Difusión de Beneficios

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La difusión de beneficios se enmarca dentro de los estudios del desplazamiento del delito y hace referencia a la extensión de los beneficios obtenidos en una intervención más allá de los lugares, sujetos, delitos y momentos  escogidos como objetivos del programa. En otras palabras, se trataría de las consecuencias positivas no esperadas tras la implementación de un programa de intervención. Al contrario que el desplazamiento del delito, la difusión de beneficios es un tema aún desconocido por muchos criminólogos. Sin embargo, está de plena actualidad dentro de la Criminología Ambiental y la prevención situacional del delito. Por ello, en este artículo se pretende explicar qué es y cómo se puede medir, al mismo tiempo que introducir otro fenómeno descubierto recientemente que guarda mucha relación con la difusión de beneficios, esto es, los beneficios anticipados.

Esquema sobre los efectos primarios y secundarios de las estrategias de prevención del crimen. Clarke y Weisburg (1994)

Una de las mayores críticas a las medidas de prevención situacional ha sido aquella que cuestiona su efectividad, y está basada en la creencia de que la intervención situacional únicamente consigue desplazar el delito, pero no evitarlo ni solucionarlo. Sin embargo, el estudio dentro de este campo ha puesto de manifiesto que no todo desplazamiento es negativo, ya que en algunas ocasiones puede considerarse beneficioso o benigno cuando el daño producido por el delito desplazado es menor que el que existía antes de la intervención (Soto, 2013). Por ejemplo, si una cierta cantidad de delito se desplaza a una tipología delictiva más leve, sigue siendo un resultado positivo respecto a la situación de partida (Vozmediano y San Juan, 2014). Además, actualmente se está poniendo de manifiesto la existencia de otros efectos secundarios de las intervenciones situacionales a parte del desplazamiento. Esto es, la difusión de beneficios y los beneficios anticipados, de los cuales vamos a hablar a continuación.

La difusión de beneficios es la otra cara del desplazamiento, el efecto positivo tras la aplicación de medidas preventivas, y ha recibido varias terminologías: “efecto multiplicador”, “efecto halo”, “efecto plus” y “efecto aprovechado” (Soto, 2013).

Clarke y Weisburd (1994, p. 169 y ss) proponen la siguiente definición del fenómeno y elaboran un esquema de los efectos primarios y secundarios de las estrategias de prevención del crimen:

“The term “diffusion of benefits” is proposed to refer to the spread of the beneficial influence of an intervention beyond the places which are directly targeted, the individuals who are the subject of control, the crimes which are the focus of intervention or the time periods in which an intervention is brought[1]”.

Si observamos la imagen que se adjunta con el artículo, la intervención sobre unos determinados elementos (lugar, criminales, delitos y tiempo) provoca un primer efecto sobre la delincuencia, pudiendo reducirla, incrementarla o dejarla como estaba. En caso de haber observado una reducción, pueden suceder otros fenómenos, que en este caso serían los efectos secundarios. Estos efectos secundarios son tres: el desplazamiento maligno (si incrementan los delitos fuera del ámbito de nuestra intervención), desplazamiento benigno (si existe un incremento de delitos pero se trata de crímenes menos serios o con menor victimización repetida), y por último, la difusión (si se reduce el crimen fuera del ámbito de nuestra intervención).

Además, los autores (Clarke y Weisburd, 1994) clasifican la difusión de beneficios en dos tipos atendiendo a los diferentes procesos que subyacen al fenómeno: disuasión y desaliento (en inglés: deterrence y discouragement):

  • La disuasión hace referencia a aquellas ocasiones en que las medidas situacionales parecen ser sobrevaloradas por los potenciales delincuentes, los cuales creen que están bajo una mayor amenaza de ser descubiertos de la que en realidad existe. La idea fundamental en la disuasión es el incremento del miedo a ser arrestados, y por tanto castigados. Un ejemplo podría ser la evaluación que realiza Poyner (1988, citado por Clarke y Weisburd, 1994) en el norte de Inglaterra sobre el uso de cámaras de seguridad en los autobuses para evitar el vandalismo juvenil. A pesar de que sólo se instalaron en dos autobuses y en otros tres se pusieron cámaras falsas (de ochenta autobuses que eran en total), el vandalismo se redujo rápidamente en toda la flota. Esa difusión de beneficios parece haber tenido su causa en la buena publicidad que se hizo de la implementación de la medida, y en la repetida visualización de una grabación de un autobús por las diferentes escuelas de la zona. Así pues, los jóvenes pensaron que la mayoría de los autobuses tenían cámaras, o al menos, dudaron a la hora de realizar el acto vandálico por si ese autobús concreto tenía una cámara.
  • El desaliento se refiere al efecto que provoca en el sujeto la sensación de que se ha aumentado el esfuerzo que conlleva realizar el delito. De acuerdo con la opción racional, si el esfuerzo percibido es desproporcionado en relación a la recompensa que se espera obtener, el cálculo de costes y beneficios será negativo y por tanto, el sujeto se verá “desalentado”, por lo que decidirá no delinquir. Todo esto a pesar de que el riesgo de detección no haya incrementado. La extensión de ese “desaliento” más allá del ámbito de nuestra intervención constituye el segundo tipo de difusión de beneficios. Un ejemplo de ello lo proporciona Pease (1991, citado por Clarke y Weisburd, 1994) al evaluar las medidas de prevención para reducir el robo en una urbanización británica. Una de las medidas más efectivas fue remplazar la forma de pagar el gas y la electricidad, ya que antes el dinero se acumulaba en la vivienda[2]. A pesar de que sólo se remplazó en aquellas casas que ya habían sufrido un robo anteriormente, los beneficios se extendieron a las demás casas. Este hecho pudo deberse a que el esfuerzo de los ladrones se incrementó. Antes, normalmente todas las casas que tenían la forma de pago anterior estaban concentradas en una zona, por lo que los ladrones podían escoger la vivienda al azar, lo que a su vez aumentaba la vulnerabilidad de todas las casas de esa zona, tuviesen o no la referida forma de pago. Con el cambio, ya no podían estar seguros de encontrar una casa con dinero en efectivo sin realizar un esfuerzo adicional.

Beneficios anticipados

Una vez entendida la difusión de beneficios, es necesario conocer otro fenómeno relacionado que se ha descubierto recientemente, los beneficios anticipados en la prevención del delito[3] (Smith, Clarke & Pease, 2002). Lo que vienen a decir estos autores es que existen una serie de consecuencias positivas para la prevención del delito que ocurren previamente a la implementación de las medidas. Esto podría deberse a muchas razones, pero en particular analizan la publicidad de las medidas. Los medios de comunicación pueden influir, al igual que la visibilidad de cómo se prepara el plan de prevención (por ejemplo instalando cámaras de vigilancia). También los rumores y habladurías sobre las medidas pueden ser relevantes, sobre todo entre delincuentes, los cuales pueden avisarse unos a otros de que la policía se ha puesto seria (ya que han visto cómo detenían a alguien o ellos mismos han sido objeto de detención).

Smith, Clarke & Pease (2002) analizaron diversas investigaciones en busca de aquellas que hubieran registrado algún tipo de consecuencia positiva de manera previa a la implementación de las medidas programadas. Así pues, encontraron que, de los 52 casos lo suficientemente detallados para analizar si existieron o no beneficios anticipados, 22 mostraron evidencia a primera vista del efecto anticipado. Los autores incluyen una tabla en su artículo en la que se muestran siete evaluaciones publicadas sobre iniciativas de prevención del crimen en las que se registran beneficios anticipados. Algunos ejemplos son:

  • El estudio de Barclay et al. (1997) muestra la existencia de una reducción en los robos de vehículos en los aparcamientos antes de que se pusiera en marcha la patrulla en bicicleta encargada de la seguridad. La posible explicación pudiera residir en la campaña publicitaria que se llevó a cabo de manera previa a la implementación de la medida, lo cual podría haber provocado que los delincuentes no supieran con seguridad cuándo iba a empezar la patrulla.
  • Brown (1995) encontró una reducción de los robos cuando se instalaron cámaras de seguridad en noviembre del 1992. Sin embargo, éstas no empezaron a funcionar completamente hasta marzo de 1993. Otra vez más, los delincuentes tuvieron una idea equivocada de cuándo iba a empezar a funcionar efectivamente la medida.
  • En el informe del Northern Consortium (2001) se evalúa el programa del Home Office dirigido a la reducción de los robos que se implementó en diferentes sitios, mostrando fuertes beneficios anticipados.

Tilley y Hopkins (1998) ponen de manifiesto que la reducción de robos se produjo a partir del anuncio de la iniciativa de instalar alarmas, a pesar de que ésta no se puso en marcha hasta pasados ocho meses después.

[1] Traducción al castellano: “El término “difusión de beneficios” se propone para hacer referencia a la extensión de la influencia beneficiosa de una intervención más allá de los lugares sobre los que se ha dirigido directamente, los individuos que han sido sujetos del control, los crímenes que han sido el centro de la intervención o los períodos temporales en los cuales se ha llevado a cabo la intervención”.

[2] En inglés: “the replacement of coin-fed gas and electicity meters with ordinary billed meters”.

[3] En inglés: “anticipatory benefits in crime prevention”.

Una de las cuestiones que más preocupa a los investigadores es cómo medir las consecuencias de una intervención situacional del delito. Sin un método fiable, los críticos de la prevención situacional seguirán creyendo que el delito se desplaza, argumentando que el hecho de no haber descubierto signos de desplazamiento se debe a errores en la metodología de investigación.

Hamilton-Smith (2002), citando a diversos autores (entre ellos Repetto, 1976; Hakim and Rengert, 1981 y Barr and Pease, 1990), describe las seis principales formas de desplazamiento:

  • Temporal: se comete el mismo delito pero en un momento diferente.
  • Espacial: se comete el mismo delito contra el mismo tipo de objetivo pero en un lugar diferente.
  • Táctico o de método: se comete el mismo delito pero usando un método diferente.
  • De objetivo: se comete el mismo delito pero contra un tipo de objetivo diferente.
  • De tipo de crimen: se comete un tipo diferente de crimen.
  • De delincuentes: se produce cuando nuevos delincuentes remplazan a los anteriores que habían sido prevenidos.

Además, todas estas formas de desplazamiento de la delincuencia pueden ocurrir a la vez, con lo que, por ejemplo, un ladrón podría moverse a otro vecindario, empleando nuevas tácticas y delinquiendo a una hora diferente del día. Según Hesseling (1994), dado el alcance de las diferentes formas de desplazamiento que pueden operar al mismo tiempo, puede ser imposible demostrar empíricamente la existencia o magnitud del desplazamiento. Según Hesseling (1994, p. 199):

“With some exceptions, displacement has been studied empirically in two different ways: by conducting ethnographic studies of offenders’ motives and decision-making processes, and by evaluating the impact of programs to reduce crime. Most studies of displacement take the latter approach, evaluating the amount of displacement resulting from a crime prevention measure by examining crime rates in adjacent areas or for other offenses. If researchers observe an increase in crime rates, they typically assume that displacement has occurred as the result of the crime prevention project. It is possible, however, that other factors independent of the project are the cause of these findings, such as changes in the offender population, the opportunity structure, or the overall trend in crime rates[1]”.

Por todo ello, los críticos han argumentado que, debido a las limitaciones metodológicas, podría ser que el desplazamiento sí que existiera pero los métodos no fueran adecuados para detectarlo. Así pues, las deficiencias podrían ser: la utilización de muestras demasiado pequeñas, la utilización de estadísticas oficiales, que el grupo de control haya recibido parte del crimen desplazado, que no se puedan medir todas las posibles formas de desplazamiento y que otros factores presentes en la comunidad sean en realidad los causantes de la reducción de la criminalidad (Medina Ariza, 2011).

Como se puede observar, el fenómeno del desplazamiento es muy complejo y difícil de medir, por lo que podemos esperar algo similar en relación a la difusión de beneficios. Según Guerette (2009, p.4):

“As with displacement, diffusion of benefits can occur in many forms. Spatial and target diffusion occurs when areas or other crime targets near the intervention zone also experience a reduction in crime. Temporal diffusion occurs when other time periods experience a reduction in crime even though the intervention was not applied during those times. Crime type diffusion occurs when other crime types are prevented even though they were not targeted by the intervention[2]”.

Por ello, Guerette (2009) afirma que para poder evaluar todas las formas de  desplazamiento y difusión de beneficios se requiere el uso de al menos tres componentes diferentes (traducción obtenida de Soto, 2013):

  1. Área de intervención:

“(…) es el área donde se introducen las medidas situacionales para provocar cualquier cambio de comportamiento de la delincuencia o actitud frente a un problema. Generalmente se entiende como el área geográfica específica pero también puede ser un sistema, (como los autobuses de una ciudad), un grupo de instalaciones (bancos, tiendas), o un periodo temporal concreto” (Soto, 2013, p. 4-5).

  1. Área de desplazamiento/difusión:

“(…) es la zona que se determina como posible desplazamiento o difusión del delito y/o de la conducta problemática. También se puede entender como un área geográfica que rodea el área de intervención, pero puede tener otro sistema (como el traslado de la conducta problemática de un sistema de bus al sistema de metro) o un grupo de instalaciones (tales como tiendas de una zona a domicilios particulares) o de periodos de tiempo (por ejemplo de sábados por la noche a viernes por la noche). En el desplazamiento geográfico, esta área será ubicada alrededor de la zona de intervención y funcionará como amortiguamiento del programa preventivo” (Soto, 2013, p. 5)

  1. Áreas de control:

“(…) son las zonas que no aplicaron el programa preventivo y no tuvieron influencia del posible desplazamiento que puede tener la delincuencia. El área de control debe no haber recibido la respuesta de ningún efecto del desplazamiento ni tampoco haber sido influida por otro programa o intervención que pueda alterar los resultados estadísticos” (Soto, 2013, p. 5).

Las características del área de control deben ser las mismas, o al menos lo más parecidas posibles al área de intervención. La clave está en encontrar dos zonas que sean similares pero que no estén relacionadas, en el sentido de que no puedan influenciarse una a la otra.

Respecto a la selección de las áreas en las que se analizará el desplazamiento y la difusión de beneficios, se deben considerar tres criterios (Guerette, 2009):

  1. El primer criterio se refiere a que debe existir una razón lógica y concreta para esperar el desplazamiento o la difusión en ese lugar, objetivo, táctica, tiempo o tipo de delito concreto. Para el desplazamiento y difusión espacial, normalmente se requiere que el área esté cerca del lugar de intervenció (por motivos de cercanía y conocimiento del espacio, además del principio de decaimiento de la distancia). No obstante, hay otros casos en los que es lógico que el desplazamiento ocurra a cierta distancia del área de intervención, por lo que también debe ser examinado. Un ejemplo podría ser el caso de una conducta problemática que se produce en un parque, de la cual se podría esperar que se desplazase a otro parque, a pesar de que se encuentre a una distancia considerable. En estos casos será necesario evaluar la presencia de desplazamiento y difusión tanto en las zonas cercanas al área de intervención como en los lugares alejados pero que resultan lógicos respecto de un supuesto desplazamiento.
  1. El segundo criterio a considerar en la selección de las áreas de desplazamiento y difusión es el tamaño. El área geográfica elegida no debe ser muy grande comparada con el área de intervención, puesto que podría conducir a la conclusión errónea de que no ha habido desplazamiento. En otras palabras, puede haberse dado un desplazamiento del delito pero no discernirse la cantidad relativa al volumen de delitos debido a la excesiva extensión de la zona elegida. Tampoco debe ser muy pequeña, ya que se debe asegurar que cualquier relocalización del crimen pueda ser detectada. En la práctica, esto puede resultar dificultoso, por lo que es necesario contar con un buen analista delictivo para ver qué puede funcionar mejor en el caso concreto. Tal vez resulte necesario utilizar múltiples áreas de desplazamiento/difusión, o quizás diferentes tamaños para cada zona.
  1. El tercer criterio estipula que el área de desplazamiento/difusión debe estar libre de cualquier contaminación, la cual puede ocurrir cuando las áreas seleccionadas se solapan unas con otras, con las áreas de control, o con las áreas de intervención a parte de la que se está evaluando. Existe la posibilidad de que los cambios en el desplazamiento o difusión sean debidos a otras causas diferentes de la intervención. Por ello es necesario asegurar que el área escogida no se solapa con otras áreas de actividad. Sin embargo, en la práctica es casi imposible controlar todas las influencias externas, pero al menos se deben tratar de identificar para entender cómo pueden interferir en nuestras medidas de desplazamiento y difusión.

Difusión de beneficios. Tabla 1

 

Actualmente se están desarrollando métodos matemáticos para el análisis del desplazamiento y la difusión de beneficios. A continuación se va a realizar un breve repaso de los métodos más relevantes (Soto, 2013):

    A) Antes y después

Este método es el más sencillo y consiste en medir determinados marcadores delictivos antes y después de la implementación del programa de intervención. Como medidores, Soto (2013) propone algunos ejemplos:

“(i) El número de delitos por cada 100.000 habitantes; (ii) Los niveles de desorden como el vandalismo o las pintadas; (iii) Analizar la detención de los delincuentes habituales del área analizada y si han sido detenidos en el área de desplazamiento; (iv) Accidentes de tráfico; (v) Índices de daños ocasionados; (vi) Cuantificar los delitos graves” (Soto, 2013, 6).

Normalmente, su eficacia depende del tiempo dedicado a realizar la segunda medición (la que se obtiene después de la intervención), ya que cuanto mayor sea ésta mejor será para el método. Sin embargo,  la manera tradicional de interpretar los resultados es muy rudimentaria:

“Si hay un aumento del nivel medio de la delincuencia en la zona de desplazamiento/difusión sugiere la producción del efecto analizado en esta investigación, el desplazamiento. Si el aumento es menor que la reducción lograda en el área de intervención, el proyecto aún ha logrado un cierto éxito. Pero si el aumento en el área de desplazamiento es  mayor que la reducción que en el área de intervención, el proyecto no tuvo éxito debido a que el desplazamiento existe. Una disminución en el nivel de delincuencia o problemas de comportamiento en el área de desplazamiento o de difusión sugiere que la difusión se produjo y aumentaron los beneficios del proyecto en el área de intervención” (Soto,2013, p.6-7).

Sin embargo, la simple comparación del número de delitos antes y después de la intervención sólo es aplicable a investigaciones a pequeña escala o cuando no es muy necesario la precisión de los efectos del desplazamiento y la difusión de beneficios.

     B) Cociente de localización

El cociente de localización es otro método utilizado para medir el desplazamiento. Es un poco más complejo que el anterior, pero tiene el inconveniente de que no mide exactamente el desplazamiento, sino localizar los delitos de una zona y compararlos con otras. Según palabras de Soto (2013, p. 8):

“El cociente de localización es un índice que mide la sobrerrepresentación o subrepresentación de algunos fenómenos delictivos en un área de estudio en comparación con una serie de ámbitos. La finalidad del cociente es localizar las zonas en que ha aumentado o disminuido los delitos después de implementar un programa preventivo. Si el cociente es cero, indica que no hay variabilidad con el resto; si es menos uno, muestra que hay un nivel de delitos estudiados inferior a la media general; si es mayor a cero nos informará que hay un aumento de delitos en la zona. El cociente de localización nos permite evaluar la vulnerabilidad de los individuos en un área y es útil para la evaluación de programas preventivos”.

Para entenderlo mejor, podemos tomar como ejemplo el robo en comercios. En este caso, el numerador de la fórmula empleada tendría en cuenta los robos en comercios del área de estudio y los dividiría por el número de robos en comercios en todas las demás zonas que hemos escogido considerar. El denominador representaría el número total de comercios en el área de estudio y lo dividiría por el número total de comercios en todas las demás zonas escogidas. Una vez calculada la fórmula, para interpretar el resultado se deberá atender a lo expuesto arriba por Soto.

       C) Enfoque componente de Cohort

Difusión de los beneficios. 2
Si aplicamos el enfoque componente de Cohort a la Criminología Ambiental, obtenemos una ecuación  (D1) desarrollada por Brantingham y Brantingham (2003) que nos ayuda a medir la reducción de la delincuencia y el desplazamiento después de la implementación de una intervención:

Donde: “D0: Número de delincuentes que permanecen en activo después de la aplicación del programa preventivo; N: Es la población local que se convierte en delincuente tras la intervención; V: Número de delincuentes que desiste de la actividad delictiva después del programa; ID: Son los delincuente atraídos a la zona tras la intervención preventiva; ED: Son los delincuentes habituales de la zona que se desplazan a otra parte para cometer delitos” (Traducción obtenida de Soto, 2013, p. 10).

Este enfoque es muy general y su interpretación numérica es escasa por las dificultades en la obtención de información (ya que resulta muy complicado determinar el número de delincuentes en cada momento). Además, los cálculos de cambios personales de los delincuentes son muy variables, ya que cambian rápidamente y dependen de muchos factores sociales, lo que provoca muchos falsos positivos o negativos.

      D) Cociente ponderado de desplazamiento (CPD)

El CPD se basa en la comparación de lo que ocurre en las tres áreas explicadas anteriormente (área de intervención, de desplazamiento y de control) para analizar la existencia del desplazamiento. Así pues, el fundamento de este método reside en que se espera que cierta cantidad de delitos del área de intervención se trasladen al área de desplazamiento, pero sin que ello incida en el área de control. Para su cálculo se deben seguir cuatro pasos:

  1. Calcular el efecto bruto, es decir, los cambios observables después de la implementación de la intervención. Para ello se restan el número de delitos registrados antes y después de la intervención. Obviamente, si el resultado es positivo indicará que se han reducido los delitos, mientras que un resultado negativo se deberá interpretar al contrario. En caso de que el resultado sea cero, esto nos estará señalando que no ha habido cambio.
  1. Calcular el efecto neto, el cual nos indicará qué parte del cambio percibido (efecto bruto) se debe efectivamente a la aplicación de nuestra intervención. Para ello se compara el efecto bruto con los cambios en el área de control. Los resultados se deben interpretar de la misma forma que en el caso anterior.
  1. Calcular el Cociente Ponderado de Desplazamiento (CPD). La fórmula empieza a complicarse un poco, ya que lo que ahora se pretende es añadir al cálculo los delitos ocurridos antes y después de la intervención en el área de desplazamiento/difusión. De esta manera, el numerador de la fórmula nos indicará el cambio observado en la zona de desplazamiento (si es un número positivo se entenderá que han aumentado los delitos y por tanto ha existido desplazamiento, mientras que si el número es negativo se entenderá que ha habido difusión). El denominador indica si la respuesta ha sido eficaz o no en relación con el control, y su resultado debe ser negativo para que se entienda que el programa ha sido eficaz. Si es positivo se deberá abandonar el cálculo del CPD, ya que resulta inadecuado para analizar el desplazamiento o la difusión de beneficios. En caso de obtener un denominador negativo, se realizará el cálculo del CPD, y su resultado se interpretará de la siguiente manera:
  • Si es positivo: hay difusión. Si resulta ser mayor que 1 eso querrá decir que la difusión de beneficios ha sido mayor incluso que el efecto de la intervención.
  • Si es negativo: existe desplazamiento. Si se encuentra entre 0 y -1 aún puede entenderse que la intervención ha tenido éxito parcial, pero si el resultado es menor a -1 ello indicará que la intervención sólo consiguió empeorar la situación.
  1. Calcular el Efecto neto total (ENT) mediante la suma de la eficacia del programa en el área de intervención y de la difusión/desplazamiento. Un resultado positivo indicará difusión y negativo mostrará desplazamiento. Cuanto más positivo sea el Efecto neto total, más eficaz entenderemos que habrá sido nuestra intervención preventiva.

[1] Traducción al castellano: “Con algunas excepciones, el desplazamiento ha sido estudiado empíricamente de dos formas diferentes: mediante el estudio etnográfico de los motivos y procesos de decisión de los delincuentes, y mediante la evaluación del impacto de los programas para reducir el crimen. La mayoría de estudios del desplazamiento toman el segundo enfoque, evaluando la cantidad de desplazamiento resultante de una medida de prevención del crimen mediante el examen de las tasas delictivas en las zonas adyacentes o de otros delitos. Si los investigadores observan un incremento en las tasas de delitos, normalmente asumen que ha ocurrido un desplazamiento como resultado del proyecto de prevención. Sin embargo, es posible que otros factores independientes del proyecto hayan sido la causa de esos resultados, como los cambios en la población de delincuentes, la estructura de la oportunidad, o la tendencia en conjunto de las tasas delictivas.

[2] Traducción al castellano: “Como en el desplazamiento, la difusión de beneficios puede ocurrir de muchas formas. La difusión espacial y de objetivo ocurre cuando las zonas u otros tipos delictivos cerca de la zona de intervención también experimentan una reducción del delito. La difusión temporal tiene lugar cuando otros periodos temporales experimentan una reducción del delito a pesar de que la intervención no se aplicó durante esos periodos. La difusión de tipo de delito ocurre cuando se consigue prevenir otros tipos delictivos a pesar de que no fueron objetivo de la intervención”.

Como se ha podido ver, la difusión de beneficios está muy unida al desplazamiento, ya que ambos constituyen los dos fenómenos principales que se estudian cuando se quieren evaluar los efectos de una intervención. No obstante, estamos asistiendo al desarrollo de este nuevo campo de estudio dentro de la Criminología, por lo que es de esperar que aparezcan nuevos fenómenos, como ya está ocurriendo. Este es el caso de los beneficios anticipados, los cuales están poniendo de manifiesto que no sólo debemos centrarnos en estudiar el efecto objetivo de las medidas, sino también el subjetivo. En otras palabras, la efectividad de la intervención dependerá en gran medida de cómo perciban los delincuentes (o el colectivo al que va dirigida la intervención) las medidas adoptadas.

Criminología ambiental, Prevención situacional del delito, Desplazamiento del delito.

http://www.popcenter.org/library/crimeprevention/

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