). One thousand juvenile delinquents. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Loinaz, I. (2017). Manual de evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación. Madrid: Pirámide.

Una reflexión sobre la Grand Theory y la utilidad del Alcance Medio

P8V5n4CL_400x400Autor: Asier Moneva

Criminólogo. Estudiante del Máster en Análisis y Prevención del Crimen.

En muchas ocasiones, tratamos de explicar el fenómeno delictivo aplicando grandes teorías criminológicas que pretenden abarcar todo el fenómeno criminal. De hecho, la finalidad de la denominada Grand Theory es la explicación del crimen en su totalidad. Sin embargo, se ha observado a lo largo de los años que, cuando queremos aplicar estas teorías en un contexto práctico, surgen ciertas carencias. El Profesor José R. Agustina escribe un artículo en 2012 en el que refleja la existencia de este problema en la Criminología. La misma dificultad ha sido identificada por autores como Marcus Felson (2006) o Adolfo Ceretti (1992), el cual piensa que este es uno de los motivos por los que la Criminología se encuentra en un estado de profunda crisis, de estancamiento. Como criminólogos debemos tratar de abordar esta problemática, huyendo de constructos teóricos demasiado grandes y aplicando la prevención a un fenómeno delictivo determinado a través de teorías de nivel medio, demostrando su aplicación práctica concreta

No obstante, no podemos renunciar al valor de la teoría criminológica como elemento estructurador de las estrategias a seguir a la hora de abordar el crimen, trabajando para su control y haciendo un esfuerzo para alcanzar su comprensión. En este sentido, se pronuncia John Eck (2007):

Theory is the guide for all deliberate actions. Consider any profession in which the practitioners are routinely confronted with problems. They must use their training and experience to solve. They have to be logical. And they have to use data. But data and logic are insufficient to motivate action.

Cuando Eck involucra el uso de datos en su interesante aporte no lo hace de forma irreflexiva. El componente empírico debe ser el sustento de cualquier construcción teórica que pretenda hacer una aproximación científica, y por lo tanto falible, en la explicación del crimen.

Es por ello por lo que no podemos guiarnos por teorías demasiado complejas o abstractas que traten de explicar la absoluta integridad del fenómeno delictivo y, en tal proceso, perdernos en un lenguaje que divaga, que va a la deriva. Jock Young (2011), en su libro The Criminological Imagination, analiza a su homólogo en el campo de la Sociología, Wright Mills, y dice que este último distingue entre semantics and syntax cuando habla de contenidos: “semantics are words about reality, syntax are words in relation with each other” (p. 6). En este sentido, dice Mills (1954) que la “Grand Theory is drunk on syntax, blind to semantics” (p.34). Es decir, al tratar de nutrirse de tantas vertientes realiza elaboraciones grandilocuentes, pero se intoxica a la hora de hilar conceptos y se distrae alejándose de su verdadera finalidad: la comprensión de la realidad.

Si bien es cierto que algunas teorías demasiado complejas y pomposas tienen difícil aplicación práctica, existe otra forma de hacer Criminología. El discurso que apela a la inaplicabilidad de las hipótesis criminológicas queda en entredicho cuando se habla del enfoque Ambiental como forma de abordar el delito como evento.

Algunos ejemplos de este enfoque se plasman en los postulados del espacio defendible (Newman, 1972), el Crime Prevention Trough Environmental Design (CPTED), la Teoría de las Ventanas Rotas (Wilson y Kelling, 1982), la Teoría de la Elección Racional (Cornish y Clarke, 1986), la Teoría del Patrón Delictivo (Brantingham y Brantingham, 1981) o el Enfoque de las Actividades Cotidianas (Cohen y Felson, 1979), entre otros.

 

 

Referencias

Agustina, J. R. (2012). Premisas valorativas y enfoque práctico en la definición de una teoría criminológica. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 14(8). Recuperado de: http://criminet.ugr.es/recpc/14/recpc14-08.pdf

Brantingham, P. J. y Brantingham, P. L. (1981). Environmental Criminology. Thousand Oaks, California: Sage Publications.

Ceretti, A. (1992). Problemas epistemológicos de la Criminología. Montevideo, Uruguay: B de F.

Cohen, L., y Felson, M. (1979). Social change and crime rate trends: A routine activity approach. American Sociological Review, 44(4), 588-608.

Cornish, D. B., y Clarke, R. V. (coord.) (1986). The reasoning Criminal. New York City, New York: Springer-Verlag.

Eck, J. E. (2007). The power of a good theory. Conferencia impartida en el Jill Dando Institute, University College London. London, UK.

Felson, M. (2006). Crime and Nature. Thousand Oaks, California: Sage Publications.

Mills, C. W. (1954). IBM Plus Reality Plus Humanism = Sociology, en I. L. Horowitz (ed.), Power, Politics and People: The Collected Essays of C. Wright Mills. New York City, New York: Ballantine Books.

Newman, O. (1972). Defensible Space: Crime Prevention through Urban Design. New York City, New York: Macmillan.

Wilson, J. Q. y Kelling, G. L. (1982). Broken windows: The police and neighborhood safety. The Atlantic. Recuperado de: http://www.theatlantic.com/magazine/archive/1982/03/broken-windows/304465/

Young, J. (2011). The Criminological Imagination. Cambridge, UK: Polity Press.