Bandas juveniles

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Las Bandas juveniles desempeñan un papel notable en el proceso de sociabilización entre los adolescentes, les permite entre otras, ejercitar habilidades sociales y de solución de conflictos, compartir sentimientos, obtener reconocimiento, desarrollar su identidad personal, experimentar conductas novedosas, entre estas, aquellas que consideramos de riesgo. Por todo ello, interaccionar entre iguales (grupos, bandas, pandillas, etc.), resulta en muchos de los casos necesario para finalizar con éxito la etapa adolescente, ayudándoles a emanciparse de sus padres para erigir su propia personalidad.

A todos estos aspectos positivos, debemos añadir aquellos que profesan sobre el adolescente una influencia negativa al reforzar la comisión de conductas de riesgo, antisociales, faltas e incluso, cometer hechos delictivos. En mucho de los casos, se trataran de conductas exploratorias y/o de autoafirmación, ahora bien, de persistir y no identificar esas conductas de riesgo, los puede conducir a iniciar una carrera delictiva que puede derivarse hacia una delincuencia persistente.

“Ya sé que el grupo de jóvenes que se manifiesta no representa a toda la juventud y que un centenar de alborotadores por la calle causan más ruido que diez mil trabajadores que se queden en su casa” (Émile Zola, 1840-1902) Fuente: Agencia de Prensa IPC. (2009).

El presente trabajo tiene como objeto analizar los motivos que llevan a los jóvenes adolescentes a formar parte de grupos, bandas y/o tribus urbanas donde están presentes conductas antisociales (violentas, prohibidas, delictivas, etc.); asimismo se realizará un breve análisis bibliográfico sobre su conceptualización y los factores de riesgo añadidos a este fenómeno.

Según Esteve (2004), la adolescencia constituye a lo largo del ciclo vital del individuo, un periodo tormentoso y lleno de tensiones, agotador, repleto de crisis de identidad y trastornos emocionales, de alienación psicológica y de enfrentamiento y conflicto con los padres. Esto puede dar lugar a la aparición de conductas antisociales y/o delictivas que llegan a crear una fuerte alarma social por ser protagonizados por jóvenes adolescentes.

Hoy día, la adolescencia se caracteriza por ser para los jóvenes una etapa adaptativa de crecimiento, donde se acelera su desarrollo, el cual viene acompañado de una estabilidad emocional y armonía intergeneracional. Alves (1995), señala que nos encontramos ante un periodo prometedor y lleno de oportunidades, adquiriéndose nuevas y significativas dimensiones, alcanzándose una mayor autonomía creativa mediante la abstracción y puesta a prueba de hipótesis sobre el mundo y sobre sí mismo.

En este sentido, las conductas antisociales, las infracciones y los ilícitos penales que puedan llegar a ser perpetrados por estos, formarían parte de la conducta exploratoria y de autoafirmación dentro de un proceso normal de crecimiento, aprendizaje y desarrollo social, que les llevará a convertirse en adultos independientes y útiles para la sociedad (Swaw, 2001).

Para Berk (1997), la autonomía adolescente tiene un fuerte componente emocional, prevaleciendo lo de uno mismo sobre aquello que viene de sus padres. Como agentes socializadores, toman gran importancia lo iguales o pares desarrollándose nuevos puntos de vistas y habilidades sociales.

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Es dentro de ese grupo de iguales (amigos, compañeros de clases, etc.), en el cual los jóvenes adolescentes miden su identidad lejos del vínculo familiar y del papel que sus padres les habían asignado. Nos encontramos ante una relación horizontal y próxima, donde se comparte sentimientos, pensamientos y/o expectativas que son incapaces de confiar con sus padres, tales como la sexualidad, consumo de alcohol y drogas, ocio, etc., (Elzo, 2000). El grupo brinda de nuevas fórmulas de aprendizaje social y autorregulación personal a las que no tienen acceso a través de otros agentes socializadores (Carnevalli y Källman, 2007).

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Por consiguiente, las amistades conquistan el apoyo emocional que desempañaba la familia, el grupo de iguales gana en intensidad, importancia y estabilidad, confirma su identidad y genera en los adolescentes un importante sentimiento de vinculación, que le ayudan a asumir responsabilidades por contar con recursos inmediatos que le ayudan a afrontar sus frustraciones (Musitu, Buelga, Lila y Cava, 2001).

Pese lo anterior, para Adelson (1970), la familia sigue teniendo una gran influencia sobre los jóvenes adolescentes, lo cual los hace menos vulnerables a la presión que pudiera ser ejercida por el grupo de iguales.

Entonces, ¿cómo puede llegar el grupo de iguales a reemplazar el papel que desempeña la familia? Conger (1971), señala que “el niño orientado por lo pares es más un producto de la indiferencia paternal que del atractivo del grupo de pares” (p. 1128-1142); según este autor, los padres llegan a perder el control sobre su hijos cuando:

  • Nos encontramos ante un grupo fuerte y homogéneo, con actitudes y conductas opuestas a la de los padres.
  • La relación padres – hijo no es satisfactoria.
  • Los valores que los padres intentan transmitir no llegan a los hijos, por ser incoherentes, poco realistas, inadaptados o hipócritas.
  • Los adolescentes por sí mismo carecen de la independencia y seguridad que aminoren la influencia del grupo de iguales.

Para Carnevalli y Källman (2007), la existencia de conflictos intrafamiliares, familias desestructuradas y situaciones de precariedad socioeconómica, llevarán a los adolescentes a buscar refugio en el grupo de iguales, lo cual aumentara el nivel de influencia sobre estos.

No cabe duda, que la influencia entre iguales no deja de ser positiva cuando los valores o capacidades que se trasmiten ayudan a los adolescentes a desarrollar su identidad, interaccionan socialmente y le son válidos para entrenar las habilidades en resolución de conflictos y problemas que se le presenten; ahora bien, nos podemos encontrar ante un factor de riesgo cuando les empuje a conductas antisociales y/o delictivas.

La pertenencia a un grupo, banda y/o pandillas pueden hacer  llevar a los jóvenes adolescentes a la perpetración de actos punibles como prueba de sometimiento (demostración de pertenencia) y reconocimiento hacia estos.

Por norma general, carecen de una estructura y organización jerarquizada estable, los grupos de iguales no tienen la consideración de asociaciones ilícitas organizadas con una finalidad espuria; los actos ilícitos llevadas a cabos, adolecen de planificación previa y no cuentan con una distribución de funciones, la única recompensa que obtienen es la cooperación y el apoyo moral del grupo (Carnevalli y Källman, 2007).

Ahora bien, existen factores de riesgo que llegan a distorsionar la función del grupo de iguales como espacio de transición psicosocial entra la familia y la sociedad, estos factores son, entre otros:

  • Origen social.
  • Pertenencia étnica.
  • Género.

Estos factores influyen entre iguales para asociarse con aquellos que podemos considerar desviados, donde el joven adolescente encuentra un apoyo sólido dentro de la organización, un mayor reconocimiento personal, y una función más específica y especializada; esto le ofrece éxito personal y protección frente a las agresiones de terceros, en principalmente cuando se trata de adolescentes que residen en barrios marginales/estigmatizados.

Para Walgrave (1995), los jóvenes estigmatizados presentan lo que denomina “vulnerabilidad societal” (p. 1260):

  • Niños y adolescentes que han fracasado en su proceso de sociabilización (familias disfuncionales, fracaso escolar, etc.).
  • Satisfacen la falta de compensación psicosocial mediante el refuerzo que reciben en grupos de iguales con valores distorsionados con respecto a los aceptados socialmente.
  • La forma de legitimar su valores es desafiando aquellos socialmente aceptados (comportamientos antisociales y delictivos, etc.).

Lo anterior hace que el adolescente no sólo sea aceptado en el grupo de iguales, sino que obtenga la aprobación y reconocimiento del mismo; con esto, el joven adolescente logra una autoestima alternativa.

Otro de los factores que señalan Carnevalli y Källman (2007), como favorecedores para la perpetración de hechos punibles llevados a cabo por bandas juveniles, sean estos desviados o no, son los siguientes:

  • Formación de estructuras autoritarias.
  • Presión del grupo sobre el adolescente para que actúe según las normas y reglas internas.
  • Dinámicas de grupos de que promuevan y faciliten conductas violentas y la perpetración de hechos punibles.

Las dinámicas de grupo llevan consigo una menor resistencia individual a comportarse antisocialmente por parte de los jóvenes, hacen que se rebaje de forma significativa el umbral que evite que estos cometan determinadas conductas no aceptadas socialmente (conductas arriesgadas, violentas, prohibidas destructivas, etc.).

La diversidad organizativa de los jóvenes, impide reconocer el confín entre grupo de iguales (integrados o rebeldes), bandas juveniles que de forma ocasional tienen un comportamiento antisocial y las bandas o pandillas de jóvenes delincuentes.

Motivado por esa diversidad organizativa a la que se ha hecho mención, Sarnecki (2001), señala la dificultad de la comunidad criminológica para alcanzar un consenso en la definición de banda.

Para Mirón y Otero (2005), la pertenencia a una banda lleva consigo, en mucho de los casos, un salto cualitativo y una autodefinición implícita que los diferencia del resto; por tanto nos encontramos ante un fenómeno que, criminogénicamente, es bastante sobresaliente, ya que si por una parte, el grupo de iguales puede facilitar la integración social de los adolescentes, nos podemos encontrar con un factor de riesgo cuando aquellos formen parte de bandas con una organización estructurada, y siguiendo las teorías de corte social y subculturales, les lleve cursar una carrera delictiva.

Sanchez Jankowsski (1991), advierte que las bandas van más allá que simples organizaciones imprecisas y provisionales, nos encontramos ante colectivos donde la interacción entre sus integrantes viene definida por una seria de reglas y roles. Este autor señala que nos encontramos ante verdaderas organizaciones que carecen de la burocracia que se le supone, lo cual hace que se desconozca sus características organizacionales.

Entre los factores que se hacen necesarios para reconocer ese salto cualitativo entre grupos de iguales y las bandas, Esbensen (2000) y Perrone y White (2000), significan los siguientes:

  • El grupo de debe estar formado por un mínimo de dos jóvenes que mantengan contacto con asiduidad.
  • Sus miembros deben tener una edad entre los 12 y los 25 años.
  • Comparten un mismo sentido de identidad (colores, tatuajes, vestimenta, etc.).
  • Permanencia estable, superior a un año.
  • La banda está ligada a un territorio o zona que considera como suyo.
  • Poseen una estructura a menudo informal de liderazgo identificable.
  • Las reglas son reconocidos por todos sus miembros de forma implícita.
  • Presenta cierto grado de actividad criminal.

Por su parte, Curry y Decker (1998), en un ambicioso trabajo de revisión teórica y teniendo como referencia diferentes modelos criminológicos, significan las coincidencias existentes entre las diferentes definiciones de bandas:

  • Las bandas son grupos de individuos.
  • Cuenta de alguna forma con algún símbolo que les identifica como miembros de la banda (vestimenta, tatuajes, lenguaje gestual, etc.).
  • Tienen un código de comunicación especial (verbal o no verbal), argot, gestos, graffitis, etc.
  • Permanecen en la organización un mínimo de un año.
  • Existe un territorio que la banda define.
  • Sus componentes están implicados en conductas antisociales y/o delictivas, este tipo de conductas significan su permanencia a la banda.

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La validez transcultural (historia, evolución, redes de apoyo social, situación económica y social, sistema de valores, estructura organizativa, etc.), así como las circunstancias que separan a las sociedades americanas (anglosajona y latina), de las europeas, es una dificultad añadida a la que debe enfrentarse la comunidad científica para buscar un consenso sobre la definición de banda.

Para las bandas de origen europeo, Weitekamp (2001), significa las siguientes características:

  • Existen en comunidades deprimidas.
  • La conforman grupos de minorías o de inmigrantes sobre la base racial, nacional o étnica.
  • Predomina el sexo masculino sobre el femenino.
  • Las bandas suelen permanecer estables en el tiempo, existiendo durante largos periodos.
  • Sus integrantes son jóvenes adolescentes o jóvenes adultos.
  • Sus miembros proceden generalmente de clases sociales marginadas y excluidas, con poca o nula expectativas de futuro.
  • Las bandas participan en todo tipo de actividades delictivas.

En el caso español, Madrid y Murcia (2008), en un estudio de campo señalan las principales características de las bandas juveniles latinas con arraigo en nuestro país:

  • Fuerte estructura jerárquica.
  • Funcionamiento sectario.
  • Reglamento de funcionamiento; código de disciplina.
  • Signos de identidad.
  • Rituales de iniciación.
  • Tradición de rezos y rituales.
  • Se financian a través del pago de impuestos o cuotas.
  • Operan en un territorio definido.
  • Código de silencio.
  • Pueden llegar a tener conexiones transnacionales.
  • Actúan en la clandestinidad.
  • Participan en todas aquellas actividades ilícitas.

Llama poderosamente la atención, por tener una relación directa con la seguridad ciudadana, aquellas características que tienen que ver con el código de silencio, las conexiones transnacionales, la clandestinidad y su participación en actividades ilícitas, al comprometer estas la convivencia pacífica, las libertades de los ciudadanos y la seguridad.

Son muchos los investigadores que asocian las bandas con objetivos de índole económico como fuente de financiación donde sustentar a la estructura organizativa; Miller (1992), realiza la siguiente definición:

“Una banda es una asociación voluntaria de pares, unidos por intereses comunes, con un liderazgo identificable y una organización interna, que actúa colectiva o individualmente, para lograr algunos objetivos inclusive actividades ilegales y el control de un territorio, equipamiento o negocio” (p. 21).

Por otra parte, la visión que tenía Thrasher (1927), del concepto de banda era bastante más amplia, extendiende la misma tanto a grupos que realizan actividades convencionales como aquellos que  los llevaban a la comisión de actividades desviadas; este autor entendía que una banda actuaba como un agente socializador a través del conflicto, “la banda es un grupo intersticial que en origen se ha formado espontáneamente y después se ha integrado a través del conflicto”. Para Thrasher (1927), las bandas se caracterizan por sostener los siguientes comportamientos desviados:

  • Participación en peleas y batallas.
  • Movimientos a través del espacio como si fuesen una unidad.
  • Conflictos y planificación.

Lo anterior conlleva el desarrollo de una tradición, una estructura interna irreflexiva, un espíritu de corps, solidaridad moral, conciencia de grupo, vínculo a un territorio local y un satisfactorio sentimiento de pertenencia al grupo.

Continúa este autor señalando, que las bandas emergen para fomentar las actividades lúdicas y de ocio fuera de la supervisión familiar, dando prestigio, seguridad y oportunidades a los adolescentes lejos del control paterno. Considera que si bien en ocasiones tienen contacto con actividades ilícitas, se enmarca dentro de lo que define como conductas antisociales de estatus.

Importante es la reflexión que realiza al respecto, atribuyendo a la banda un papel de refugio cuando la familia como institución ha fracaso, en ese momento, es la banda la que se encarga de la nada difícil tarea de integrar socialmente al sujeto, se constituye en una familia alternativa en la cual llega a experimentar con actividades delictivas, lo cual tiene como respuesta una represión social que hace que esta se estructure, defienda y progrese.

Vanderschueren y Lunecke (2004), destacan que lo verdaderamente llamativo de una banda no reside únicamente en el cobijo y protección que esta les brinda, sino identificarse entre esa élite de guerreros, participando activamente en la construcción de una identidad que los diferencie del resto, como si de una marca se tratara. Esa identificación se manifiesta al exterior de la siguiente manera:

  • Nombre de la banda.
  • Ritual de iniciación que actúa como filtro para eliminar a los débiles y poco comprometidos (Vigil Barrios, 1998).
  • Reglas implícitas a respetar.
  • Pertenencia a un territorio.

En definitiva, una banda es para un adolescente algo muy importante, este llega a formar parte de un grupo de elegidos comprometidos con un fin, sin el cual no tendría sentido, ya que en caso contrario se diluirían, como si de un pacto de sangre se tratara, tiene encomendada una defensa solidaria a todos los miembros de la banda así como la del propio territorio.

La búsqueda de esa dinámica de autoafirmación, tiene las siguientes consecuencias:

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La suma de ambos elementos asegura la solidaridad interna de los miembros de la banda, lo que hace que actúen como cómplices, fortalece la cohesión interna y la estructura jerarquizada desde el simple simpatizante hasta el núcleo más duro.

En un estudio realizado por el Instituto Universitario de Investigación sobre Seguridad Interior (UNED, 2006), señala que para la supervivencia de la banda se exige una plena identificación de aquellos miembros que la integran, desarrollándose una dinámica parecida a la de los grupos de manipulación psicológica:

“El líder, así como todo lo que le rodea a los orígenes del grupo, está en mitificado. Siempre las normas internas y los credos de cada banda, la persona o personas que han fundado el grupo tenían la voluntad de crear una institución basada en los valores de lucha social contra la supuesta opresión. (…) Cualquier persona ajena a la banda puede ser considerada enemiga, identificando lo bueno al grupo, y lo malo al resto de la sociedad que les rodea. Así es que las reyertas, el uso de la violencia y la comisión de delitos, son considerados como medios de defensa ante lo que ellos definen como hostilidades externas”.

 

Otra de las preguntas a las que se debe dar respuesta, es el momento en el que para los adolescentes, una banda les puede llegar a ejercer una mala influencia, pues tal y como hemos visto en un principio, esta le aporta lo siguiente:

  • Se trata de un espacio donde crecer y construir su identidad junto a sus iguales.
  • Se siente parte de un proyecto donde, entre otros, recibe y da afecto, encuentra solidaridad, camaradería, reconocimiento y seguridad.
  • El adolescente se encuentra en un lugar abierto donde puede expresar su vitalidad y rebeldía frente a las normas sociales.
  • Como forma de aprendizaje le es válida para adquirir las habilidades básicas para afrontar la vida adulta, pudiendo poner a prueba sus capacidades y valía personal.

Todas estas particularidades, producen sobre los adolescentes un efecto llamada, lo cual hace mostrar su interés por integrarse en las mismas.

Pese a lo anterior, debe mantenerse ciertas precauciones hacia el potencial criminógeno de las bandas, así como de aquellos factores de riesgo que facilitan la integración de los adolescentes en las mismas.

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Como ha quedado constatado, las bandas producen sobre los jóvenes cierta sociodependencia que puede estar directamente relacionado con la trasformación que estos sufren y que les lleva, en alguno de los casos a aislarse, convirtiéndose en personas antisociales, tratándose de una de las principales preocupaciones que más ocupan a sus padres; por ello, la importancia de reconocer e identificar aquellos indicadores de pertenencia que favorecerán una pronta y rápida actuación sobre los mismos.

Para Jaén, Moreno y Silva (2006), una sociedad donde los jóvenes pueden sentirse rechazados, o bien se les niega el futuro y el presente, facilita la integración en una banda, donde pueden lograr cierto prestigio, estatus antes las chicas del barrio, una vida llena de emociones y la posibilidad de obtener ingresos económicos.

Según Rodríguez (2006),

 “el saberse integrante de una organización de este tipo aporta al joven marginado una doble seguridad, la que proporciona un grupo cerrado que no admite a cualquiera y la posibilidad de ascender en la cadena de mando si tiene la fortaleza y obediencia necesaria”.

Por todo lo anterior, los adolescentes se sienten cautivados por las bandas, ya que para Levine y Montoya (2001), es el único lugar en el que “pueden sentir y proclamar con pasión: ¡Soy alguien!” (p. 33).

Es precisamente en un estudio realizado por los anteriores, y en el cual se analizaba las causas que llevaban a los jóvenes a mostrar su interés en ingresar en bandas, donde expresan los motivos más significativos que les hacía tomar tal decisión:

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La pertenencia a una banda puede comportar para el adolescente, tanto consecuencias positivas como negativas, y tal como hemos estudiado, parece como hecho cierto la influencia que sobre los mismos pueden ejercer para el normal desarrollo del proceso de maduración (reduce sus aspiraciones vitales), llegando a afectar sus relaciones sociales y perturbar su progreso académico. Otra posibilidad, es la puerta que se le abre sobre futuras conductas de riesgo, llámese contacto con el alcohol y las drogas, el vandalismo, peleas y la delincuencia ocasional.

Son muchos los investigadores que se han centrado en el estudio de la identificación de aquellos factores que aumentan el riesgo de integrarse a una banda. En este sentido, cabe destacar la aportación de Hill, Hawkins, Catalano, Kosterman, Abbott y Edwards (1996), en el marco del Social Saettle Development Proyect, donde a continuación se hará referencia a alguno de esos factores que están presentes:

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Por otra parte, según Fernández (2005), los militantes de las bandas juveniles resultan en muchos de los casos, de entre adolescentes que reúnen las siguientes características:

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Para este autor, el perfil de estos jóvenes se caracteriza por crecer en un ambiente donde predomina la pobreza, la desigualdad y la desestructuración social, donde no existen redes de apoyo o recursos asistenciales alternativos.

Continua diciendo, que estos jóvenes han perdido la cohesión con su vínculo familiar, se trata de familias rotas y problemáticas con episodios de violencia intrafamiliar; el joven convive con la violencia, debiendo hacer uso de la violencia para dar respuesta a su grado de frustración.

También puede darse el caso de que se trate de jóvenes que se hayan tenido que criar en la calle, o bien han pasado mucho tiempo en ella, alejados y apartados del control y la dirección paterna, ya sea por la ausencia de los mismos, o por las obligaciones laborales que propician una falta de interacción y supervisión.

 

Las bandas juveniles cumplen un papel importante en el crecimiento de sociabilización de los adolescentes, les permite entre muchos otros, desarrollarse personalmente así como experimentar conductas novedosas, que le permitirán a este cumplir con éxito el proceso que les llevará a independizarse de su familia y forjar su propia personalidad.

Ahora bien, las bandas pueden ejercer sobre los jóvenes ciertas influencias que podrían llevarlos a cometer conductas antisociales, en mucho de los casos como simples conductas exploratorias y de autoafirmación, si bien, estas le puede llevar a la comisión de hechos delictivos, iniciándose de esta forma una carrera delictiva que tendría como consecuencias una delincuencia insistente y que se prolongue en el tiempo.

Esta doble condición, acarrea problemas teóricos sobre su contextualización, entre ellas los múltiples términos que se emplean para definirla, banda juvenil, grupo de iguales, tribus urbanas, pandilla, mara (El Salvador, Honduras y Guatemala), combo (Colombia), gangs, etc. Además de las ya mencionadas, la Red EUROGANG[1] (1988), cuyo objetivo es desarrollar instrumentos metodológicos para estudiar las bandas juveniles y establecer comparaciones en esta área entre Europa y Estados Unidos, estableció la siguiente definición común para el término de banda juvenil, “Un grupo juvenil, duradero, con orientación hacia la calle y otros espacios públicos y con una identidad grupal definida de forma primordial por la participación en actividades delictivas”.

Criminológicamente, el mayor desafío que se debe afrontar es que las bandas juveniles no se conviertan en la cantera o sirvan como reclutamiento de organizaciones del crimen organizado y la delincuencia; las bandas conocen el terrero, pueden trapichear a menor escala al tráfico y venta de drogas, cometidos de vigilancia y control; y como ya hemos analizado, estos están sometidos a la ley del silencio, no colaboran con la policía, no dudan en hacer uso de la violencia, obedecen y respetan la estructura jerárquica, y lo no menos importante su condición de menores los hace en mucho de los casos inimputables.

Por todo ello, se han analizado las motivaciones que llevan a un adolescente a formar parte de una banda y cuando comienzan a influir de forma negativa sobre los mismos, haciéndose necesario conocer los factores de riesgo asociados al perfil del joven adolescente que llega a integrarse en las mismas para la intervenir multidisciplinarmente sobre el origen de las causas que lo determinan.

 

[1] Grupo  de Investigadores de Universidades e Institutos de Criminología tanto en Europa como en Estados Unidos.

Banda juvenil, delincuencia juvenil, grupo de iguales, tribu urbana, pandilla, banda callejera

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