Entomología forense

Share on Google+Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

La Entomología Forense es la  ciencia que estudia los artrópodos encontrados en un cadáver con el fin de poder concluir la fecha y el lugar de la muerte. Es una ciencia que aplicada a situaciones de índole médico-legal puede aportar mucha información en diversos casos de homicidios o muertes naturales y ayudar a la resolución de dichos casos.

En este documento se explicará de grosso modo en que consiste esta ciencia, cómo surge y como ha avanzado en estos años. Además, se explicarán los procedimientos generales a seguir para finalmente concluir con los errores más comunes en la práctica para ayudar a entender de una mejor manera la actividad que se realiza desde esta ciencia y lo más importante cómo se debe de realizar para obtener los mejores resultados posibles.

"Muscina stabulans", especie perteneciente a la familia "Muscidae". Forman parte de las denominadas " Oleadas o legiones de la muerte", que sirven a los expertos para establecer la data de la muerte.

La Entomología es una ciencia biológica que emana de la Zoología y su objeto de estudio son los artrópodos. Entendemos por artrópodos a los animales invertebrados dotados de un esqueleto externo con apéndices articulados, entre los cuales se encuentran los insectos, arácnidos, crustáceos y miriápodos. Los artrópodos presentan una gran variabilidad y están presentes en todos los ambientes del planeta. La palabra “in-secto” significa que su cuerpo está dividido en segmento y  a palabra Entomología proviene del griego, donde tomos significa “parte cortada” y de ahí: en-tomon (un ser segmentado) y tomo-logía (ciencia de los seres segmentados).

Dentro del conjunto en el que se aplica esta ciencia se encuentran tres  ámbitos de aplicación: la Entomología Urbana (relacionada con el hombre y su hábitat), la Entomología de los Productos Almacenados (estudio de los artrópodos que se encuentran en los productos alimenticios)  y la Entomología Médico Legal (encargada de estudiar la relación de los artrópodos con cadáveres para determinar la fecha de la muerte). Esta última es la que más se relaciona y se conoce comúnmente como Entomología Forense y trata cualquier característica relacionada con los artrópodos que involucre algún aspecto de índole legal.  (Arnaldos, Luna, Presa Presa, López-Gallego y García (2006)).

Como cuenta en su artículo la autora Magaña (2001) la primera referencia escrita que se tiene de un caso resuelto por la Entomología Forense se remonta al siglo XII. Dicha referencia se encuentra en un manual de Medicina Legal chino que cuenta un caso en el cual apareció un labrador degollado por una hoz. Para resolver este caso, se realizó un estudio de todas las hoces de los labradores que podían tener relación con la víctima, y aquella hoz a la que acudieron moscas atraídas por los restos de sangre de la víctima fue catalogada como el arma del crimen. Además de esto, son muy importantes los experimentos realizados por un naturalista del Renacimiento llamado Francisco Redi. Francisco Redi se propuso demostrar de una forma científica que las larvas que aparecían en los cadáveres procedían de insectos que depositaban sus huevos en él y no como la falsa creencia de la población que defendía que las larvas las producía el propio cadáver. Para esto Redi realizó el siguiente experimento: expuso al aire libre una gran cantidad de cajas descubiertas y cada una de ellas tenía en su interior un trozo de carne (a veces cruda y otras cocidas). A estos trozos de carne acudieron diversas moscas que devoraron la carne y depositaron sus huevos en los trozos, los cuales luego se convirtieron en larvas, después en pupas y posteriormente en individuos adultos. Redi pudo distinguir cuatro tipos de moscas: moscas azules (Calliphora vomitoria); moscas negras con franjas grises (Sarcophaga carnaria); moscas análogas a las de las casas (Musca domestica o quizás Curtonevra stabulans), y por fin moscas de color verde dorado (Lucilia caesar). Este experimento de Redi tuvo también su contraprueba, en la cual se colocaron el mismo número de carnes en cajas pero esta vez tapadas con unas gasas para que las moscas no tuvieran acceso a ellas. En este caso obviamente las carnes se corrompían, pero no aparecían en ellas ninguna larva ya que las moscas no podían atravesar las gasas. También se observó, que las hembras de las moscas intentaban introducir la extremidad del abdomen por las mallas intentado hacer pasar a sus huevos, e incluso algunas intentado depositar larvas vivas, de las cuales dos lo consiguieron. Redi también demostró que las moscas no cavan la tierra y que las lombrices de tierra en ningún caso se alimentan de los cadáveres enterrados. (Magaña, 2011)

A pesar de este descubrimiento, no fue hasta 1850 cuando Bergeret comienza a utilizar la entomología de forma seria como ayuda en la medicina legal. Bergeret era un conocido doctor francés, el cual se encontró ante un caso sobre un neonato emparedado en una chimenea. Bergeret trató de determinar el intervalo postmortem estudiando las larvas halladas en los restos del bebé. Aunque sus conclusiones no fueron del todo correctas, sentó las bases de esta ciencia. Tras esto y casi treinta años más tarde, el Dr. Brouardel, de la Facultad de Medicina de París, junto al conocido veterinario pero experto en entomología, Pierre Mégnin estudiaron de una forma metódica la fauna cadavérica. Este último, publicó dos grandes libros: La Faune des Tombeaux (La Fauna de las Tumbas) y en 1984, La Faune des Cadavres (La Fauna de los Cadáveres). Estas conclusiones sobre sus estudios siguieron aplicándose hasta bien entrado el siglo XX. (Cohen, Jesica, Sabina y Rinaldi (2006)).

Tras estos breves comienzos hasta la actualidad han existido diversos avances en esta ciencia la cual ha aportado infinidad de información en numerosos casos de índole médico-legal. Por lo tanto, los principales objetivos de la Entomología Forense son:   (Magaña 2001)

  • Datación de la muerte a través del estudio de la fauna cadavérica.
  • Determinación de la época del año en que ha ocurrido la muerte.
  • Verificar que un cadáver ha fallecido en el lugar donde ha sido hallado o ha sido trasladado hasta el mismo.
  • Dar fiabilidad y apoyo a otros medios de datación forense.

 

 

Cuando una persona muere su cuerpo pierde temperatura, la cual se equilibra con el medio ambiente en 24 horas, siempre que la temperatura exterior no sea demasiada baja. Van apareciendo livideces en el cuello y en las partes declives en la primera hora, mientras que la rigidez cadavérica se generaliza al cabo de unas siete horas para desaparecer en los posteriores cuatro días. En este proceso, es cuando las primeras moscas se van acercando al cuerpo para lamer la sangre y otras secreciones y a su vez depositar sus huevos. Así es cómo comienza a desarrollarse la fauna cadavérica, que atraviesa distintos periodos que podrían clasificarse en los siguientes:

Entomología1

 

Además de esta clasificación existen muchas otras que clasifican el tipo de insecto o el momento de descomposición del cuerpo. Una de las más destacadas es la clasificación de Leclercq citada en Cohen et al. (2006), sobre los artrópodos y el uso que le dan al cadáver, siendo la siguiente:

  1. Necrófagos: se alimentan del cadáver.
  2. Necrófilos: se alimentan de los necrófagos. Se puede distinguir entre los Predadores y los Parásitos.
  3. Omnívoros: comen tejidos muertos, insectos necrófagos, o ambos.
  4. Oportunistas: usan el cadáver como refugio.
  5. Accidentales

Otra de las clasificaciones más destacadas es el Sistema de Mégnin (citado en Cohen et al. (2006)) sobre las oleadas o “cuadrillas” por el que pasa el cadáver de una persona, ya sea como cualquier sustrato orgánico o por la acción de los organismos que viven él. Mégnin distinguió las 8 oleadas siguientes:

  1. Cadáver fresco
  2. Olor cadáverico
  3. Grasas rancias (“fermentación butírica”)
  4. Proteínas en descomposición (“fermentación caseica”)
  5. Fin de la anterior (“fermentación amoniacal”)
  6. Desecación del cadáver por ácaros
  7. Cuerpo momificado
  8. Desaparación de los restos de oleadas anteriores

Cuando la Entomología Forense es llevada a la práctica, existen diversos procedimientos que han de llevarse a cabo. Siguiendo el artículo de la autora Magaña (2001), cuando un investigador criminalista se enfrenta a un cadáver siempre ha de plantearse tres cuestiones principales:

  1. Causa de la muerte y circunstancias en las que se produjo
  2. Data de la muerte
  3. Lugar en el que se produjo la muerte

La Entomología no puede aportar respuestas a la primera cuestión, pero sin embargo tanto en la fecha como en el lugar de la muerte pueden ofrecer muchas respuestas y en muchos casos las únicas y definitivas. En muchos casos de homicidio, estudiando el intervalo postmortem se puede confirmar o refutar la coartada de un sospechoso, y además estudiando la fauna del lugar donde se encuentra el cuerpo, la temperatura y los artrópodos encontrados en el cadáver se puede determinar si el cuerpo se ha movido de un sitio a otro o si ese fue el lugar del crimen. El problema que surge a la hora de determinar el tiempo transcurrido desde la muerte es complejo, ya que a veces existen muchos factores desconocidos que impedimenta que se establezcan conclusiones definitivas. En general, este tiempo transcurrido desde la muerte es determinado por el análisis de los restos a través de la observación externa, el control físico-químico y la estimación del deterioro producido por el paso del tiempo en materiales como la ropa o los zapatos. La observación externa incluye diversos factores como la temperatura del cadáver, las livideces que aparecen en él, la rigidez, lesiones externas, acción por animales e invasión de insectos, etc. El segundo método incluye técnicas como determinación de elementos químicos y compuestos como el nitrógeno, aminoácidos y ácidos grasos. Y por último, la tercera técnica consiste en la valoración del deterioro de los tejidos plásticos, nylon y materiales semejantes que se encuentren en los objetos o ropa que se encuentre. (Magaña, 2001)

Además de esto, después de la muerte hay dos grupos de fuerzas postmortem que cambian la morfología del cuerpo:

  • Un primer grupo que incluyen factores externos como el crecimiento bacteriano, la invasión del cuerpo por diversos insectos y mordeduras de animales.
  • Un segundo grupo que se compone por los factores que proceden desde el interior del cuerpo, como por ejemplo el crecimiento de bacterias intestinales que aceleran la putrefacción y la destrucción enzimática de los tejidos. Dentro de este proceso de descomposición del cuerpo se pueden distinguir cuatro periodos importantes:
  1. Periodo Cromático: en esta fase es cuando se instaura la mancha verde en la fosa ilíaca derecha (a partir de las 24 horas del fallecimiento) y se empieza a ver el entramado venoso por la transformación de la hemoglobina.
  2. Periodo Enfisematoso: los gases de putrefacción comienzan a aparecer y además el cadáver empieza a hincharse. A parte de esto, se empieza a producir el desprendimiento de la epidermis.
  3. Periodo colicuativo: los tejidos se van transformando en un magma putrilaginoso y su forma habitual va desapareciendo.
  4. Periodo de reducción esquelética: desaparecen las partes blandas.

Todos estos periodos se encuentran afectados por diversos factores que pueden acelerar o retardas la descomposición. Dichos factores son: las circunstancias de la muerte, las condiciones del cuerpo anteriores a la muerte, la temperatura, la humedad, el tipo de suelo donde se produce la putrefacción, los insectos y otros animales. (Magaña, 2001)

Durante todo este proceso de putrefacción llegan diversos tipos de artrópodos al cadáver. Siguiendo la clasificación anterior de Leclercq citada en Cohen et al. (2006) y el artículo de Magaña (2001), dichos artrópodos pueden ser:

Especies negrófagas: se incluyen dípteros (Calliphoridae y Sarcophagidae) y coleópteros (Silphidae y Dermestidae).

Especies predadoras y parásitas de necrófagos: coleópteros como (Silphidae, Staphylinidae e Histeridae), dípteros (Calliphoridae y Stratiomydae) e himenópteros parásitos de las larvas y pupas de dípteros.

Especies omnívoras: se encuentran grupos como las avispas, las hormigas y los coleópteros que se alimentan tanto del cuerpo como de los otros artrópodos.

Especies accidentales: por ejemplo Collembola, arañas y ciempiés. Además, algunas familias de ácaros pueden alimentarse de hongos y moho que crecen en el cuerpo.

Usando la evidencia de los artrópodos en un cadáver, se puede determinar el tiempo transcurrido desde su muerte, utilizando dos métodos. El primer método se basa en estudiar la edad de las larvas y su tasa de desarrollo. El segundo, por otro lado utiliza el estudio de la sucesión de insectos en la descomposición del cuerpo. Ambos estudios se pueden utilizar tanto por separado como en conjunto dependiendo del cadáver que se esté estudiando. En las primeras fases de descomposición las estimaciones se basan en el crecimiento de una o dos especies (particularmente dípteros), mientras que en las fases más avanzadas se utiliza la composición y el grado de crecimiento de los artrópodos encontrados en el cuerpo y se comparan con patrones conocidos de sucesión de la fauna del lugar. (Magaña, 2001)

Los parámetros médicos se utilizan también para determinar el tiempo transcurrido desde la muerte, pero pasadas las 72 horas la Entomología Forense puede ser más exacta y muchas veces el único método para determinar el intervalo postmortem. Existen casos de homicidios en que los cuerpos de las víctimas son cambiados de lugar o el asesinato se produce en lugares remotos donde es muy difícil encontrar el cuerpo. En estos casos la Entomología Forense es de vital ayuda para determinar el momento de la muerte. A pesar de esto, la Entomología estudia la actividad de los artrópodos y en muchos casos la fecha que determina el entomólogo puede ser distinta a la que determina el médico forense. Esto puede deberse a diversos factores, como que los insectos no han podido acceder al cadáver en el momento de la muerte o por ejemplo en casos de niños y ancianos que sufren malos tratos y son abandonados pueden existir heridas que por falta de higiene son colonizadas por los insectos antemortem. Así pues y siguiendo a la autora Magaña (2011) para realizar una correcta estimación del intervalo postmortem hay que tener en cuenta que cada caso es único y diferente a los demás aunque el proceso siga una secuencia general. Dicha secuencia según Magaña (2011) fue presentada por Catts & Haskell en su monografía “Entomology and Death : A Procedural Manual”  y es la siguiente:

  • Determinar la fase o estado físico de descomposición en que se encuentra el cuerpo.
  • Realizar un estudio exhaustivo de los insectos que se encuentran sobre el cadáver así como de los recogidos debajo de él para descartar la posibilidad de que el cadáver haya sido trasladado de lugar. Si se tiene alguna sospecha sería necesario un examen adicional tanto de los restos como de las áreas cercanas.
  • Clasificar los especímenes recogidos tanto de los restos como de la escena del crimen lo más exactamente posible. Criar los estados inmaduros hasta el estadio adulto para su correcta identificación. La conservación de estos estadios inmaduros debe ser correcta para no afectar al tamaño que poseen en el momento de la recogida. La distribución estacional, geográfica y ecológica de cada grupo debe ser determinada bien por la literatura o por alguna persona cualificada para ello.
  • En los cadáveres encontrados al aire libre, es imprescindible recolectar datos como la temperatura, pluviosidad, nubosidad, etc. además de factores como vegetación, arbolado, desniveles del terreno etc. Para las escenas en el interior es igualmente necesario anotar temperatura, existencia de calefactores automáticos, posición del cadáver con respecto a las puertas y ventanas, así como cualquier otro detalle que nos pueda dar información de cómo y cuándo han llegado los insectos al cadáver.
  • Durante la autopsia es importante tomar nota de la localización exacta de los artrópodos en el cuerpo, así como de la causa y manera de la muerte. También es importante anotar si existe evidencia de la administración antemortem de algún tipo de drogas o productos tóxicos dado que la presencia de este tipo de sustancias puede alterar la tasa de desarrollo y los patrones de insectos que se hayan alimentado de los restos.

Además de este proceso general existe un protocolo a la hora de recoger muestras. Dicho protocolo se encuentra en el artículo de Magaña (2001) y es el que se presenta a continuación:

  • Recolectar una muestra completa de todos los insectos o ácaros que se encuentren tanto encima como debajo del cadáver.
  • Recolectar ejemplares tanto vivos como muertos, en estado adulto o larvario. Así como sus mudas.
  • En cadáveres recientes, se buscarán los huevos y larvas pequeñas en orificios naturales así como en las posibles heridas.
  • Las muestras se guardarán por separado y convenientemente rotuladas, si es posible indicando la zona de donde se obtuvieron.
  • Parte de las larvas se sumergirán en agua hirviendo para después conservarlas en alcohol y es conveniente que otra parte se mantengan vivas, para su posterior desarrollo en el laboratorio.
  • Los ácaros, si los hubiese, serán conservados en alcohol de 70ºC.
  • Se realizará una estimación de abundancia de cada muestra.
  • Se precisarán los datos de fecha y lugar y metodológicos del entorno del cuerpo.
  • Las muestras se enviarán al entomólogo a la mayor brevedad posible.

A pesar de estos procedimientos y siguiendo el artículo de Arnaldos et al. (2006) muchas veces existen errores en la práctica de la Entomología Forense. Existen situaciones diversas donde se puede producir un crimen y a la hora de estar en el análisis del escenario forense el entomólogo no puede estar presente, que es lo que suele ocurrir la mayoría de veces en España. En estas situaciones, es de vital importancia recabar toda la información que sea posible del escenario forense y sus características ambientales, debido a la gran influencia que poseen los factores ambientales sobre la fauna artropodiana. En estos contextos, cuando el entomólogo no se encuentra presente la recogida de evidencias entomológicas, en la mayoría de los casos, es recogida por profesionales formados en áreas de conocimiento totalmente distintas a la entomología. Estos profesionales utilizan protocolos y procedimientos muy diferentes, y además, no están entrenados para la localización de evidencias materiales tan particulares. Los procedimientos utilizados no son los adecuados, y no solamente para la recogida de las muestras sino también para su conservación.

El aspecto central del uso de los artrópodos como indicadores en el ámbito forense se centra en el reconocimiento adecuado de las especies encontradas, en su recogida, conservación y envío de muestras. (Haskell et al. (2001) citado en Arnaldos et al. ,2006). La conservación y el envío de estas muestras son de vital importancia, ya que la identificación de los ejemplares a nivel especifico sólo se puede lograr si los caracteres morfológicos de índole taxonómica se han conservado adecuadamente. Además de la obvia necesidad de experiencia en la recogida de estas muestras, y lo más importante, sin producir contaminación del escenario forense, la identificación de grandes evidencias en el escenario es de trascendental importancia. Por lo tanto, se espera de quien examina el escenario realice un filtrado de muestras entomológicas relevantes sin dejar ninguna evidencia importante en el transcurso del procedimiento. No deben producirse errores por parte de los investigadores y hay que tener muy en cuenta que el análisis científico depende de todas las evidencias aportadas. Teniendo en cuenta todo lo comentado, el papel del entomólogo es muy importante, puesto que al estar entrenado en la búsqueda de evidencias muy pequeñas, que son fácilmente ignorables y pasables por alto, el entomólogo es capaz de encontrar, además de las evidencias entomológicas, otro tipo de evidencias físicas (Haskell et al. (2001) citado en Arnaldos et al. ,2006).

Siguiendo a Arnaldos et al. 2006 se pueden evidenciar varios errores en los procesos comentados anteriormente. Estos autores han revisado los errores detectados en casos forenses remitidos a su laboratorio, en relación con la recogida, el tratamiento y la remisión de evidencias entomológicas. Dichas muestras fueron obtenidas en casos reales en los que el material entomológico fue recogido en la escena forense o durante el procedimiento de autopsia. Estos autores han clasificado los errores en: errores en el procedimiento previo; errores en la recogida de evidencias entomológicas; y, errores en cuanto al tratamiento y remisión de las muestras entomológicas. Dichos errores, se detallan a continuación:

Errores en el procedimiento previo:

En esta fase los principales errores que han encontrado Arnaldos et al ., 2006, hacen referencia a una escasa e inadecuada observación del a escena forense. Esto infiere a que a la hora de la evaluación de las evidencias suministradas, no se cuente con las anotaciones e indicaciones adecuadas sobre las distintas circunstancias en relación con la escena, e incluso, en la mayoría de los casos no se tenga el adecuado registro gráfico. Entre otras, muchas indicaciones sobre las condiciones climáticas del momento o particularidades sobre la insolación del cadáver suelen ser ignoradas de modo general.

Errores en la recogida de evidencias entomológicas:

Los principales errores detectados en el proceso de recogida se refieren a la representatividad de la muestra extraída, en cuanto a su calidad, cantidad o procedencia.

En cuanto a la calidad el problema principal es que la muestra no suele representar a las diferentes especies presentes en la escena, ya que sólo se tiende a recoger a aquellos artrópodos que son más abundantes o fáciles de capturar. Esto puede suceder por la falta de formación entomológica del personal encargado de la prospección del escenario, que carecen de los conocimientos necesarios para diferenciar distintas especies. Muchas especies pueden parecer iguales a simple vista aunque no lo son, y si no se recogen todas se origina una gran pérdida de información.

En cuanto a la cantidad, los errores más comunes es que la muestra recogida no es representativa de la abundancia de cada una de las especies. Muchas veces se obtienen comentarios acerca de la “abundancia” de determinados ejemplares, según el criterio personal del observador, pero no se aportan más evidencias que eso. Para la obtención de conclusiones por parte del entomólogo forense, es igual de importante el carácter cualitativo como cuantitativo de las muestras que se encuentren en el escenario.

En relación a la procedencia de la muestra, los errores suelen ser en la recogida de ejemplares a partir de una sola zona del cadáver. En muchas ocasiones se suele justificar con la respuesta de que “en todas partes había lo mismo”, lo que conlleva  a una falsa justificación ya que los artrópodos aunque parezcan iguales pueden no serlo. Otro de los errores que se encuentran y que pueden tener posibles consecuencias importantes para las conclusiones del caso, es que muchas veces se reúnen muestras procedentes de varias zonas en un mismo recipiente.

Errores en cuanto al tratamiento y remisión de las muestras entomológicas:

En el tratamiento de las evidencias entomológicas los principales errores encontrados se centran en las sustancias fijadoras y conservantes que se utilizan, en la no recogida y conservación de ejemplares vivos de larvas y huevos, en el tiempo de remisión de la muestra al laboratorio y en el etiquetado de las muestras.

En cuanto a la conservación y fijación de las muestras muchas veces se ha encontrado  que las sustancias utilizadas no son las adecuadas. Sustancias como el etanol absoluto o el formol pueden alterar los caracteres morfológicos de las evidencias entomológicas, y en muchas ocasiones de esta manera conducir a una conservación inadecuada de los ejemplares, que con el tiempo resultan inservibles. Se debe de tener en cuenta que estos caracteres morfológicos que el entomólogo necesita estudiar para la correcta identificación de larvas y adultos son, en la mayoría de los casos, muy delicados. Este mismo problema aparece cuando el material en el que se ha fijado la muestra altera el tamaño de la misma. Por ejemplo, se han recibido muestras de larvas que se han introducido directamente en etanol o formol y que este material solo sirve para una identificación, y no para estimar una data. Según Tantawi y Greenber, 1993 citado en Arnaldos et al. 2006, está demostrado que una mala fijación y conservación del material puede llevar a errores de estimación de la data de incluso más de 24 horas.

Otro error muy cometido es que no se han recogido ejemplares vivos de larvas y huevos para su cría en el laboratorio. Este material es muy útil para los entomólogos ya que muchas veces es imposible la identificación de los estados larvarios o ninfales de ciertos insectos, de modo que, manteniendo ese material hasta la etapa de adultos se puede estimar el intervalo postmortem con dichas muestras.

Con el mantenimiento de ese material vivo surge otro problema: la demora en su envío al laboratorio. Durante ese tiempo la muestra suele ser mantenida sin alimentar, encerrada en un bote sin ventilación (la mayoría de las muestras se mueren) y no se mantiene registro, al menos, de las condiciones ambientales de su mantenimiento. Para mantener una muestra en las condiciones adecuadas hasta la llegada al laboratorio, se debe de situar en un recipiente bien ventilado y proveerla de sustrato alimenticio de carácter temporal (higaditos de ave, comida para animales…).  Además de esto, no se suele prestar mucha atención a la procedencia exacta de la muestra viva, es decir, el tipo de órgano o tejido del que se estaba alimentando. Esta procedencia es muy importante ya que se ha demostrado que al menos ciertas especies presentan un crecimiento diferente según el tejido corporal del que se alimenten, por lo tanto habrá que estudiarla para sustituirlo con el sustrato alimenticio más adecuado posible para su estudio.

Por último, los errores referidos al etiquetado de las muestras recogidas, suelen ser el no etiquetado de todas las muestras y el no reseñar los datos necesarios en la etiqueta que se incorpora en la muestra. Un problema muy común, es que se suele escribir estas etiquetas con bolígrafo o rotulador que en contacto con las sustancias conservantes, los trazos desaparecen y por tanto son ilegibles. Dichas etiquetas deben escribirse con un lápiz de grafito, fijarse en el exterior del recipiente, y, en el caso de que la etiqueta sea igual a una interior debe incluirse en el interior del recipiente. Así una de ellas al menos llegará al laboratorio en las condiciones adecuadas. En estas etiquetas se debe reflejar la referencia del caso forense, el topónimo del lugar del hallazgo del cuerpo, la fecha, la hora, el nombre de la persona que hace la recogida y además, se debe reseñar la zona concreta del cuerpo donde se ha recogido la muestra.

Todos estos errores que se recogen en Arnaldos et al. 2006, son errores encontrados en la práctica del día a día de la Entomología Forense. Si se intentan mejorar y de esta manera se elaboran protocolos más íntegros para todos los profesionales que tengan relación con las muestras recogidas se llegará a realizar un mejor trabajo que ayudará a facilitar las conclusiones de los casos forenses encontrados. La Entomología Forense es una herramienta vital para la solución de muchos casos de homicidios y muertes en general y por tanto debe preservarse su estudio y práctica de la mejor manera posible.

 

 

 

 

 

 

En la web se pueden encontrar muchos videos o documentales en relación con la Entomología Forense. Uno de ellos es:  https://www.youtube.com/watch?v=lXJxgRHvmuA

Existe también una revista electrónica llamada Aracnet sobre la Entomología Forense, la cual se puede encontrar en el siguiente enlace: http://entomologia.rediris.es/aracnet/7/editorial.htm

Arnaldos, Luna, Presa, López-Gallego y García, (2006). Entomología Forense en España: hacia una buena práctica profesional. Ciencia forense, 8/2006, 17-38.

 Jesica, Sabina, Rinaldi y Cohen, (2006). Entomología Forense. Revista del Hospital J. M. Ramos Mejías, Edición Electrónica, vol. X1, nº1.

Magaña, C. (2001). La Entomología Forense y su aplicación a la medicina legal. Data de la muerte. Aracnet, 7, nº28, 49-57. Recuperado de: http://entomologia.rediris.es/aracnet/7/06forense/.

En el artículo de Arnaldos et al. 2006, se pueden encontrar diversos anexos sobre etiquetas y formularios que se deben de rellenar a la hora de recoger muestras entomológicas. Dichos anexos pueden resultar de gran interés.

Descargar Artículo en PDF