Síndrome de Alienación Parental

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El presente trabajo se plantea con el objetivo general de hacer una introducción del término “Síndrome de Alienación Parental”. En primer lugar se ha procedido a definir conceptualmente este síndrome, en base a ideas de diferentes autores. El autor que más ha aportado a la literatura científica respecto a esta temática es Richard Gardner.

El Síndrome de Alienación Parental consiste en el intento de un progenitor alienante de alejar a su hijo del otro progenitor, es decir, el progenitor alienador realiza un “lavado de cerebro” con el objetivo de conseguir que el hijo genere odio y rechazo hacia el otro progenitor.

Este fenómeno, según Gardner, está influenciado por la interacción de ocho síntomas presentes en el hijo. Los padres alienantes utilizan una serie de estrategias para modificar los pensamientos del menor y, depende de la medida en la que esas estrategias afecten al hijo, el síndrome podrá ser diagnosticado como ligero, moderado y severo. Depende de la gravedad del mismo, se implantará una intervención u otra.

En la ilustración se puede observar como un niño agarra a ambos padres de la mano pero “la fotografía” se rompe justo en la unión del hijo con el padre, lo que simboliza el Síndrome de Alienación Parental, la alienación, en este caso, de la madre con el hijo y el rechazo de este hacia el padre. Imagen obtenida de Gioteca, del artículo redactado por Camila Rodríguez. https://www.guioteca.com/psicologia-y-tendencias/sindrome-de-alienacion-parental-que-es-y-como-surge-este-doloroso-trastorno-familiar/

El primer autor que instauró el concepto de síndrome de alienación parental (SAP) fue Richard Gardner (1985) quien afirma que el síndrome de alienación parental es un trastorno que se produce en la infancia que surge, en la mayoría de casos, tras el divorcio de los progenitores en el contexto de conflictos de guarda o custodia. Este trastorno comienza a manifestarse por un cambio de conducta del niño, aparentemente sin justificación alguna, hacia uno de los progenitores, este cambio de conducta supone el inicio del rechazo del hijo hacia ese progenitor (padre alienado). Dicho rechazo es consecuencia de las ideas que el otro progenitor (padre alienador) está haciendo creer al hijo (lavado de cerebro) y de la propia contribución del hijo a la campaña de denigración hacia el padre alienado.

Gardner (1999 citado en Cartié et al., 2005) establece una distinción en cuanto al diagnóstico del SAP y es que sería incorrecto diagnosticar este síndrome a aquellos casos en los que el rechazo hacia uno de los progenitores sigue un proceso causa – efecto, como, por ejemplo, maltrato y abuso sexual. Establece los siguientes motivos:

Los niños afectados por el SAP muestran una serie de síntomas o fases comunes a este síndrome que serán expuestos más adelante pero no suelen presentar síntomas de trastorno por estrés postraumático como los casos de negligencia o abuso. Los niños afectados por SAP necesitan constantemente apoyo emocional por parte del padre alienante para relatar hechos, etc. Mientras que los menores víctimas de abusos pueden recordar los hechos sin ningún tipo de ayuda. Casi en la totalidad de casos del SAP, las madres son sobreprotectoras mientras que en los casos de abuso no suele ser así. En los casos de abuso, es muy probable encontrar antecedentes de abuso y que este comenzara antes de la ruptura, con el Síndrome de Alienación Parental no es habitual que se haya producido anteriormente y siempre empieza tras la separación de los progenitores.

Siguiendo las reflexiones de otros autores, el SAP se podría definir como un trastorno que se caracteriza por los diferentes síntomas que son consecuencia de un proceso mediante el cual, uno de los progenitores transforma la conciencia de uno de los hijos, a través de diferentes estrategias, con el principal objetivo de disminuir los vínculos y relaciones con el otro progenitor. Este síndrome está directamente relacionado con aquellas situaciones con procesos de separación y/o divorcio de los que se derivan relaciones conflictivas entre los progenitores (Aguilar, 2004).

Gardner (1998b citado en Bolaños, 2002) estableció una serie de síntomas o comportamientos en el menor que pueden resumirse en los siguientes:

  1. Campaña de denigración. El hijo contribuye activamente en cuanto a la denigración del progenitor alienado.
  2. Justificaciones absurdas, débiles o frívolas para la desaprobación. El hijo justifica su actitud con argumentos absurdos y/o poco creíbles.
  3. Ausencia de ambivalencia. El hijo tiene incrustado el sentimiento de odio hacia el padre alienado.
  4. Fenómeno del “pensador independiente”. El hijo mantiene la postura de que su pensamiento no es fruto de la influencia de terceras personas sino desarrollado únicamente por él.
  5. Apoyo reflexivo al padre alienante en el conflicto parental. El hijo presta apoyo emocional al progenitor alienante, mientras que mantiene los sentimientos de odio hacia el progenitor alienado.
  6. Ausencia de culpa hacia el progenitor alienado. El hijo carece totalmente de sentimiento de culpa hacia la explotación y alienación del otro progenitor
  7. Escenarios prestados. El hijo narra o toma como base de su odio hacia el progenitor alienado hechos falsos o que no ha vivido el.
  8. Extensión de la animosidad hacia la familia extendida y los amigos del progenitor alienado. El hijo generaliza su hostilidad hacia todo el círculo social del padre alienado

Onostre (2009) afirma que las estrategias utilizadas por el progenitor alienador giran en torno a las siguientes:

  • No pasar las llamadas telefónicas a los hijos
  • Realizar tareas con los hijos en el momento que al otro progenitor le corresponde ejercer el derecho de visita.
  • Presentar al nuevo cónyuge a los hijos como su nuevo padre o madre.
  • Interceptar el correo o paquetes enviados a los hijos.
  • Descalificar al otro progenitor en presencia de los hijos.
  • No transmitir al otro progenitor las actividades en las que los hijos están participando (deportivas, teatrales, etc).
  • Hablar de manera perjudicial a los hijos sobre el nuevo cónyuge del otro progenitor.
  • Imposibilitar al otro cónyuge el ejercer su derecho a visitar a los hijos.
  • “Olvidarse” de comunicar al otro cónyuge una cita importante (médico, psicólogo, etc.)
  • Implicar a su entorno en el lavado de cerebro de los hijos (su madre, su nuevo cónyuge, etc.)
  • Decidir sobre cuestiones importantes relativas a los hijos sin consultar al otro progenitor (como la escuela o la religión).
  • Cambiar, o intentarlo, los nombres o apellidos de los hijos.
  • Imposibilitar el acceso al otro progenitor a los expedientes médicos y escolares de los hijos.
  • Dejar a los hijos con otra persona, cuando vaya de vacaciones, estando el otro progenitor libre y ofreciéndose voluntario para cuidarlos.
  • Indicarles a los hijos que la ropa que les ha comprado el otro progenitor es fea y prohibirle que se la pongan.
  • Amenazar a los hijos si llaman o escriben al otro progenitor.
  • Recriminar al otro progenitor el mal comportamiento de los hijos.

Gardner (1998 citado en Bolaños, 2002) clasifica el Síndrome de Alienación Parental en tres tipos (ligera, moderada y severa) con diferentes intensidades de rechazo por parte del niño hacia el progenitor alienado. No clasifica el grado de adoctrinamiento por parte del progenitor alienador sino que lo clasifica teniendo en cuenta el tipo de conducta empleada por el niño. En la siguiente tabla se expone como afecta la intensidad de rechazo a diversas manifestaciones sintomáticas:

Ilustración 1

Clasificación del SAP

Fuente: Bolaños (2002). Tipos de alienación.

Fuente: Bolaños (2002). Tipos de alienación.

En el rechazo leve o ligero, el menor exterioriza algunas opiniones negativas sobre el  progenitor pero no se interrumpe la relación. En las visitas el menor suele cooperar aunque, en ocasiones, puede mostrar una actitud negativa. La alienación es superficial.

Cuando se alcanza el rechazo moderado, el hijo expresa su deseo de no ver al progenitor alienado y trata de buscar objetivos que justifique ese deseo. La relación se interrumpe o se mantiene por obligación. Durante las visitas, el menor muestra una actitud defensiva y oposicionista. Reafirman el pensamiento de que el progenitor alienado es “el malo” y el alienador “el bueno”.

Por último, con el rechazo intenso o severo, el hijo consolida los motivos que le hacen desear no ver al progenitor y pueden llegar a dejar de realizarse visitas. En este punto, la hostilidad alcanza tal punto que el menor puede llegar a ejercer la violencia física contra el progenitor alienado. (Escudero, Aguilar y De La Cruz, 2008)

Lund (1995 citado en Bolaños, 2002) afirma que, normalmente, el progenitor alienado es el padre y que este puede contribuir directamente al mantenimiento del conflicto con el otro progenitor. Habitualmente el padre alienado suele tener un estilo educativo rígido y distante (no necesariamente tiene que ser así) y al ser comparado con el estilo permisivo indulgente de la madre, la figura del padre se idealiza como autoritario, lo que refuerza el rechazo por parte del hijo. Este autor, establece una serie de posibles motivos para el surgimiento del rechazo del hijo hacia el padre alienado:

  • Problemas en el transcurso de la separación. Los niños de edades más tempranas pueden mostrar síntomas de ansiedad cuando son distanciados del progenitor con el que suele pasar más tiempo. Si los padres mantienen una actitud positiva y no se utiliza dicha ansiedad para originar conflicto en la relación, el problema suele solucionarse con éxito con el transcurso del tiempo.
  • Dificultades para el padre que no tiene la custodia. Muchos progenitores tienen déficits en cuanto a las habilidades para establecer con sus hijos una relación sin la presencia del otro progenitor.
  • Abundantes episodios de conflicto inter – parental. Buscar alianza con uno de los progenitores es una manera del hijo de intentar escapar del conflicto. Puede surgir una fusión emocional con el progenitor aliado y desembocar en un Síndrome de Alienación Parental.
  • Conducta oposicionista. En ocasiones, es normal en los periodos adolescentes que, el menor, desarrolle algún tipo de rechazo sin motivo aparente hacia uno de los progenitores.

En otra línea, Cartié et al., (2005) establecen unos motivos por el que el padre alienador pueda pretender o pretenda alejar al hijo del otro progenitor:

  • Deseo de mantener la relación mediante el conflicto inter – parental.
  • Incapacidad por parte del progenitor alienador de superar la ruptura de la pareja.
  • El progenitor alienador puede emplear las estrategias para conseguir el rechazo por parte del hijo hacia el otro padre con el objetivo de beneficiarse en las pensiones económicas o en el reparto de los bienes.
  • Por miedo a perder a los hijos, deseo de venganza, autoprotección, perder el rol parental, sentimientos de propiedad y poder sobre los hijos.
  • Antecedentes de alienación parental o abandono por parte de los padres.
  • Patología individual.

Gardner (1999 citado en Bolaños, 2002) establece diferentes abordajes psico – legales en función del grado en el que se esté dando la alienación.

En los casos ligeros, normalmente no suele ser necesaria una intervención ya que, en la mayoría de los casos, el conflicto se soluciona mediante la decisión judicial, que afirma la continuidad del régimen de visitas con el progenitor alienado.

En los casos moderados, propone un modelo terapéutico en el que el terapeuta encargado de la intervención este en continuo contacto con el juez. En esta relación profesional es necesaria cierta flexibilidad en cuanto a la confidencialidad, es decir, es necesario que el juez y el terapeuta compartan todo tipo de información constantemente. Es imprescindible que el juez deje claras las posibles sanciones al progenitor alienador en caso de intentar interrumpir el proceso.

Bolaños (2008) establece las siguientes pautas en el proceso:

  1. El terapeuta puede buscar alguien “sano”, no implicado en el conflicto, que le facilite la entrada a la parte alienante de la familia.
  2. Cuando se consigue la mínima involucración por parte del progenitor alienador, se puede empezar a dialogar acerca de la importancia del otro progenitor en la vida del hijo, los motivos de la alienación, etc.
  3. Es importante recordar a los hijos que, antes de la separación de los padres, mantenían una buena relación con ambos.
  4. Es necesario buscar un motivo por el que el menor reanude las visitas con el progenitor alienado, aunque sea la evitación de sanciones.
  5. Cuando son varios hijos, los mayores tienden a extender el odio hacia el progenitor al resto de sus hermanos. Por lo que, en este caso, sería útil intervenir con los hijos por separado.
  6. Establecimiento de un punto de encuentro para evitar el contacto físico de los progenitores y los posibles conflictos que puedan surgir a partir de ellos
  7. En ocasiones, las visitas son graduales. En estos casos, el terapeuta debe tener la libertad de poder ampliarlas sin previo consentimiento judicial.
  8. Es necesario romper con la programación psicológica que el progenitor alienante ha ocasionado en el hijo, por lo que el terapeuta pondrá el énfasis en los motivos absurdos que exponen los hijos para justificar el odio hacia el progenitor alienado.

En cuanto al progenitor alienado:

  1. En primer lugar, el terapeuta intenta explicar al progenitor alienado como funcionarán las sesiones (normalmente suelen sentirse confusos y desorientados).
  2. Es importante que el progenitor alienado tome conciencia que lo contrario de amor es indiferencia y, que antes de que se produjera la separación, sus hijos eran amables y tenían gestos de afectividad hacia él.
  3. Muchos progenitores precisan de más ayuda profesional para aprender a endurecerse ante los desprecios de los hijos.
  4. Pueden ser ayudados también a apartar a sus hijos de sus comportamientos hostiles hasta intercambios saludables.
  5. Es recomendable recordar buenos momentos del pasado con alegría para promover intercambios.
  6. En algunos casos, se hace necesario la presencia policial a la hora de cumplir con la recogida de los hijos en el horario establecido por el régimen de visitas.
  7. Por último, concienciar al padre alienado de que, transcurrido el tiempo, las relaciones basadas en el amor y en el afecto tienen más peso que las basadas en el miedo a perder a la otra persona.

Lund (1992 citado en Bolaños, 2008) plantea un modelo que combina intervenciones legales y terapéuticas cuyo objetivo es impedir que se pierda el contacto entre el hijo y el progenitor alienado. Basado en la mediación entre las partes, es conveniente la selección de un terapeuta aceptado por ambas partes. Los componentes del tratamiento siguen la secuencia anterior:

  1. Sesión progenitor alienado/progenitor alienante e hijos. En las sesiones en las que interactúan el padre rechazado y el hijo se pone el énfasis en el clima placentero más que en la intensidad emocional, para ayudar al padre a poner en práctica habilidades eficaces en lo que respecta a una relación “sana” con su hijo. En cuanto a las sesiones con el hijo y el padre alienante, el terapeuta debe asegurarse de que existe el consentimiento por parte del padre a ver al progenitor rechazado.
  2. Sesiones individuales con los padres. Su diseño se enmarca con el objetivo de proporcionar a los padres una recuperación del conflicto conyugal. Con el padre rechazado, se intenta que tome consciencia de que él también participa en el rechazo que su hijo ha generado hacia su persona y, con el progenitor aceptado, se pretende que sea consciente de la importancia que tiene para su hijo la relación con ambos padres además de recordar las sanciones judiciales a las que puede ser expuesto en caso de sabotear el procedimiento.
  3. Proceso de mediación con los progenitores. Ese supone una vía para apartar a los hijos del proceso de triangulación, colocándose el terapeuta en la posición del hijo.
  1. Comunicación entre el equipo profesional. Como se ha comentado anteriormente, es imprescindible que todo el equipo profesional que colabore en el proceso debe estar en continuo contacto e intercambiando todo tipo de información, especialmente entre los terapeutas para desarrollar intervenciones coordinadas.

Violencia filio – parental

Corttell (2001 citado en Martínez et al., 2015) la define como “Un acto de abuso hacia los padres, bien físico, psicológico o de perjuicio económico para ganar poder y control sobre ellos”. (p. 217)

Bolaños, I. (2002). El Síndrome de Alienación Parental. Descripción y abordajes psico-legales. Psicopatología clínica, legal y forense2(3), 25-45.

Cartié, M., Casany, R., Domínguez, R., Gamero, M., García, C., González, M., y Pastor, C. (2005). Análisis descriptivo de las características asociadas al síndrome de alienación parental (SAP). Psicopatología clínica, legal y forense5, 5-29.

Escudero, A., Aguilar, L., y De La Cruz, J.  (2008). La lógica del Síndrome de Alienación Parental de Gardner (SAP): “terapia de la amenaza”. Revista de la Asociación española de Neuropsiquiatría28(2), 285-307.

Martínez, M.L., Estévez, E., Jiménez, T.I. y Velilla, C. (2015). Violencia filio-parental: principales características, factores de riesgo y claves para la intervención. Papeles del psicólogo, 36(3), 216-223.

Onostre, R. (2009). Síndrome de alienación parental: otra presentación de maltrato infantil. Revista de la Sociedad Boliviana de Pediatría48(2), 106-113.

Uribe, M. I. (2015). Síndrome de alienación parental: valoración probatoria del dictamen pericial. Universidad de Antioquia, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.

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