Perfil criminológico

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El interés de este trabajo recae en revisar parte de la literatura científica que estudia el perfil criminológico (profiling) para analizar el desarrollo que ha tenido dicha técnica de investigación criminal desde que se implementó por primera vez hasta ahora. Del mismo modo, el presente trabajo expone los métodos científicos que respaldan la aplicación práctica del perfil criminológico en la investigación criminal. Finalmente, en el presente trabajo se analiza el contenido que estructura el perfil criminológico (escena del crimen, modus operandi, firma, victimología y perfil geográfico) estableciéndose, al mismo tiempo, una plantilla indicativa que puede servir como guía para el perfilador.

Mario Alberto Soler Merenciano (2016). La imagen representa el concepto de Perfil Criminológico, el cual se construye a partir de la información relativa a la escena del crimen, el modus operandi y la firma del criminal, los aspectos relevantes de la victimología y el perfil geográfico.

El perfil criminológico (profiling) es la disciplina de la ciencia forense cuya tarea consiste en analizar las huellas del comportamiento en una escena del crimen con el objetivo de aportar información útil a la policía para proceder a la captura de un delincuente desconocido (Garrido, 2000, 2007a, 2007b, 2012). La perfilación criminológica surge como técnica de apoyo a la investigación criminal, con el objetivo de conocer las características, las motivaciones y las actuaciones del autor (o autores) de un delito (generalmente homicidas y/o violadores seriales) a partir del análisis y evaluación de las evidencias físicas, comportamentales y psicológicas que el ofensor (u ofensores) deja(n) en la escena del crimen y en la víctima (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). Por tanto, el perfil criminológico es una técnica de reunión de información relativa a uno o varios hechos delictivos, normalmente homicidios y violaciones en serie, cuyo análisis y estudio puede determinar distintos indicios de qué tipo de persona (perfil) pudo haber cometido el(los) crimen(es).

Según Garrido (2012) durante la evolución histórica de su desarrollo, la perfilación criminológica ha ampliado el campo de trabajo tradicional de los perfiladores (los asesinos y agresores sexuales en serie) para abarcar delitos como el secuestro, los robos en hogares o los incendios intencionados, y se han establecido reglas y condiciones acerca de cómo debe trabajar el perfilador para que el método se aproxime cada vez más a la evidencia científica. Aunque se trata de una disciplina relativamente joven (Garrido, 2012) se considera que el perfil criminológico ha pasado por cuatro etapas distintas (la cuarta etapa está actualmente en desarrollo).

Durante los años cincuenta se considera que nació el perfil criminológico a partir de la elaboración de perfiles obtenidos mediante la evaluación psicopatológica de individuos por parte de psiquiatras y psicoanalistas (Garrido, 2012). Esta primera etapa del perfil criminológico se denomina “Diagnóstico Clínico” y consistía en definir un tipo de personalidad y una categoría psicopatológica que encajase con los hechos del crimen según la interpretación realizada por el evaluador (Garrido, 2012).

La segunda etapa del perfil criminológico se denomina “Unidad de Ciencias de la Conducta del FBI” debido a que fueron los policías del Federal Bureau of Investigation (FBI) quienes, por los años setenta, se interesaron en la aplicación de la Criminología y la Psicología en sus tareas de investigación criminal a partir del éxito que tuvo la técnica del perfil criminológico en la resolución de casos de asesinatos en serie (Garrido, 2012; Petherick, 2014). Es en esta etapa cuando la disciplina alcanza una gran repercusión social y es a partir de los años ochenta cuando el FBI publica los primeros artículos en revistas científicas sobre el perfil criminológico (Garrido, 2012). Los perfiladores del FBI desarrollaron el “análisis de la escena del crimen” cuyo objetivo era realizar inferencias o deducciones acerca de la personalidad y de los aspectos sociodemográficos de un asesino desconocido a partir de toda la información que se pudiese obtener de un crimen (Garrido, 2012; Petherick, 2014). Posteriormente, se creó una base de datos que relacionaba características de las escenas del crimen con características de delincuentes (el programa VICAP, Violent Criminals Apprehension Progam) para poder establecer comparaciones que facilitasen la detección de crímenes seriales (Garrido, 2012). Para optimizar la elaboración de perfiles, el FBI distinguió dos categorías de escenas del crimen: “organizadas” y “desorganizadas” (posteriormente añadieron la categoría “mixtas” que incluía aspectos de ambas), cuyo objetivo era detectar si estaban ante el caso de un asesino organizado[1], desorganizado[2] o mixto[3] (Garrido, 2012).

La tercera etapa del perfil criminológico, llamada “Aproximación Estadística”, se desarrolla a partir de la segunda mitad de los años noventa, y tuvo dos focos principales: la escuela Investigative Psychology y el Perfil Geográfico (Garrido, 2012).

La escuela Investigative Psychology, situada en la Universidad de Liverpool dirigida por el profesor David Canter, establecía que era necesario desarrollar facetas que describiesen las distintas maneras de actuación de los delincuentes mediante el estudio estadístico de muchos delitos y no basarse exclusivamente, tal como el FBI desarrolló en la anterior etapa el perfil criminológico, en deducciones derivadas del estudio de entrevistas realizadas a presos cuyo rigor científico ponían en duda (Garrido, 2012; Petherick, 2014). Así pues, Canter acusaba al FBI de utilizar un método inverificable lleno de términos obsoletos y psicodinámicos, por lo que defendía que el único modo de hacer ciencia era a partir del seguimiento riguroso del método inductivo realizando un amplio estudio de las muestras de los delincuentes y sus conductas (Garrido, 2012, Petherick, 2014).

Por otro lado, el mismo David Canter, impulsó el desarrollo del perfil geográfico (geographical profiling) con el objetivo de poder determinar la residencia de un criminal desconocido mediante el análisis geográfico de las escenas del crimen (Garrido, 2012). También en Canadá se desarrollaba este segundo foco a manos de Kim Rossmo, el cual estudió y creó programas software para determinar la ubicación del domicilio de criminales desconocidos con la finalidad de ayudar a la policía a encontrarlos (Garrido, 2012).

En definitiva, esta tercera etapa está caracterizada por la utilización de modelos estadísticos y otros métodos cuantitativos para la elaboración de perfiles criminológicos.

Por último, la cuarta etapa llamada “El apoyo conductual para la investigación” o BIA (behavioural investigative advice), se encuentra en pleno desarrollo actualmente (Garrido, 2012). La característica principal de esta etapa es que algunos países como Holanda, Reino Unido o Alemania, requieren del apoyo de criminólogos y psicólogos para realizar distintas tareas en el ámbito de la investigación, gestión y prevención de la criminalidad (Garrido, 2012). Según Dern y su equipo, citados por Garrido (2012), lo más importante para el perfilador (o analista del caso) no es elaborar un perfil de la personalidad, sino que el verdadero interés recae en la posibilidad de aumentar el valor de las actividades de la policía mediante la contribución de comprender profundamente el delito.

Se trata de una metodología multidisciplinar que implica un trabajo en equipo entre perfiladores y policías para lograr adquirir el mayor conocimiento posible en relación con la criminalidad, con el principal reto de definir pruebas empíricas sólidas que puedan dar apoyo a principios de actuación contrastados en la realización de la investigación criminal (Garrido, 2012). Por tanto, el perfilador de la BIA, además de interesarse por el perfil socio-psicológico del delincuente desconocido, también intenta aportar conocimientos relativos al establecimiento de prioridades en la búsqueda de sospechosos, al perfil geográfico, al proceso de interrogación, a la evaluación del riesgo de los delincuentes, entre otras muchas funciones que puedan optimizar la tarea policial (Garrido, 2012).

 

 

[1] Se considera un asesino en serie psicópata, que realiza crímenes premeditados, elige a sus víctimas de manera cuidadosa y suelen ser víctimas desconocidas, realiza el crimen bajo control, es socialmente competente y tiene una inteligencia por encima de la media, entre otras características.

[2] Se considera un asesino en serie psicótico, que realiza crímenes sin premeditación, elige a sus víctimas de manera aleatoria y suelen ser víctimas conocidas o relacionadas, realiza el crimen descontroladamente, es socialmente inadecuado y tiene una inteligencia por debajo de la media, entre otras características.

[3] Se considera un asesino en serie con características propias tanto del asesino organizado como del desorganizado.

De la evolución en el desarrollo del perfil criminológico, se puede determinar que existen dos maneras distintas de elaborar un perfil: el método deductivo y el método inductivo.

El método deductivo, planteado y desarrollado por los agentes del FBI, recurre a ‹‹la experiencia con casos previos y al conocimiento de la conducta humana para resolver el motivo del autor›› (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013, p.314). Según apunta Garrido (2007a), el método deductivo ‹‹se deriva de un estudio exhaustivo de la escena del crimen y de la evidencia dejada allí, esa evidencia es tanto física (todos los restos encontrados por los forenses y la policía científica) como psicológica (los actos del agresor).›› (p.11).  En este método, la victimología tiene un papel esencial, y el principal problema es que se trata de un sistema lento y laborioso (Garrido, 2007ª; Petherick, 2014). El fundamento de esta metodología ‹‹descansa en la tradición de la psiquiatría forense y de la psicología clínica ›› (Garrido, 2000, p.28). El perfilador ‹‹siguiendo un esquema de análisis clínico, elabora su perfil, derivando sus conclusiones de la experiencia acumulada›› (Garrido, 2000, p.28).

El método inductivo, según Garrido (2007a), ‹‹descansa en una premisa simple: si ciertos crímenes cometidos por personas diferentes son semejantes, entonces los delincuentes deben también compartir rasgos de personalidad comunes›› (p.11). Este método tiene su fundamento ‹‹en los conceptos y técnicas de la psicología experimental, dónde resulta prioritario la elaboración de hipótesis y su puesta a prueba a través de datos estadísticos›› (Garrido, 2000, p.28). ‹‹La información reunida proviene de delitos pasados, delincuentes ya conocidos por la policía y los forenses, y otras fuentes de información como los medios de comunicación.›› (Garrido, 2007a, p.11). David Canter es el máximo exponente de esta corriente (Garrido, 2000) cuya principal ventaja recae en la rapidez de la obtención de resultados (Garrido, 2007a; Petherick, 2014) pero sin embargo no integra ‹‹los desarrollos de los conocimientos de la criminología aplicables al caso (de la psicología, de la geografía, etcétera), ya que el perfil es el resultado de comparar los elementos que unen y separan a las escenas del crimen. ›› (Garrido, 2007a, p.11).

Tanto el método deductivo como el método inductivo presentan ventajas e inconvenientes, por lo que es óptimo para la investigación criminal considerar ambas metodologías, pues ‹‹parece obvio que una combinación de ambos métodos resulta adecuada.›› (Garrido, 2007a, p.11). De acuerdo con Garrido (2007a), aunque tomar una postura mixta sea lo adecuado, hay que poner énfasis en el enfoque deductivo puesto que ‹‹las comparaciones con promedios estadísticos o con tipologías extraídas de los estudios de otros delitos deben ser siempre secundarias a la interpretación correcta de los comportamientos que podemos deducir en la escena del crimen›› (Garrido, 2007a, p.12). Es en esta “interpretación correcta” ‹‹donde el perfil criminológico obtiene toda su fuerza cuando toma en cuenta todos los datos posibles reunidos por investigadores y forenses›› (Garrido, 2007a, p.13).

Es oportuno considerar que esta postura es la, mayormente, acogida por los criminólogos e investigadores en la actualidad dónde el perfil criminológico tiene en consideración ambas metodologías pero se ciñe a ofrecer resultados concretos e individualizados (acorde con la etapa del perfil criminológico en pleno auge: el apoyo conductual para la investigación o BIA).

Los expertos coinciden en que los conceptos principales que se deben tener en cuenta cuando se elabora un perfil criminológico son: escena del crimen, modus operandi, firma, victimología y perfil geográfico (Garrido, 2006, citado por Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013).

Cada uno de los cinco conceptos a considerar por el perfilador, tiene distintas fases y elementos que deben ser desarrollados a partir de las preguntas de investigación que el mismo perfilador debe hacerse. En el presente trabajo se presentan los distintos puntos y etapas que deben seguirse para la elaboración de un perfil criminológico combinando: las fases y elementos del perfil criminológico con las preguntas de investigación pertinentes. Las fases y elementos del perfil criminológico se han extraído de una plantilla elaborada por la perfiladora Miren Kermele y las preguntas de investigación de una plantilla elaborada por la perfiladora María José López Miguel, ambas publicadas en el libro: “Perfiles criminales. Un recorrido por el lado oscuro del ser humano”, de Garrido (2012).

Escena del crimen

La escena del crimen se considera como el contexto en el que tiene lugar el crimen, dónde el ofensor y la víctima coinciden (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). ‹‹El estudio de lo que ha sucedido en el lugar de los hecho permite proponer hipótesis de los que ha pasado durante la interacción agresor-víctima›› (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013, p.317). Las historias expresadas en las acciones y rastros que se encuentran presentes en los escenarios del crimen, son un reflejo de la historia general del delincuente (Canter, 1989, 1995, citado por Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). Según Garrido (2007b, 2012) el análisis de la escena del crimen se basa en el principio de transferencia desarrollado por Locard, cuya premisa indica que cuando hay una interacción víctima-agresor: algo del agresor se transfiere a la víctima y a la escena, así como algo de la víctima y el escenario se transfiere al agresor.

Parámetros de la escena del crimen que el perfilador debe considerar

  1. ¿Según la zona, de qué tipo de escena del crimen se trata?
  •  Escena del crimen interior (si ha ocurrido en el interior de una estructura)
  •  Escena del crimen exterior (si es al aire libre)
  •  Vehículo (si se trata de un vehículo móvil)
  •  Escena del crimen debajo del agua.

2. ¿Según el lugar de comisión del crimen, de qué tipo de escena del crimen se trata?

  • Escena primaria: Lugar donde se realiza la mayor parte del asalto sobre la víctima.
  • Escena secundaria: Cualquier lugar donde pueda hallarse evidencia de actividad del criminal fuera de la escena primaria.
  • Escena  intermedia: Considerada un tipo de escena secundaria, entre la escena primaria y el sitio de abandono del cadáver.
  • Lugar de abandono del cuerpo. En esta escena del crimen se deben considerar distintos aspectos (en las demás escenas puede haber también aspectos relevantes):

a) Aspecto de conveniencia: El lugar resulta más accesible para el agresor, puede haber sido por problemas con el tiempo, por la dificultad de transporte del cuerpo, para                    que encuentren el cuerpo…

b) Aspectos de remordimiento: Existe evidencia de que el asesino sintió un cierto pesar por el destino de su víctima porque ha limpiado la sangre de la víctima o la ha                          posicionado de manera natural como si durmiese…

c) Aspectos de preselección: Es un lugar adecuado o idóneo para abandonar el cuerpo según el agresor, por lo que ya había pensado en el sito previamente.

d) Aspectos de precaución: Ha habido un esfuerzo por eliminar las evidencias que pudiesen incriminarlo, por ejemplo: ha quemado el cadáver, lo ha enterrado en un lugar                 remoto, lo ha troceado para evitar que sea identificado…

e) Aspectos de simulación: Hay signos que indican que el autor está intentando desviar la atención de los investigadores amañando la escena del crimen.

f) Aspecto de escenificación: Puede encontrarse el cuerpo de manera escenificada debido a que el autor está interpretando sus fantasías e intenta transmitir algún mensaje               con la escena del crimen.

3. Si existen distintas escenas del crimen: situar cada escena en un mapa adecuado a la zona que ha sido investigada e intentar determinar dónde pudo ocurrir el punto de                 contacto con la víctima.

4. Ubicar temporalmente (fecha y hora) y geográficamente (dirección/es) los hechos delictivos.

5. Estudio del cuerpo, tanto vivo como cadáver: ¿en qué condiciones se encuentra? ¿tiene marcas o signos de violencia? ¿son marcas que pudo haberse hecho la propia                      víctima? ¿son signo de haberse defendido? ¿cuál es la causa de la muerte? ¿se encuentra en su posición inicial o ha sido movido? ¿Hubo relaciones sexuales? ¿Patológica o            no patológica? ¿Antes o después de la muerte?

6. Obtener información del lugar y otros elementos relacionados con el mismo:

  • En relación con las evidencias físicas: ¿Se observan huellas, marcas de neumáticos, restos de sangre o de otros fluidos corporales en ese lugar, es decir, evidencias del delito? ¿Hay objetos? ¿De qué tipo? ¿Para qué pudieron haber sido utilizado? ¿Están relacionados con la víctima y/o con el ofensor? ¿Se han encontrado armas? ¿Qué tipo de arma es? ¿Dónde y cómo estaba? ¿Para qué se utilizó? ¿Está registrada a nombre de alguien?
  • En relación a las características del lugar: ¿Quién frecuenta el lugar que conforma la escena del crimen y sus alrededores? ¿Cómo se accede a ella? ¿Qué actividades se realizan en dicho lugar? ¿Qué tipo de personas (demografía, clase social) habitan esas zonas? ¿Existe o ha existido alguna actividad delictiva previa en esa escena? ¿Hay alguna relación entre esa escena y otras posibles? ¿Se trata de un lugar que favorece la ejecución de un acto delictivo por ser solitario o apartado, por ejemplo? ¿Asegura la privacidad? ¿Qué formas hay de entrar y salid de ella? ¿Se necesita un medio de transporte para llegar? ¿Es un lugar conocido por cualquiera?

7. Determinar qué tipo de resistencia opuso la víctima: verbal (desafía, insulta, negocia, ruega, etc.), pasiva (se niega a obedecer), física (golpea, huye, etc.), no muestra                      resistencia…

Modus operandi (MO)

El Modus Operandi es considerado como el método que utiliza el ofensor para llevar a cabo el crimen, es decir, las acciones y conductas que componen, de inicio a fin, la comisión del delito (Gross, 1924, citado por Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). El modus operandi es el “cómo” del crimen (Garrido, 2000, 2007a, 2007b, 2012). El estudio del MO puede aportar información acerca de las características psicológicas del delincuente (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). Según Garrido (2007a) el MO y la firma del delincuente se pueden extraer gracias al principio de la consistencia desarrollado por Canter, el cual indica que la manera en que un delincuente trata a sus víctimas: aporta mucha información de cómo trata a la gente con la que mantiene una relación significativa.

Parámetros que debe analizar el perfilador para realizar el estudio del MO

  1. Determinar el método de aproximación del agresor: por sorpresa, por engaño, por aproximación “relámpago” o súbita…
  2. Determinar el método de control del agresor: utilizando la fuerza, amenazando (de emplear fuerza de control, castigo, muerte o agresión sexual), agrediendo…
  3. Determinar el método de ataque del agresor: amenazas verbales de empleo de fuerza letal, órdenes verbales y amenazas de empleo de un arma, ataque relámpago o súbito desde detrás (con o sin emplear un arma)…
  4. Análisis de las características de los ataques: Intensidad de los ataques, frecuencia de los ataques, duración de los ataques, momento del día en que ocurren, ¿se produjeron varios ataques el mismo día y en lugares cercanos?, ¿finaliza la agresión o desiste de ello?, ¿qué resultado se produce?…
  5. Determinar el número de ofensores y víctimas: ¿Había más de un autor? ¿Qué función tiene cada uno? ¿Hay más de una víctima? ¿Se encontraban las víctimas solas o acompañadas?
  6. Estudiar el grado de planificación del delito: ¿el ofensor llevaba objetos antes de cometer el delito? ¿Utilizó objetos de oportunidad que encontró en la escena? ¿Cuánto pudo durar la comisión del delito? ¿Ocurrió durante la comisión de otro delito? ¿Se trataba de una víctima de la oportunidad? ¿se trataba de un lugar al azar?
  7. Estudiar, según la información proporcionada acerca de elecciones, procedimientos o técnicas que aparecen en el modus operandi, si se manifiesta:
  • Una habilidad, disciplina o profesión en particular.
  • Un conocimiento particular de la víctima, sugiriendo que ya se conocían previamente.
  • Un conocimiento particular de una escena del crimen, sugiriendo que está familiarizado con el lugar.

8. ¿Qué naturaleza funcional tiene el Modus Operandi del ofensor? Puede servir para alcanzar una o varias de las siguientes metas:

  • Proteger su identidad: Utiliza una máscara o disfraz, o algo que cubra su cara y cabeza; altera la voz; emplea guantes; selecciona una víctima desconocida, o que presente alguna minusvalía psíquica; mata a la víctima y a testigos; quema el cadáver; incendia la escena del crimen para su modificación; eliminar rastros y evidencias de la escena del crimen (deshacerse del arma, coger de la escena objetos de valor, regalos que el agresor hizo a la víctima, fotografías de víctima y agresor juntos, cartas escritas por el agresor, fibras de ropa, cabellos, restos de semen, saliva, etc.); anotar la identidad de la víctima para intimidarla y que no denuncie…
  • Consumar con éxito el crimen: Busca la oscuridad para cometer el crimen; busca un lugar que facilite la acción; utiliza una mordaza para silenciar a la víctima; busca víctimas potenciales…
  • Facilitar la huida después de la comisión del delito: Utiliza coches robados; deja a la víctima desnuda para que tarde en encontrar ayuda o para poder controlarla mejor; dispone de un vehículo después de la comisión del crimen…

9. Determinar si el MO analizado se ha empleado en otros ataques para comprobar si es posible estar ante un ofensor serial.

10. Si se determina que distintos ataques han sido realizados por el(los) mismo(s) autor(es): ¿Ha habido cambios en el MO? ¿Se ha deteriorado? ¿Por qué (empeoramiento de            la condición mental, consumo de estupefacientes, exceso de confianza…)? ¿Ha mejorado? ¿Por qué (mejora de las habilidades, elección de víctimas potenciales, lugares               más óptimos…)?

11. Información sobre la conducta verbal del ofensor (será posible si la víctima no ha fallecido y puede aportar información, también si ha habido testigos, o a partir de un                   mensaje que haya dejado…): ¿Realiza órdenes, instrucciones, amenazas, engaño, etc.? ¿Se preocupa o no por la víctima (por su bienestar, si la implica en el acto, si la                     tranquiliza, si pide su cooperación, si realiza cumplidos…)? ¿Se muestra nervioso o tranquilo al hablar? ¿Se autodesprecia (se siente mal, se muestra arrepentido…)?                      ¿Solicita aceptación por parte de la víctima? ¿Se disculpa? ¿Pregunta cosas personales a la víctima o habla de cosas personales propias? ¿Es ofensivo, blasfemo? ¿Abusa de             la víctima, la degrada o la humilla?

Firma

La firma se considera el “por qué” del crimen (Garrido, 2000, 2007a, 2007b, 2012). ‹‹La firma es la razón psicológica que permite conocer qué quiere decir el agresor con el crimen y cuáles son sus necesidades psicológicas›› (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013, p.319). Según Keppel (1995, citado en Garrido, 2012) la firma es considerada como los elementos de la escena del crimen que recogen la expresión de las fantasías del autor, y es el conjunto de acciones no necesarias para cometer el delito.

Parámetros que el perfilador debe estudiar en el análisis de la firma

  1. Determinar la conducta que constituye la firma (cubre las necesidades emocionales y/o psicológicas del delincuente y son el reflejo de su personalidad, de su estilo de vida y de sus experiencias de desarrollo; son preexistentes a su ataque): mutilación, ensañamiento, tipo de víctima (perfil determinado), realización de marcas profundas en el cuerpo (pueden tener algún significado simbólico), dejar marcas o mensajes en la escena del crimen, posicionar el cuerpo de un modo determinado, realizar alguna actividad post mórtem, dialogar con la víctima, obligar a la víctima a realizar cierta conducta, comunicarse con la prensa o la policía, llevarse “trofeos” de la escena del crimen, tomar fotografías…
  2. Determinar la motivación esencial del crimen: lucro, ira, venganza, experimentación, aumento de confianza (reconocimiento), deseo de poder y/o control, sexo/sadismo…

Victimología

La victimología es considerada el estudio de todo aquello relacionado con la víctima (o las víctimas) del crimen. La víctima es la persona que sufre el crimen, por lo que sobre ella se plasma el MO y la firma del criminal (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). Si la víctima sobrevive puede aportar información muy valiosa para resolver el caso y detener al ofensor, pero si no, deberá recopilarse una serie de información sobre la misma para proceder con la investigación. Según Garrido (2000) distintas investigaciones sugieren que los delincuentes seriales eligen a la víctima a partir de unas ideas determinadas en cuanto al sexo, la edad, características particulares…

Parámetros que el perfilador debe considerar en el análisis de la victimología

  1. Recopilar información acerca del perfil de la víctima:
  • Información descriptiva de la víctima: edad, sexo, raza o etnia, nivel socioeconómico, rasgos físicos, manera de vestir, nivel educativo, profesión, historial médico, historial psiquiátrico, antecedentes penales, historial sexual y social, posesión de escasa autonomía o alguna minusvalía física o psicológica, pertenencia a un grupo determinado
  • Información psicológica de la personalidad: agresividad, ira, explosiones emocionales, hiperactividad, impulsividad, ansiedad, adicción, conducta autodestructiva, miedos irracionales, dificultad en el trato con figuras de autoridad, pasividad, baja autoestima, depresión, emociones negativas, apatía emocional, necesidad de recibir atención, intentos de suicidio, conducta sexual, exceso de confianza, dependencia emocional…
  • Información del estilo de vida: relaciones afectivas, ubicación de la residencia y otras zonas que frecuentaba, últimas actividades que realizó, rutina o hábitos diarios…

2. Recopilar información de la víctima en base a la escena del crimen: ¿Se resistió la víctima? ¿Cómo se resistió: verbalmente, físicamente o de forma pasiva? ¿Cómo se                      abandona a la víctima? ¿Queda inconsciente o no? ¿Vestida o desnuda, atada o con capacidad de movimiento? ¿Herida o no, en un lugar solitario o cerca de donde pueda              encontrar ayuda? ¿Obedeció la víctima? ¿Existen víctimas simultáneas? ¿Qué relación hay entre las víctimas? ¿Existe una victimización previa?

3. Determinar qué elementos pudo considerar el agresor para elegir a la víctima:

  • De disponibilidad: producto de la oportunidad, es elegida (pudo ser vigilada y seleccionada para tal propósito)…
  • Situacionales: relacionado con las actividades y rutinas tanto del ofensor como de la víctima.
  • De vulnerabilidad: por ser una víctima potencial, adecuada para el objetivo del agresor, de fácil manejo…
  • Relacionales: entre la víctima y el delincuente.
  • De criterio simbólico: satisface los deseos y necesidades del autor.

 

Uno de los últimos conceptos desarrollados del perfil criminológico es el perfil geográfico, cuyo interés recae no en la descripción de las características del autor de unos crímenes, sino en el lugar en el que puede estar viviendo (Garrido, 2007b). No únicamente persigue localizar la ubicación de la residencia del autor del delito, sino que también dónde actúa, transita o delinque (Norza, Merchán, Morales y Meléndez, 2013). David Canter es uno de los grandes impulsores de esta nueva vertiente del perfil, la cual apuesta por la investigación relacionada con el ambiente y no con el delincuente (Garrido, 2007b). El mismo Canter, psicólogo ambiental, sostiene que: un asesino en serie elige o decide actuar en un lugar determinado y en un periodo del día determinado puesto que tiene un significado personal, por lo que dichas elecciones pueden ser consideradas como elementos reveladores de su psicología (Garrido, 2007b).

Según Rossmo y Summers (2015) el perfil geográfico es una metodología de investigación criminal la cual consiste en analizar las distintas ubicaciones de los delitos de una serie para poder determinar la zona en la que resulta más probable que se encuentre la residencia del autor. La técnica suele aplicarse en casos seriales, aunque también se puede utilizar en casos en los que haya un único delito siempre y cuando esté relacionado con varias ubicaciones con las que basar el perfil (Rossmo y Summers, 2015). Se considera un tipo de perfil criminológico, o una parte de éste, con lo cual se persigue el mismo objetivo: deducir las características del delincuente a partir de las características del delito (Douglas et. al, 1986, citados por Rossmo y Summers, 2015).

Parámetros que debe considerar el perfilador en el análisis del perfil geográfico

  1. Determinar las distintas ubicaciones relacionadas con el crimen según la información que se obtenga:
  • Escenas del crimen: ¿Dónde encuentra el agresor a la víctima? ¿Dónde la ataca? ¿Dónde consuma la agresión? ¿Dónde abandona a la víctima?
  • Caminos y carreteras cercanas a la(s) escena(s) del crimen.
  • Límites físicos de la zona (pueden aportar información de los límites psicológicos del ofensor).
  • Determinar otros datos relativos a las escena(s) del crimen: uso que tiene el terreno, demografía del vecindario…

2. Determinar las ubicaciones que suele frecuentar la víctima (según sus actividades rutinarias)

3. Considerar la Hipótesis del Círculo de Canter

4. Estudiar posibles hipótesis del perfil geográfico: ¿Es un merodeador o un viajero? ¿Parece que conoce bien la zona? ¿Se muestra seguro o confiado? ¿Se producen variaciones          en el tiempo?

Canter, D. (2000) Offender profiling and criminal differentiation. Legal and Criminological Psychology, 5 (1): 23-46.

Canter, D. (2004). Offender Profiling and Investigative Psychology. Journal of Investigative Psychology and Offender Profiling, 1: 1-15.

Canter, D., Alison, L. J., Alison, E., y Wentink, N. (2004). The organized and disorganized typology of serial murder: Myth or model? Psychology, Public Policy, and Law, 10 (3): 293–320.

Garrido, V. (2000). El perfil psicológico aplicado a la captura de asesinos en serie. El caso de J.F. Anuario de Psicología Jurídica,  10: 25-47.

Garrido, V. (2007a). El perfil criminológico como técnica forense. Ponencia presentada en la Escuela de Estudios Judiciales de Valencia, España. Recuperado de http://es.scribd.com/doc/8223724/El-Perfil-Criminologico-Como-Tecnica-Forense.

Garrido, V. (2007b). La mente criminal. La ciencia contra los asesinatos en serie. Madrid: Temas de hoy.

Garrido, V. (2012). Perfiles criminales: Un recorrido por el lado oscuro del ser humano. Barcelona: Ariel.

Norza C., E.; Morales Q., L. A.; Merchán R., L. y Meléndez C., D. (2013). Perfilación criminológica: una revisión de la literatura y su aplicación en la investigación criminal en Colombia. Revista Criminalidad, 55 (3): 309-336.

Paulsen, D., Bair, S. y Helms, D. (2012) Comprendiendo el comportamiento delictual. En F. Varela (Ed.), Análisis delictual: técnicas y metodologías para la reducción del delito (pp. 6-19) Santiago, Chile: Fundación Paz Ciudadana.

Petherick, W.(2014). Profiling and Serial Crime: Theoretical and Practical Issues. (3ª ed.). Boston: Anderson Publishing.

Rossmo, D. K. y Summers, L. (2015). El perfil geográfico en la Investigación Criminal. International E-Journal of Criminal Science, 3 (9). Recuperado de  http://www.ehu.eus/ojs/index.php/inecs/article/view/14907/13193

Suárez-Meaney, T. y Chías, L. (2015). Geografía criminal y el homicidio serial: El caso de Juana Barraza. Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística, año 3, vol. 5. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5234299

Velasco, C. M. (2014) La psicología aplicada a la investigación criminal: la autopsia psicológica como herramienta de evaluación forense. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 16-02, 02:1-02:41. Recuperado de: http://criminet.ugr.es/recpc/16/recpc16-02.pdf

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