Prevención del crimen mediante el diseño ambiental

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La prevención del delito a través del diseño urbano es una herramienta útil y efectiva para la prevención de algunos delitos concretos y la percepción de inseguridad. Algunas iniciativas, ya desde la escuela de Chicago así como el resurgimiento del CPTED en la década de los 70, se han desarrollado junto con la tecnología y medios para promover la vigilancia natural, fomentar el control de accesos, Reforzar la identidad con el espacio y para diseñar, gestionar y mantener el espacio para que sea más seguro. En el presente, se van tratar los aspectos más importantes en relación a la aplicación práctica del enfoque en aquellos factores urbanísticos que influyen en la delincuencia como las líneas de visión, la iluminación, las Rutas o el uso del espacio.

Imagen que representa aspectos claves del enfoque situacional: escasa iluminación, deterioro del ambiente y vías de escape casi inexistentes.

La prevención situacional es un conjunto de estrategias de aplicación prácticas de prevención del crimen cuyo fin es reducir las oportunidades de cometer delitos (Felson, Crake, 19998). Se analizan y se diseñan espacios físicos y se estudia el ambiente para anticipar el delito y en la medida de lo posible evitarlo por medio de estrategias de metidas de disuasión. Estas medidas pueden ser de distinta naturaleza: arquitectónicas, urbanísticas, tecnológicas, guías de consejos y estrategias personales y cualquier otra herramienta destinada a la seguridad y habitabilidad de espacios.

El objetivo del enfoque CPTED es disminuir la probabilidad de comisión de delitos de oportunidad e incrementar la sensación de seguridad de los ciudadanos sobre algunos espacios. Estas estrategias también están dirigidas a influir en la capacidad de decisión de los delincuentes mediante el coste-beneficio en base a la elección racional. El delincuente pondera tres factores a la hora de cometer un delito: la motivación, una situación favorable y una víctima vulnerable. Un ambiente diseñado de manera apropiada disminuirá los delitos de oportunidad y la percepción del lugar como insegura aumentando la cohesión comunitaria, haciendo del delito algo más difícil y más arriesgado reduciendo los beneficios y recompensas (Medina, 2011).

La Escuela chicago es el precedente fundamental de la Criminología Ambiental. Un conjunto de sociólogos urbanos retoman las técnicas necesarias para representar la distribución de los delitos a través de los mapas. Así desarrolla su propia teoría de la criminalidad, esto es, estudia las relaciones espaciales y temporales de los seres humanos así como el ambiente que lo rodea (desorganización social) en relación al fenómeno criminal (Garrido, Stangeland, Redondo, 2001) .  La teoría del círculo concéntrico de Burguess (1925)  es una de las aportaciones de la Escuela de Chicago. En la misma se clasifican las estructuras sociales urbanas en  cinco zonas, que crecen de dentro hacia afuera y se crean de manera natural.

Otra aportación son los mapas de los lugares de residencia juveniles (spot maps) de Shaw y McKay (1942) basados en la teoría de Burguess, en la que se determina que el delito tiene un patrón regular y estable. Shaw crea el “Chicago Área Project” desde una perspectiva de prevención de la delincuencia con los programas  para la sensibilización y la lucha contra el crimen. Además de contribuciones como la  Teoría de la Asociación diferencial (Shuterland, 1945)  y la Teoría del Aprendizaje Social (Akers, 1966)  también aportó una colección de mapas de la Universidad de Chicago

Hasta 1970 las investigaciones sobre las características ambientales no habían sido debidamente estudiadas pues el análisis criminológico hasta ese momento se habían desarrollado entorno a la figura del delincuente. Por ello, para la disminución del fenómeno delictivo, el eje de políticas de prevención e intervención criminales de la época giraban alrededor del infractor (Medina, 2011).

Urbanistas y arquitectos dieron un giro en tanto que proyectaron la idea de modificación del ambiente para la prevención del delito terminando el receso desde la Escuela de Chicago. El entorno urbano influye en el comportamiento de los usuarios de dichos espacios, por ejemplo, en el comportamiento de las mujeres que debido a algunos entornos urbanos cuyos diseños no proporcionan la seguridad deseada limitan sus desplazamientos e impide el disfrute del espacio público (Pecharroman, 2012).

Las técnicas de prevención de delincuencia a través del diseño urbano están dirigidas a intervenir y modificar las condiciones físicas y ambientales que generan esa sensación de inseguridad así como en zonas en las que se cometen algunos tipos de delitos, fundamentalmente en aquellas en las que se han cometido delitos de carácter predatorio o violento como agresiones sexuales, robos, vandalismo, etc. Se dirige por tanto a formas específicas del delito. Estas técnicas exigen la gestión, diseño y manipulación del ambiente de manera sistemática y permanente (Clarke, 1997).

Los autores y obras más relevantes de la época fueron Jane Jacobs que en 1961 publicó The Death and Life of Great American Cities, Ray Jeffery publicado en 1971 Crime Prevention Through Environmental Design u Oscar Newman en 1972 con Defensible Space: Crime Prevention Through urban design.

El CPTED se basa en cuatro principios básicos que pueden ser aplicadas por todo el globo. En la guía Crime Prevention Through Environmental Design Guidebook  (National Crime Prevention Council, 2003) podemos encontrar estos principios:

  1. Promover la vigilancia natural: ver y ser visto. La premisa principal de los delincuentes es no ser visto o ser vigilado mediante “ojos en la calle”, término acuñado por Jacobs (1961). La vigilancia natural también puede aumentar el riesgo para el infractor pues puede ser visto por aquellos que observan y estos actuar para imposibilitar el hecho. De este modo, el objetivo principal es que cualquiera que circule por la vía pueda poder observar al potencial infractor.Existen numerosas técnicas para potenciar la vigilancia natural, como por ejemplo aumentar el número de actividades o el flujo de personas en los lugares donde el número de delitos es mayor, colocando ventanas, iluminando zonas y eliminando obstáculos para la mejora de visión desde otros lugares.
  1. Fomentar el control natural de accesos: es la apropiación territorial mediante el uso cotidiano de estos accesos por parte de la ciudadanía. Un claro ejemplo son los accesos a viviendas unifamiliares o establecimientos comerciales. El control natural puede conseguirse utilizando arbustos, puertas o vallas que permitan aumentar el control social sobre los espacios. En los espacios públicos y semi-públicos este control necesita más atención por lo que se debe establecer dónde han de tener lugar los accesos (tanto de entrada como de salida), cómo va a ser el paisaje y cómo ha de estar iluminado el lugar para disminuir las oportunidades criminales. Así pues, donde más difícil resulta dicho control es en calles y áreas de libres tránsito público pero que también cuenta con técnicas para ello. Esta técnica se fundamenta en la eliminación de barreras psicológicas en forma de signos, distintas texturas o colores en el pavimento o la singularidad que una zona pueda ostentar. La idea de que un espacio resulte extraño puede parecer poco atractivo para el infractor. Esto no significa que deba impedir el movimiento pues eso también significaría cercar a la víctima potencial, sino que se deben limitar las oportunidades delictivas y ser cuidadoso en la elección de este tipo de estrategias de control.
  1. Reforzar la identidad con el espacio: Las personas normalmente protegen un territorio que siente como suyo y sienten respeto por el territorio de los demás. Algunos elementos que refuerzan la identidad con el espacio son las señales, obras de arte, el mantenimiento de los espacios y jardines que están bien definidos. El refuerzo desalienta al potencial infractor debido a la familiaridad con el vecindario y con el entorno.
  1. Diseñar, gestionar y mantener el espacio: El mantenimiento y la imagen que un área proyecta pueden tener un importante impacto sobre en lo que terminará convirtiéndose pues determinará la existencia de las oportunidades delictivas. La determinación de este espacio también va a influir en la cohesión territorial, social y en el sentimiento de seguridad de los lugareños. La gestión y el mantenimiento del diseño deben tenerse en consideración en la etapa de diseño así como la selección de materiales para determinar si serán sostenibles con el paso del tiempo, como por ejemplo tener en cuenta cómo afectará el crecimiento de los árboles en las líneas de visión.

 

El diseño del espacio físico en el contexto determinará, por tanto, el modo de utilización del espacio por los usuarios, así como el comportamiento predecible de personas en ese lugar. Es, por tanto, imprescindible reflexionar sobre la utilidad que se le quiere dar al espacio, determinar cómo se quiere que se haga uso de ese espacio y cómo se va a diseñar para cumplir los objetivos. Durante ese proceso también se conocerán carencias y necesidades del espacio previamente desconocidas que serán de gran utilidad para promover la vigilancia natural, fomentar el control natural de accesos, reforzar la identidad con el espacio y conocer cómo gestionar y mantener el espacio de manera más adecuada.

Para contribuir en la mejora de la seguridad re recogen las siguientes estrategias:

  1. Crear espacios con un gran campo de visión.
  2. Proporcionar la iluminación adecuada.
  3. Minimizar rutas ocultas y aisladas.
  4. Evitar el atrapamiento.
  5. Reducir el aislamiento.
  6. Promover espacios de uso mixto.
  7. Generar actividad.
  8. Crear un sentido de pertenencia a través del mantenimiento y gestión.
  9. Proporcionar información por medio de paneles y señales.
  10. Mejorar el diseño general del entorno construido.

La decisión de qué estrategias se van a aplicar variará en función de la condición del sitio, la función que se le quiera otorgar a ese espacio y de cómo se desea que se desarrolle esa función.

Línea de visión se refiere a la capacidad de visualización tanto en amplitud de visión como de profundidad de visión. Esto viene determinado por el volumen de todo aquello que pueda interferir en esas capacidades, en la vigilancia natural y en la sensación de seguridad. Estos elementos pueden ser naturales o arquitectónicos como árboles, arbustos, muretes, paredes, esquinas muy angulosas o vallas que pueden servir al agresor como escondite.

Entre las alternativas al uso de esos elementos se encuentran setos o jardineras bajas, pequeños árboles, hierro forjado o vallas de tela metálica, vidrio, césped o jardín bien cuidados, bancos en los que sentarse que permitan a los usuarios ver y ser vistos por los potenciales delincuentes desalentando sus intenciones y disminuyendo oportunidades delictivas.

También ha de considerarse el paso del tiempo en tanto que los árboles y setos crecen pudiendo crear barreras, escondites o pantallas que imposibiliten la vigilancia. Es de especial importancia atender al mantenimiento de estos espacios para derivar los recursos necesarios que aseguren las línea de visión en el momento del diseño para que no queden difusas con el paso del tiempo.

En cuanto a elementos arquitectónicos se han de evitar espacios ocultos o aislados que generen puntos ciegos instalando ventanas u otras aperturas y salientes que faciliten la vigilancia en lugar de dejar paredes lisas. En los casos en los que este tipo de instalaciones no fueran posibles pueden instalarse espejos o implantar cámaras de video-vigilancia.

Otros lugares que se consideran de alto riesgo para la seguridad son los pasos subterráneos, escaleras y rellanos (en especial en edificios con un gran número de plantas).

La iluminación es necesaria para ver y ser visto. Desde el punto de vista de la seguridad, la iluminación que se coloca estratégicamente puede tener un impacto sustancial en la reducción del miedo al delito. Un nivel básico de iluminación debe permitir la identificación de una cara de una distancia de unos 10 metros para una persona con visión normal. Se ha de hacer hincapié en la iluminación durante la noche atendiendo especialmente en calles secundarias, vías de acceso a espacios públicos así como pasarelas, salidas e indicaciones que puedan ser de utilidad en caso de necesitar huir.

El color y la intensidad también son factores importantes en la creación de espacios que resulten menos atractivos para los potenciales delincuentes (a mayor luz más visibilidad menos atractivo para cometer algún tipo de delito en esa zona específica). A la espera de algún estudio que avale la teoría de la que luz de color azul disminuye la criminalidad, en el año 2000 en Glasgow se descubrió de manera casual que en las zonas donde se habían instalado alumbrado de color azul el número de crímenes y suicidios habían descendido considerablemente por lo que Japón en 2005 testó  esta estrategia consiguiendo reducir los resportes un 9%.

La utilización de iluminación en algunas zonas puede convertirse en facilitadora del crimen. No es aconsejable utilizar iluminación en lugares aislados o que no están pensados para ser utilizados durante la noche pues puede generar una falsa sensación de confianza. Puede resultar conveniente aconsejar el cierre o la limitación de este tipo de espacios así como suprimir o bajar considerablemente la intensidad de la luz para no generar expectativas sobre que el espacio deba ser utilizado o producir una falsa sensación de seguridad.

La ubicación del alumbrado es un factor importante pues al contrario de lo que se pretende puede generar sombras o dejar áreas mal iluminadas. Además la dirección de la luz resulta clave pues ha de dirigirse hacia el pavimento de carretera y los posibles espacios que puedan suponer un espacio de cautiverio sin posibilidad de fuga. La iluminación también debe tener en cuenta la vegetación, como árboles altos u otras obstrucciones que pudieran causar un bloqueo en la iluminación. De nada sirve colocar farolas o elementos que emitan luz si pueden ser neutralizados por ataques de vandalismo de modo que estos elementos deber estar protegidos contra posibles ataques.

La iluminación requiere un mantenimiento y limpieza por lo que las ramas de arbustos y árboles que bloqueen la luz fuer deben ser podados. Las farolas y lámparas deberán estar situadas a alturas adecuadas para facilitar el mantenimiento y reposición.

Se trata de pequeñas áreas confinadas cercanas a rutas muy transitadas. Son zonas que resultan estar envueltas por tres lados por medio de algunos obstáculos, como paredes o arbustos. Ejemplos de ello son los ascensores, túneles o puentes, escaleras envueltas o encerradas y aisladas, entradas oscuras y confinadas que pueden ser cerradas por la noche, áreas con cambios acusados de distintos niveles con alto cambio de rasante en entrada y salida. También comprende centros educativos con áreas de recreo cercadas por vallas, parkings o gasolineras.

Estas zonas cuentan con escasas opciones para poder ser mejoradas. Principalmente existe la opinión de que las zonas de apresamiento deben ser eliminadas o en el caso de que esto no pudiera ser posible se ha de proceder a la limitación de esos espacios bloqueando o cerrándolos cuando fuere necesario, en especial, tras las horas principales de funcionamiento. Las áreas de atrapamiento son inevitables, sin embargo siempre debe estar bien iluminada con algún tipo de vigilancia formal. En el caso de ascensores, la incorporación de las ventanas de cristal en el diseño de las puertas del ascensor sería de gran ayuda. También se han de aumentar las posibilidades de auxilio y de escape para la víctima en cuyo caso podría resultar útil habilitar más puntos de salida para peatones en parkings.

Con cierta frecuencia este tipo de rutas no ofrecen alternativas para los peatones. Son tramos en los que el atacante puede observar y conocer dónde terminará el viandante como por ejemplo pasos inferiores, túneles, puentes fijos y escaleras. En estas zonas ha de aumentarse la visibilidad, y así la vigilancia, para aumentar su seguridad mediante la incorporación de actividades (vigilancia informal), video-vigilancia, instalando teléfonos de emergencia o utilizando materiales que promuevan la vigilancia natural como el vidrio para que se pueda ver lo que sucede en túneles o escaleras, por ejemplo. También se pueden utilizar espejos o implementar iluminación adicional de manera uniforme. Una ayuda a la iluminación consiste en utilizar pintura clara para los techos pues contribuye a distribuir la luz.

Otra opción consiste en eliminar las rutas aisladas u ocultas que en ocasiones también cuentan con puntos ciegos en los que arrinconar a una víctima y no tener ningún modo de solicitar auxilio. En ese caso pueden utilizarse teléfonos de emergencia o botones de alarma para solicitar ayuda si fuera necesario. Para la huida es imprescindible conocer o poder observar los puntos de fuga. Por esta razón estás rutas deben estar correctamente iluminadas y señalizadas.

La mayoría de las personas se sienten inseguros en áreas aisladas, especialmente por el temor de que en caso de que algo ocurriese no se escuchasen las llamadas de socorro. La vigilancia natural contigua proviene de edificios comerciales y residenciales que ayuda a mitigar la sensación de aislamiento, al igual que las actividades de planificación o programación para una mayor intensidad y variedad de uso.

La vigilancia formal, esto es, la presencia por parte de la policía y otro profesional de la seguridad no resultan prácticos y mucho menos resultan ser económicos. Una opción para sustituir estos recursos por otros más prácticos y de menos coste resultan ser los distintos elementos tecnológicos como los sistemas de audio y monitoreo.

La vigilancia natural de los espacios públicos como espacios verdes abiertos, vías peatonales, plazas y aparcamientos aislados debería fomentarse mediante la planificación y el diseño evitando la monotonía de las fachadas que fomentan la sensación de aislamiento y las zonas de estacionamiento rodeados de edificios para promover la vigilancia natural. Sería preciso incorporar herramientas de comunicación como teléfonos o botones de pánico que puedan enviar un aviso de que algo está sucediendo así como fomentar actividades en dichas zonas para aumentar la presencia de ojos en la calle.

Una combinación equilibrada del uso de áreas de uso mixto debe combinar la compatibilidad entre las actividades, que atiendan a las necesidades de la comunidad y que mantengan la armonía con el ambiente, la economía, la estética y la seguridad. Esto es, para cohesionar lo distintos usos en zonas residenciales se puede optar con la inclusión de una carretera principal, un parque o una plaza que permitan desarrollar el tránsito de un lugar a otro durante las actividades cotidianas. La diversidad de usos proporciona sensación de seguridad lo que propicia una mayor cohesión social, fomenta los lazos y el contacto entre personas e impulsa la actividad. Los tipos de establecimientos más propensos a generar estos resultados son los comercios locales.

El diseño y la gestión del medio ambiente influye en el comportamiento humano. Un lugar rodeado de hardware de seguridad reforzará un clima de miedo, mientras que un lugar vibrante y agradable transmite confianza y cuidado. Tanto los valores funcionales y estéticos de los espacios públicos como los semi-públicos contribuyen a una sensación de seguridad. En particular, el grado en el que los usuarios pueden encontrar su camino con facilidad influye en la sensación de seguridad. Un buen diseño refuerza el uso natural del espacio y disminuye la necesidad de depender de señales con el fin de encontrar el camino más próximo.

El diseño del espacio, además de cumplir los objetivos funcionales, debe estar dirigido a crear un ambiente estéticamente agradable en el que una persona quiera disfrutar. Los aspectos de seguridad deben ser considerados como parte integral del diseño del espacio y el cumplimiento de los valores estéticos.

El espacio debe ser fácil de entender: las entradas y salidas, los lugares para encontrar personas y los lugares para encontrar servicios tales como baños o teléfonos debe ser fácil de encontrar para una persona que visita el lugar por primera vez. Los espacios más complejos a menudo dotado con señales y paneles deben proyectar accesibilidad ya que un entorno acogedor crea una imagen que atrae a la gente. Es por ello que los espacios inutilizables o  “espacios muertos” deben ser evitados.

Para una mejor protección y la seguridad pública, el diseño del espacio debe tener en cuenta los materiales apropiados, su colocación, el color y la textura para proyectar la función del espacio claramente invitando al usuario a quedarse o alentándolo a abandonarlo creando un espacio poco atractivo.

Los espacios generados de actividad son áreas pensadas para que cumplan la función que se determina para un lugar, esto es, los usos o instalaciones que atraen a la gente, donde se crean actividades y dota de vida a la calle o al espacio y, por lo tanto, un espacio que ayuda a reducir las oportunidades para el delito. Incluyen desde el aumento de instalaciones de ocio en un parque a la colocación de la vivienda en el distrito central de negocios o la habilitación de un restaurante de un edificio de oficinas. Estos pueden planificarse a escala pequeña, ser añadidos como el apoyo a la utilización del suelo o como intensificación de un uso particular. El denominado uso complementario se refiere cuando el uso está dirigido a la vigilancia de las zonas potencialmente aisladas.

La limitación de estas áreas está determinada a lo largo de un borde, esto es, algún camino peatonal o parques que controlen el desarrollo de las actividades creando una invitación a permanecer en dicho lugar en lugar de convertiré en un mero lugar de paso. Un ejemplo de generador de actividad resultaría ser un quiosco o tienda en las proximidades o dentro de áreas recreativas que promuevan la cultura, relaciones interpersonales y actividades de distinta naturaleza en parques o jardines. La gran afluencia de personas puede convertirse, por otro lado, en generador de miedo al delito por la sensación de anonimato. Este sentimiento de inseguridad puede ser mitigado mediante la creación de más actividades a nivel del suelo que añada “ojos en la calle”.

Estos deben estar correctamente diseñados. Las señales, paneles y mapas ubicados estratégicamente contribuyen a una sensación de seguridad. El contenido de los mesajes deben ser mensajes claros, coherentes, concisos y legibles desde la calle. Los carteles deben ser grandes e identificables, con colores fuertes y símbolos estándar, con formas y gráficos simples (baños, policía, hospital, accesos, fuentes, etc.) que indiquen dónde ir en caso de necesitar asistencia o ayuda.

Tener las direcciones iluminadas por la noche hará aún más visible este tipo de señales. En los lugares donde encontrar el camino pueda resultar una tarea complicada se deben establecer los carteles y mapas que sean necesarios para indicar los caminos y salidas posibles. A menudo los carteles están deteriorados por pintadas, Graffiti y otros actos vandálicos que pueden provocar la ilegibilidad de las señales. Si las señales están en mal estado (actos de vandalismo, la vegetación se ha apoderado del mismo) genera una impresión de falta de propiedad y por lo tanto se suma a una sensación de miedo por lo que el mantenimiento resulta ser fundamental.

La ubicación de estos paneles informativos y señales se colocan estratégicamente en entradas así como las áreas de actividad (caminos, pasillos, parques) con una altura adecuada que permita la interpretación para todos los usuarios.

El sentimiento de propiedad o pertenencia a un lugar es un factor vital para la percepción del entorno como seguro.

Asumir la responsabilidad y el cuidado de un entorno ayuda a que sea más seguro. Si los residentes de una zona consideran que las áreas fuera del cerco de su edificio no pertenecen a ellos se sienten menos seguros y serán menos propensos a intervenir en una situación peligrosa. No reconocer el espacio como propio contribuye en la sensación de inseguridad.

Por otra parte, las medidas adoptadas para aumentar el sentimiento de  territorialidad a veces puede aumentar las oportunidades para el crimen. Las barreras visuales o reales que separan muchos los distintos creados para los diferentes usos de los barrios o las zonas colindantes a otros barrios pueden aislar a los residentes de la comunidad en general.

Los materiales utilizados para las instalaciones comunes deben ser resistentes al vandalismo para que el mantenimiento sea mínimo por lo que el mobiliario urbano debería estar hecho de materiales duraderos y resistentes a este tipo de acciones.

Como se ha comentado con anterioridad la imagen que proyecta un entorno cuidado será más favorable al sentimiento de seguridad como un entorno descuidado lo será para el sentimiento de inseguridad. Resulta útil en estos casos facilitar teléfonos de atención ciudadana que puedan alertar sobre el deterioro de zonas comunes como desperfectos en parques, ventanas rotas en edificaciones, exceso de basura o grafitis con mensajes ofensivos para prodecer al arreglo o eliminación del menoscabo del lugar.

Finalmente, la programación y gestión de los espacios, así como la vigilancia y un buen mantenimiento pueden mejorar la seguridad personal. Si no se da una rápida atención al mantenimiento de una propiedad el resultado de la falta de mantenimiento puede contribuir a una sensación de inseguridad.

Además de los cambios arquitectónicos y la administración de espacios públicos para la prevención de la delincuencia han de tenerse en cuenta los factores sociales y el fomento de la participación de la comunidad. Una de las críticas argumenta que las estrategias tomadas entorno a la modificación del entorno no atiende a las causas del delito. Así pues, para un abordaje integral de delitos específicos, es imprescindible reunir todos los enfoques desde perspectivas multidisciplinares que aporten datos con el fin de realizar un estudio completo que atienda a todos los implicados: el delincuente, la víctima, el ambiente, la seguridad y las políticas públicas.

Criminología ambiental: resultado del encuentro entre un criminal motivado para cometer un delito, que se rodea de objetivos delictivos potenciales en momentos específicos del espacio y el tiempo.

Inseguridad subjetiva: sensación que tiene cada persona de la posibilidad de ser víctima de un delito.

Teorías de la oportunidad: estas teorías buscan explicar el contexto generador de oportunidad y facilitador del delito.

Escuela de Chicago: referente de los modelos ecológicos, formada por sociólogos urbanos durante 1920-1932.

Prevención Situacional del Delito: este enfoque se centra en conocer las circunstancias en las que se delinque y en reducir las oportunidades para el delito.

http://www.cpted.net/Friends-of-the-ICAhttp://www.designagainstcrime.com/http://www.popcenter.org/https://psicologiaymente.net/psicologia/alumbrado-publico-color-azul-crimenes-suicidios

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Garrido, V., Stangeland, P. y Redondo, S. (2001). Principios de Criminología. Valencia: Tirant lo Blanch.

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Pecharroman, B. (2012). Movilidad desde la perspectiva de género (pp. 97-105). Servicio central de publicaciones del Gobierno Vasco.

Vozmediano, L., San Juan, C. (2010) Criminología Ambiental. Ecología del delito y de la seguridad. Barcelona: UOC

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