Radicalismo

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El Radicalismo es una ideología que defiende la voluntad de emplear o apoyar activamente la violencia con el fin de alcanzar objetivos terroristas. Por tanto, la radicalización alude principalmente al proceso de adoctrinamiento que suele acompañar a la transformación de los reclutas en personas decididas a actuar con violencia, inspiradas por ideologías extremistas. El proceso de radicalización a menudo implica el uso de propaganda, ya sea comunicada en persona o por Internet, en el curso del tiempo. Sin embargo, la duración del proceso y la eficacia de la propaganda y otros medios de persuasión empleados pueden variar según las circunstancias y relaciones de cada caso particular.

La Real Academia Española (RAE) define el término Radicalismo como el conjunto de ideas y doctrinas de quienes, en ciertos momentos de la vida social, pretenden reformar total o parcialmente el orden político, científico, moral y aun religioso.

Desde la óptica criminológica, el radicalismo contempla a cualquier individuo que ponga en riesgo o dificulte la integración social, el respeto a las leyes y la convivencia en entornos marcados por su pluralidad étnica, cultural y religiosa y, en particular, a aquellos que pueden fomentar violencia a través de atentados terroristas, crímenes de odio, etc.

Según Jordán (2009), el proceso de radicalización es aquel mediante el cual el individuo incorpora un sistema de valores y creencias que incluye la voluntad de emplear o apoyar activamente la violencia con el fin de alcanzar los objetivos del terrorismo.

En este sentido y como recoge Jordán (2009), el fenómeno de radicalización terrorista puede analizarse desde niveles macro, meso (o intermedio) y micro debido a los múltiples factores que influyen en el proceso. El nivel macro alude a los factores exógenos de carácter general relacionados con el entorno amplio social, económico, político y cultural donde se encuentra inmerso el individuo. A dicho nivel pertenecen tanto la coyuntura internacional como la situación concreta del país. Por tanto, la radicalización en este nivel está relacionada con las precondiciones del entorno globalizado, donde existen muchos factores que de  manera directa o indirecta favorecen los procesos de radicalización terrorista.

Por su parte, el nivel micro se centra en el individuo y se refiere a  los factores endógenos a él. Así es imprescindible abordar cuatro elementos que contribuyen a explicar este comportamiento violento: Elementos racionales (donde la decisión es resultado de un cálculo de costes-beneficios y responde a una determinada estrategia); emocionales (la actuación se ve impulsada o acompañada por pasiones de distinto género); normativos (las decisiones se ajustan y obedecen a la percepción de la realidad y a los valores del sujeto); e identitarios (las decisiones responden a la pertenencia y actuación colectiva en un determinado grupo). Como argumenta Jordán, estos cuatro tipos de elementos impulsan la radicalización pero no la hacen inevitable, pues el proceso puede llegar a su fin, estancarse o interrumpirse voluntariamente en alguna de sus   fases, ya que al final siempre será definitiva la decisión libre e imprevisible que adopte el individuo.

Por último, el nivel intermedio o meso constituye el nivel de las redes sociales, y está configurado por los factores exógenos relacionados con el entorno social y político inmediato del individuo.

Por lo general, las redes sociales son instrumentos de integración de la persona y de implicación en asuntos sociales; facilitan que entren en contacto individuos con marcos normativos, afectivos y cognitivos similares. También hacen posible el fortalecimiento y la socialización en determinados valores como en el caso de la ideología yihadista. En este nivel existen actores y estructuras que juegan un papel determinante en la transmisión de los cuatro tipos de elementos estudiados en el nivel micro. En definitiva, en dicho nivel se examinan las siguientes redes  sociales: redes de amistad y parentesco; comunidades virtuales en internet; redes sociales vinculadas a la predicación radical; movimientos islamistas o pietistas de inspiración revivalista, reformista o salafí; redes sociales en prisiones; y, por último, redes sociales propiamente yihadistas.

Por tanto, podemos concluir que los radicalismos violentos surgen a partir de ideas, creencias y valores que justifican su implantación agresiva e inducen a la violencia a quienes la abrazan. Por tanto, se trata de un proceso que conduce a la asimilación de ideas y de ideologías radicales o extremas. No obstante, es importante observar cómo ante circunstancias externas que afectan a miles o millones de individuos, sólo una minoría se radicaliza violentamente (De la Corte y Jordan, 2007).

 

No obstante, es imprescindible destacar la aportación  de  Internet en la creación y desarrollo del radicalismo violento, puesto que Internet ha ejercido influencias sobre actores y actividades extremistas como reconoce Jordán (2009). Asimismo existe evidencia acumulada sobre radicalización violenta a través de Internet, o impulsada a través de las Nuevas Tecnologías, como en el caso de los comunicados emitidos  en el pasado por Osama bin Laden o Abdelhak Drukel que refuerzan esta radicalización a través de imágenes y vídeos de injusticias que pueden generar  sentimientos de humillación y rebeldía en quienes comparten la identidad islámica (Jordán, 2009).

Como argumenta Friedman (2006) estaríamos ante la  Globalización

  • La fuerza dinámica de esta tercera fase se encuentra en el poder de los individuos para colaborar y compartir a escala global. Según Friedman, este hecho multiplica el potencial movilizador de los conflictos e injusticias (reales o percibidas) e incrementa las posibilidades de difusión de la propaganda radical, haciendo prácticamente imposible su control y eliminación. En este sentido, la globalización también hace posible la militancia radical, así como los nuevos procesos de radicalización a través de la financiación y obtención de otro tipo de recursos a través de diferentes grupos

En definitiva, las Tecnologías de la Información y de la  Comunicación (TIC) e Internet han supuesto la creación de un lugar de comunicación social transnacional, universal y en permanente evolución tecnológica, que ha sido calificado como Ciberespacio, y respecto al cual es preciso plantearse si puede definirse como un nuevo ámbito de oportunidad delictiva (Miró, 2011).

En este contexto los radicales utilizan las nuevas tecnologías para ampliar su marco de referencia y sus ambiciones a la medida de un mundo globalizado. Así hacen emerger identidades, ideologías y proyectos extremistas transnacionales y globales. Atraviesan fronteras con el único objetivo de influir en diferentes países e incluso en todo el mundo en su totalidad. Un claro ejemplo es el Movimiento Yihadista Global. Como es conocido, dentro del Islam emanan una gran cantidad de interpretaciones, siendo sus fuentes el Corán, la Sunna (las enseñanzas y hechos de Mahoma), la analogía, la interpretación y razonamiento de la ley religiosa y el consenso de los sabios. De modo que existen algunas interpretaciones que justifican el empleo de la violencia con fines religiosos. De dichas interpretaciones es desde las que se alimenta el terrorismo yihadista, interpretación radical y minoritaria, pero en la que encuentran su legitimación los integrantes de estas organizaciones armadas. En este contexto, la instauración del Estado islámico se convierte en un primer objetivo hacia una islamización total. Los yihadistas apuestan, pues, de una manera prioritaria y urgente por conseguir este Estado islámico, a  través de la violencia.

Por otra parte, el hecho de que el terrorismo internacional adopte actualmente una orientación islamista es una característica propia de lo que se denomina “cuarta oleada del terrorismo insurgente moderno”. Los actores individuales y colectivos de este terrorismo se caracterizan por compartir una determinada visión del credo islámico. Comparten actitudes y creencias propias del neosalafismo, es decir, de un salafismo extremista y violento. La doctrina neosalafista se basa en la lectura rigurosa  e intemporal  del  Corán  y  los   Hadices,  con  un   enorme  odio  hacia   los considerados como infieles. Entienden el concepto de yihad en su acepción más belicosa, por ello se habla habitualmente de yihadismo. Asimismo los atentados terroristas cometidos por organizaciones radicales islamistas se dirigen preferentemente contra objetivos simbólicos del enemigo, no escatimando esfuerzos a la hora de ocasionar un número elevado de víctimas. Ejemplo de ello fue el atentado del 11 de septiembre  en  las Torres Gemelas (Nueva York. EEUU.), donde los autores de la masacre pretendían tener atención mediática mundial, pero también causar el mayor número posible de víctimas. El objetivo final es crear un estado general de inseguridad y miedo en la población mundial. Así, el terror indiscriminado y general personificado por las organizaciones como al- Qaeda ha reemplazado al terror selectivo practicado por organizaciones terroristas tradicionales como IRA (Irlanda) o ETA (España). Por tanto, dicha ideología alcanza un alto grado de peligrosidad porque constituye una fusión de radicalismo religioso, frustración y rebeldía ante lo que se consideran situaciones de continua injusticia.

Por otro lado, podemos establecer un perfil de los autores ya que la mayoría de los terroristas adscritos al islamismo radical proceden de países musulmanes, de países asiáticos o de individuos nacidos  en  Occidente, pero convertidos al Islam. Pertenecen a un ámbito socioeconómico variado ya que entre sus miembros hay estudiantes universitarios, jóvenes inmigrantes de religión musulmana pertenecientes a la segunda o tercera generación asentada en Europa, médicos, ingenieros, clérigos musulmanes, antiguos combatientes en guerras, pequeños delincuentes o individuos occidentales convertidos al Islam. Por tanto, muchos de los integrantes   de estas organizaciones terroristas son personas cultas, que conocen bien occidente y sus valores y libertades democráticas.

Por su parte, los expertos en terrorismo yihadista afirman que los yihadistas en España son varones entre 25 y 39 años, aunque cada vez son más jóvenes. Según desvelan, en su mayoría están casados y tienen hijos. Además ocho de cada diez son extranjeros, principalmente de nacionalidad argelina, marroquí y paquistaní. Hasta la fecha, sólo un 4,8% ha nacido en España. En cuanto al nivel educativo y formativo, existe una gran diversidad. Sin embargo, se concentran principalmente en la Comunidad de Madrid y Cataluña, así como a lo largo del litoral mediterráneo.

Un estudio de Europol afirma que el aislamiento, la frustración laboral, social y política de los jóvenes es un caldo de cultivo para ser reclutado. Sin embargo, Internet es la herramienta principal de captación, propaganda, proselitismo y radicalización del yihadismo en Europa. Los terroristas consultan páginas extremistas donde se recogen fatuas, libros sobre la yihad, vídeos violentos o manuales sobre la fabricación de  bombas. Y es que el terrorismo yihadista no requiere de una estructura de corte jerarquizado, funcionando principalmente a través de estructuras en red.

Como es sabido, fue en 1998 cuando Osama bin Laden presentó su entramado terrorista a nivel mundial y afirmó que la muerte de individuos norteamericanos y sus aliados constituía una obligación para cualquier individuo musulmán en cualquier parte del mundo. Así, antes del 11-S, parecía que Al-Qaeda era una organización jerárquica con un control determinado, sin embargo, se ha ido transformando hacia una idea o concepto  compuesto  por  individuos  y  grupos  afines      ideológicamente

repartidos por todo el mundo. De esta manera se ha podido observar que la principal tarea de Al-Qaeda actualmente es difundir sus mensajes a través de Internet para impulsar las actividades de los diferentes grupos adscritos al islamismo radical, a la vez que reclutar y movilizar a nuevos adeptos.

Como vemos, la evolución de las nuevas tecnologías, aplicaciones móviles y demás herramientas virtuales generan constantemente nuevas oportunidades en las redes, sin embargo hasta el momento no se cuenta con una investigación sólida en cuanto a la radicalización propia en Internet. No obstante, existen muchas evidencias que muestran en los últimos años que organizaciones extremistas terroristas de gran entidad como Al-Qaeda han ido incrementando exponencialmente su apuesta por el uso de Internet con fines de radicalización e inspiración de atentados. Y es que según recoge Schneckener (2002), la red global de Al-Qaeda está abierta a todos aquellos que han asumido como propia la ideología radical islamista (en cualquier parte del mundo) y están dispuestos a llevar la guerra santa contra aquellos que consideran infieles.

Asimismo es posible constatar cómo ha aumentado significativamente la cantidad de material, propaganda e informaciones radicales disponibles  y fácilmente accesibles en el ciberespacio, así como el número de personas que acceden a estos contenidos y los utilizan. En este sentido, podemos confirmar que desde 2009 han aumentado considerablemente los incidentes terroristas (consumados o fallidos) protagonizados  por individuos que se radicalizaron con ayuda de Internet y cuyos contactos  con organizaciones terroristas fueron inexistentes o tardías.

Por tanto, es obvio que las organizaciones terroristas utilizan el Ciberespacio y las nuevas tecnologías para conseguir objetivos muy diversos, tales como financiación, planear atentados, organizar ciberataques, comunicarse con fines de mando y control de sus miembros, lograr adiestramiento de nuevos terroristas, formar de manera online, y sobre todo, realizar propaganda y movilizar o reclutar a nuevos integrantes radicales.

Internet ofrece a la radicalización terrorista desde websites oficiales, websites de distribución, chats y foros (públicos y privados),  blogs, juegos que incitan a la violencia, correos electrónicos, mensajes y publicaciones multimedia, hasta comunidades virtuales, entre otros. Un claro ejemplo del uso de dichas posibilidades por parte de un grupo terrorista es Al-Qaeda, cuya organización cuenta con medios de comunicación propios: productoras y distribuidoras de canales de televisión, canales on-line, servidores, páginas web, software, servidores proxy anónimos, foros muy importantes y amplios directorios. Todo ello es parte de su capacidad de comunicación a través del ciberespacio.

En esencia, el ciberespacio adquiere unas funciones radicalizadoras de gran importancia, pues da acceso a argumentos y relatos que apoyan ideologías extremistas y fomentan la violencia. Además otorgan oportunidades de comunicación entre individuos y grupos ya radicalizados o en proceso de radicalización. Permite validar socialmente las actitudes y argumentos extremistas propios. También se fomentan a través de  Internet las oportunidades para llamar la atención de grupos y organizaciones terroristas, así como de contactar con ellas con el fin de ingresar o colaborar en un futuro.

En este sentido y respecto a la radicalización en el Ciberespacio, éste permite desde la puesta en marcha del proceso radicalizador hasta alimentar, potenciar y formalizar su desarrollo. Asimismo Internet permite la posibilidad de llevar a cabo una autorradicalización (aunque no es habitual al completo por Internet), y facilita el reclutamiento de nuevos activos terroristas (proceso de captación de personas que tiene como fin la utilización de la violencia para subvertir el orden constitucional).

A tenor de los estudios realizados hasta la fecha se ha demostrado que en un alto porcentaje de casos se ha potenciado la radicalización de los individuos a través del Ciberespacio. Esto es debido, entre otras cosas, al elevado consumo de información radical online (propaganda), al alto porcentaje de individuos radicalizados que se comunicaban con otros activos terroristas frecuentemente y de forma prioritaria a través de Internet, además de canalizar el resultado de la radicalización hacia actividades de apego a causas extremistas vía Internet.

Como afirma Jordán (2009), el apoyo a la causa yihadista radical ha aumentado de forma directamente proporcional a la divulgación yihadista que existe en el ciberespacio, lo que permite evidenciar el entusiasmo de un número inquietante de seguidores, en su mayoría jóvenes.

En conclusión, Internet asegura un efecto facilitador o reforzador sobre los procesos de radicalización violenta. No obstante, los estudios revelan que no es posible afirmar que la misma se realice de forma integral y completa vía Internet. La mayor parte de las veces se produce una radicalización mixta entre la formación en el ciberespacio y el contacto personal. Por tanto, es inhabitual que el aprendizaje por Internet sea suficiente  como  para  completar  con  éxito  un  proceso  de radicalización violenta. En consecuencia, es más lógico afirmar que el reclutamiento puede llegar a producirse con más facilidad en el mundo real, y la radicalización verse apoyada en el mundo virtual.

Como es sabido, las fases de radicalización y de reclutamiento son independientes entre sí, y pueden surgir de forma simultánea o una anterior a la otra, indistintamente. Sin embargo, en Instituciones Penitenciarias el reclutamiento suele preceder a la radicalización, al igual que en países económicamente muy deprimidos o en conflicto.

En este contexto, Cohen (2012) identifica las diferentes etapas del proceso de reclutamiento:

  • Etapa de identificación: Se persigue el impacto emotivo-afectivo agradable del usuario. No basta con navegar por un entorno virtual yihadista, pues el sujeto debe mostrar predisposición a la doctrina para pasar a la siguiente
  • Etapa de captación: El usuario de la red es puesto a prueba por los administradores o encargados del sitio web, red social, foro o lugar virtual en cuestión, con el objetivo de comprobar la fidelidad de su ideología y su disposición.
  • Etapa de radicalización: La relación comienza a ser bidireccional. La adhesión a la ideología radical ha de ser inquebrantable, por eso se establecen compromisos mutuos tales como manifestaciones por escrito o pequeñas acciones de ayuda a la yihad. El fin último es la asunción de la nueva
  • Etapa de fidelización: Requiere esencialmente la inversión de tiempo. La persona captada ha de demostrar que ha interiorizado los valores del radicalismo pertinente como propios, haciendo de ellos su modo y objetivo de vida. En este punto puede considerarse como parte de la célula. En dicha etapa, el sujeto ya profesa la ideología radical, de modo que a  efectos de investigación y/o prevención es susceptible de cometer actos violentos y justificarlos en nombre de su
  • Etapa de acción: La intención se demuestra con la comisión de los actos acordados.

En conclusión y con ánimo de prevenir los procesos de radicalización, resulta crucial neutralizar y volver en contra de los yihadistas los mecanismos de socialización desde donde se transmiten sus valores. Como recoge Jordán (2009), la radicalización tiene mucho de aprendizaje social, y para evitarla es preciso limitar el alcance de los agentes de socialización extremistas y proponer en su lugar alternativas que transmitan valores prosociales. Entre las líneas de actuación que propone, destaca las siguientes:

Un primer objetivo consistiría en lograr que el mayor número de líderes musulmanes contrarrestaran los elementos cognitivo-normativos de los yihadistas mediante la condena explícita y reiterada del empleo de la violencia en nombre del Islam en el seno de sus comunidades. Ellos son las voces más autorizadas y convincentes en ese sentido.

Un segundo objetivo consiste en promover la integración identitaria de los inmigrantes musulmanes. La integración socioeconómica es sin duda imprescindible, pero la identitaria resulta especialmente importante en la prevención de la radicalización. El objetivo es que los inmigrantes musulmanes se sientan miembros de la sociedad española, evitando que surjan en el seno de las comunidades islámicas núcleos de ciudadanos- enemigos: personas  que viven  entre nosotros  pero que se  consideran  en guerra contra nuestra sociedad. Para ello será necesario diseñar, implementar y evaluar programas de integración dirigidos a los inmigrantes de primera y segunda generación, y al resto de la sociedad española para favorecer la interacción mutua, el compromiso cívico y el conocimiento recíproco.

Asimismo también es conveniente limitar la acción de los movimientos islamistas que difunden ideas cercanas al salafismo yihadista aunque no alienten explícitamente al terrorismo. El grado de radicalismo, o por el contrario, de integración política de un grupo islamista podría medirse a través de su actitud hacia los siguientes aspectos: 1) la aplicación de la ley islámica en ámbitos espaciales de mayoría musulmana aunque no todos los habitantes del barrio o pueblo lo sean; 2) el empleo de la violencia; 3) el respeto del pluralismo; 4) el respeto de los derechos civiles y políticos; 5) el respeto de los derechos de la mujer; y 6) el respeto de personas que profesan otras creencias religiosas.

Con el fin de limitar la actuación de los grupos radicales no claramente yihadistas sería conveniente articular medidas administrativas y legales que eviten su financiación pública, el control de la financiación proveniente del extranjero, la supervisión de su discurso público y de sus publicaciones a la luz de la Constitución, e incluso llevar a cabo reformas legislativas que permitan sancionar las actuaciones que, aprovechando las oportunidades del sistema democrático vayan en contra de él. También convendría potenciar a los movimientos y organizaciones musulmanas que tengan una actitud más favorable hacia el pluralismo y la integración. En definitiva, se trata de lograr que prevalezca la voz de los musulmanes favorables a la integración, y que rechazan sin paliativos la violencia en nombre del islam, por encima de la de los extremistas.

Por último, es imprescindible que los servicios de información policiales y los servicios de inteligencia infiltren las redes sociales del nivel meso (intermedio), utilizadas frecuentemente por los yihadistas con fines de captación. De este modo, será posible obtener alerta temprana sobre la existencia de un grupo yihadista en fase de formación; y también se obligará a adoptar un perfil mucho más bajo a los radicales por el temor a ser descubiertos en entornos que les resultan indispensables en el desarrollo de su actividad (Jordán, Mañas y Horsburgh, 2008).

No obstante y ante el auge de la radicalización violenta a través del Ciberespacio también es importante tomar medidas preventivas en este ámbito. Debido a la propagación de publicidad y formación en el ciberespacio son muchas las agencias de inteligencia y las fuerzas y cuerpos de seguridad las que están realizando actividades orientadas a impedir la radicalización violenta.

Los principales objetivos son el control y la censura de las posibles publicaciones que los radicales realicen a través de Internet. De modo que se llevan a cabo numerosos cierres de websites y se impide el acceso a determinados blogs, foros y comunidades virtuales.

Sin embargo, no solamente podemos observar el ciberespacio como una amenaza en la lucha antiterrorista, ya que utilizando los medios adecuados y teniendo el conocimiento oportuno, podremos monitorizar y detectar comportamientos de alto riesgo. En este sentido, deberemos controlar y analizar la actividad de websites, chats y foros frecuentados por militantes y simpatizantes radicales, así como sus comunicaciones. Esto se lleva a cabo mediante una labor de inteligencia a gran escala y, normalmente, en cooperación con servicios de inteligencia internacionales debido a la transnacionalidad de su naturaleza.

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Cohen Villaverde, J. (2012). Breves notas sobre la ayuda que supone Internet a los procesos de radicalización. Especial referencia al caso de Al-Qaeda. Madrid: IUISI.

De la Corte, L. y Jordán, J. (2007). La yihad terrorista. Madrid: Síntesis. Friedman, T. (2006). La tierra es plana. Madrid: Martínez Roca.

Jordán, J., Mañas, F. M. y Horsburgh, N. (2008). Strengths and weaknesses of Grassroot Jihadist Networks. The Madrid Attacks Case. Studies in Conflict and Terrorism, 31, 17-39.

Jordán, J. (2009). El terrorismo yihadista en España: evolución después del 11-M. Real Instituto Elcano, 7.

Jordán, J. (2009). Procesos de radicalización yihadista en España. Análisis sociopolítico en tres niveles. Revista de psicología social, 24, 2, 197-216.

Miró Llinares, F. (2011). La oportunidad criminal en el ciberespacio. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 13, 7.

Schneckner, U. (2002). Trabsnationaler Terrorismus. Frankfurt: Suhrkamp.

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